Weegee: “¿Qué le ponga el sombrero para la foto porque a la gente le gusta ver al fiambre con el sombrero puesto? Tal vez debería sacarle el rabo. Puede que les guste ver el sexo al muerto”.

por | 12 septiembre, 2020 | Peor sería tener que trabajar

Si la diferencia entre un fotógrafo documental y un fotógrafo artístico es que éste puede permitirse recrear lo que fotografía, y el primero no.  En el caso de la fotografía de prensa, la exigencia es aún más evidente: la noticia debe ser reproducida gráficamente sin cambios ni aditamentos, tal y como ocurre en el instante en que es captada por el ojo de la cámara. En la tradición deontológica clásica, la implicación del fotógrafo en los acontecimientos que fotografía debe ser mínima, como debe serlo la del periodista. Esa exigencia de precisión y neutralidad del periodista se ha modificado, siendo hoy aceptado socialmente que un periodista se implique –incluso participe- en los hechos que narra. Casos que pueden ser citados son el de John Reed, fundador del Partido Comunista de Estados Unidos, que escribió la crónica de la revolución soviética, o el de Kapuscinsky, que se implicó ideológicamente en la denuncia del régimen surgido de esa revolución, o en la crítica de las dictaduras africanas, sin dejar por ello –más bien todo lo contrario- de ser un excelente periodista.

Sin embargo, incluso desde una óptica ideológica, el fotógrafo no debe intervenir en la presentación de los hechos modificando lo que fotografía. Su intervención existe, desde luego, pero se limita a  la elección de lo que se filma y la forma en que se mira lo que ocurre. ¿Puede negarse la existencia de un discurso ideológico a favor de los desfavorecidos en la obra fotográfica de Salgado? Sin duda, Salgado interpreta los acontecimientos que fija en papel, pero lo hace sin modificar el cuadro que retrata. Weegee, fotógrafo del crimen, hizo exactamente lo mismo desde otras premisas ideológicas: en su trabajo como reportero se negó a ‘maquillar’ lo que veía. Por eso su obra ha permanecido como un extraordinario testimonio del dolor, la miseria social y la violencia de un tiempo.    

Weegee, conocido también popularmente comoel fotógrafo del crimen’, es el seudónimo de Arthur H. Fellig [12 de junio de 1899 – 26 de diciembre de 1968], un fotógrafo de origen ucraniano conocido por sus descarnadas fotografías en blanco y negro. Weegee hizo su carrera trabajando fundamentalmente como fotógrafo de sucesos en Nueva York durante los tiempos de la Gran Depresión. Su habilidad profesional para llegar al lugar de las noticias, muchas veces antes que la propia policía, le permitieron hacer algunas de las fotografías más dramáticas y espectaculares de muertes violentas y asesinatos que nunca se hayan publicado. Su vida fue narrada en la excelente película ‘El ojo público’, dirigida por Howard Franklin y protagonizada por Joe Pesci.