Una cuestión de alcance

por | 17 octubre, 2026 | A babor

El misil balistico israelí Lora, en una presentación del Ejército de Marruecos

No es imprescindible convertir al rey en portavoz de una discrepancia con el Gobierno para reconocer la importancia de la advertencia planteada en su discurso de Melilla: “Estamos preparados para defender nuestros valores y nuestras libertades”, dijo. En el lenguaje medido de la Corona, recordar que las convicciones democráticas no deben confundirse con debilidad, expresa una preocupación seria. Y también la decisión de que esa preocupación se conozca y entienda fuera de nuestras fronteras.

El discurso llega después de la crisis de Ceuta y de conocerse las incursiones de buques militares marroquíes en aguas españolas. Defensa respondió a aquellos movimientos con un despliegue naval y gestiones ante Rabat. Hubo, por tanto, una respuesta militar a la provocación, aunque su explicación ha sido tardía -se produjo sólo después de filtrarse lo ocurrido- y su gravedad se ha intentado reducir a la de un episodio puntual, algo que tampoco es cierto. Las incursiones en nuestras aguas se suceden con frecuencia. Por eso, las palabras del rey aportan una referencia de firmeza en una relación que exige bastante más que declaraciones de amistad.

Pero hay más en juego: el periódico israelí Calcalist ha informado de negociaciones avanzadas entre Marruecos e Israel Aerospace Industries para adquirir misiles balísticos LORA. El fabricante atribuye a ese sistema un alcance de entre 90 y 430 kilómetros. No hay aún una compra públicamente confirmada, ni se conocen las cantidades, los plazos de entrega o las condiciones de la operación. Pero si la información es cierta -nada indica que no lo sea- su confirmación modificaría nuestro entorno de seguridad. Un contrato no convierte inmediatamente un arma en operativa, hacen falta entregas, formación, infraestructura e integración en las Fuerzas Armadas. Pero la defensa se planifica antes de que los acontecimientos obliguen a improvisarla. Esperar a ver los misiles desplegados para empezar a discutir sus consecuencias sería una manera bastante extravagante de entender la prevención.

Marruecos tiene aviación de combate y capacidad ofensiva desde hace mucho tiempo. La novedad de los LORA esta en añadir una modalidad de ataque de precisión a distancia, que plantea exigencias defensivas diferentes. Dependiendo de su emplazamiento, su alcance permitiría amenazar objetivos en el Sur del territorio español, y cubriría también parte de las islas. Aunque la rivalidad con Argelia sea el contexto real de ese rearme, la compra de misiles balísticos introduce una variable que exige intervenir. Es improbable que Marruecos tenga interés en iniciar un conflicto bélico con España, pero no es necesario que ese riesgo sea extremo para examinar con interés la capacidad militar de nuestro vecino. Las relaciones entre países cambian, las crisis aparecen y los arsenales permanecen. Un sistema de armas comprado pensando en un adversario puede perfectamente emplearse contra otro. La planificación defensiva consiste -básicamente- en evitar que nuestra seguridad dependa de que los demás conserven sus intenciones actuales.

Canarias dispone de medios de vigilancia y defensa aérea. Pero interceptar un avión y detener un misil balístico son cosas muy diferentes. La existencia de cazas, radares y baterías antiaéreas no permite dar por resuelta cualquier amenaza que llegue por el aire. Cada sistema tiene unas capacidades y unos límites. Es cierto que hace poco más de un año se desplegaron sistemas Patriot en Gando, para participar en el ejercicio Eagle Eye. Ese antecedente demuestra que España puede trasladar al archipiélago medios capaces de hacer frente a misiles balísticos. Pero no consta que esos medios permanezcan aquí tras las maniobras, y exista -por tanto- una cobertura estable de las islas frente a un ataque balístico. La capacidad -ya probada- de reforzar la defensa y la presencia efectiva de ese refuerzo son dos situaciones bien diferentes.

Marruecos también parece interesado en comprar cazas F-35 estadounidenses. Las informaciones sobre gestiones marroquís, y el avance en cooperación militar con Washington no permiten presentar la compra de esos cazas como algo cerrado. Pero si ambas operaciones se materializan, habrá que evaluar su efecto conjunto sobre el equilibrio militar de la región. Ahora hay que estar al loro, y averiguar qué quiere Marruecos, sin convertir sus expectativas en una declaración de guerra.

Porque no se trata de iniciar una carrera armamentística con nuestro vecino, ni de alimentar la alarma. Se trata de preguntarnos si la defensa de Canarias está preparada para evolucionar al ritmo del aumento de las capacidades marroquís. Qué protección existe, qué refuerzos serían necesarios y con qué previsión se trabaja. Los detalles operativos exigen sin duda reserva, pero el rey nos ha recordado que el Estado se toma en serio la defensa de sus ciudadanos. Desde Canarias debemos pedir que ese compromiso responda de forma adecuada a nuestra situación geográfica. La buena vecindad con Marruecos es deseable y debe ser trabajada. Pero la información correcta permite estar preparados. Y evita sustos. Y pulsos completamente innecesarios.