El secretario de Organización de Nueva Canarias. Ayoze Corujo; la diputada de Podemos Noemí Santana; el coordinador de Izquierda Unida, Saúl Alberola y la coordinadora de Movimiento Sumar, Marisol Collado.
Si algo caracteriza al nacionalismo canario es su extraordinaria capacidad para dividirse en nombre de la unidad. Sus organizaciones se separan para defender mejor a Canarias, y vuelven a separarse cada vez que hay que presentarse a las elecciones. Es un clásico: la patria permanece, lo que cambia es la compañía.
Las próximas elecciones generales ofrecen una nueva versión de ese fenómeno. Coalición Canaria concurre con Primero Canarias, la organización nacida de una escisión de Nueva Canarias, que a su vez nació de una escisión de Coalición. Un curioso regreso a la casa común, éste. Los que se fueron de quienes se habían ido regresan al espacio original. No hace falta compartir su entusiasmo por la posibilidad de sacar un diputado por la provincia de Las Palmas, para reconocer que este árbol genealógico precisa ya de un desplegable. Nueva Canarias ha elegido otra dirección: concurrirá con Podemos, Izquierda Unida y Sumar bajo la denominación Unidad del Pueblo Canario. Y Drago, el partido de Alberto Rodríguez, se presentará en solitario. Tres ofertas que invocan a Canarias, pero que proponen formas distintas de representarla.
Durante años, la discusión pareció reducirse a determinar quién tenía más derecho a administrar el nacionalismo: Coalición o Nueva Canarias. Esa disputa ha perdido buena parte de su sentido. Nueva Canarias es al mismo tiempo bloque y frente, ahí es nada, en ambos encajes conserva su identidad canarista, pero ha decidido situarla dentro de una candidatura cuya principal novedad es la reunión de las izquierdas que permite juntar en las islas a organizaciones que mantienen fuera de ellas importantes desacuerdos. Es sin duda un logro político.
Pero también una elección de prioridades: Podemos, IU y Sumar mantienen posiciones similares sobre la organización territorial del Estado y sueñan despiertos con una república confederal. Su razón de ser y sus principales conflictos se definen siempre en el ámbito español. Su proyecto consiste en transformar España desde la izquierda, aunque en la práctica actúan más como muleta del PSOE. El nacionalismo canario pretende, al menos sobre el papel, disponer de una voluntad política propia para negociar sobre los intereses y reivindicaciones de Canarias. Ambos propósitos pueden coincidir. Pero el problema es cuando dejan de hacerlo. Y entonces importa el orden de los factores. ¿Se representa a Canarias desde una posición de izquierda o se representa a la izquierda española desde Canarias? La respuesta resulta fácil mientras no haya que elegir. La autonomía política se comprueba precisamente cuando los intereses del territorio incomodan al bloque al que uno pertenece.
Nueva Canarias tiene experiencia suficiente para conocer esa dificultad. Pactó con Coalición Canaria para las generales de 2011, concurrió con el PSOE en 2015 y 2016 y volvió a aliarse con Coalición para las elecciones de noviembre de 2019. En las autonómicas de 2011 también compartió candidatura con el PIL, el partido fundado por el reo de Teguise, Dimas Martín. Su trayectoria acredita una flexibilidad que va más allá de proclamar, en cada ocasión, que esta vez sí se ha encontrado la fórmula que le hacía falta a Canarias. Y no se asume contradicción alguna por algo tan baladí como el hecho de que el antiguo aliado se convierta en el adversario al que resulta imprescindible dejar sin representación. Nueva Canarias ha hecho ya tantos pactos y acuerdos con todo el mundo, que es muy difícil no ver sus maniobras como meramente estacionales: hoy contigo, mañana contra ti, pasado ya veremos.
Y tiro porque me toca. La apuesta de NC abre, además, un espacio que Drago intenta ocupar: el de esa izquierda que quiere hacer de la autonomía organizativa su elemento diferenciador. Alberto Rodríguez también conoce lo que significan las alianzas con organizaciones estatales. Procede de Podemos, y Drago concurrió con Sumar en 2023. Su decisión actual supone una rectificación de aquella experiencia, cuya utilidad fue escasa. Presentarse en solitario implica riesgos; puede proporcionar una voz reconocible o dejar los votos sin escaño, pero permite plantear con claridad una cuestión que el partido de Román ha vuelto borrosa: sí existe una demanda de representación canaria de izquierdas, que quiera conservar su capacidad de decisión fuera de las estructuras estatales. Drago deberá acreditar que ofrece organización, propuestas y continuidad suficientes para responder a esa demanda. La independencia de la papeleta es solo el comienzo.
Coalición, entretanto, intenta convertir su alianza con Primero Canarias en la demostración de su identidad utilitaria e instrumental. La suma de alcaldes y organizaciones locales sin duda fortalece la candidatura, pero necesita un propósito compartido más allá del reparto de puestos. Defender una voz propia exige explicar qué se quiere pedir con ella, qué compromisos siguen pendientes y hasta dónde se está dispuesto a llegar para exigirlos.
Un patio confuso y peleado, el patio nacionalista. Reclamando a gritos la unidad que impide.














