Pabellón Verde

por | 01 septiembre, 2000 | Notas de Viaje

Caracas, febrero 1990: En uno de los kioscos, y a tamaño natural, dibujados en grandes láminas de cartón piedra, aparecen dos boxeadores. Uno es Luis Herrera Campins, el último presidente copeiano, con los guantes de cuero de color verde, y los calzones florecidos en el color de COPEI. Frente a el, con cara de boxeador borracho sacudido por los golpes, un indefinido retrato de presidenciable adeco -nunca Carlos Andrés, presidente actual y por tanto oficialmente intocable-, con las siglas AD pintadas en negro sobre la bragueta. Y detrás, mudos testigos del estático combate entre las dos grandes familias del poder criollo, tres personajes que han logrado pasar con letras de oro a la enciclopedia de la corrupción venezolana: uno es el ex presidente Lusinchi -Jaime Sí-, otro su socio en el expolio de los últimos años, el famoso Ciliberto, y el otro -personaje vedado al papel impreso durante el quinquenio Lusinchi y ahora pasto de todo tipo de leyendas- es la amante de Jaime, la espectacular Blanca Ibañez, una mujer cuya capacidad para el ahorro personal (20 millones de dólares en Miami tirando de un sueldito de funcionaria) hace todavía suspirar a los caraqueños.

Los tres retratos son objetivos de tiro al blanco para la muchachada copeiana, que lanza las bolas contra las caras de los antiguos mandatarios y de la mujer que quiso obligar a Woitjila a recibirla con honores de primera dama. El juego se llama ‘Pégale a la corrupción’, y es el de mas éxito en esta reunión de verdes de todas las edades, concentrados bajo un tiempo esplendido entre Chacaito y Chacao, en el centro de Caracas, para conmemorar el 44 aniversario de la fundación de Copei, el partido socialcristiano que fundara Rafael Caldera, y que hoy lidera instalado en la crisis el tigre Eduardo Fernández.

Es precisamente hoy Fernández quien habla, desde la tarima central, arengando a los que han venido a escuchar a los dirigentes verdes y a beberse las cinco Polar que se reparten gratis por cabeza. Entre compases de samba a veces trastocados por una lambada cantada en español que aquí hace furor y ruido de bingos, y juergas privadas y publicas de máscaras que adelantan el Carnaval criollo. Habla Fernández, todavía presidenciable a pesar de la derrota, decidido a enfrentarse a los rumores cada vez mas insistentes que aseguran que el septuagenario Caldera esta decidido a volver a la carrera. Habla el tigre ante el pabellón verde y todos los cantos de unidad de acción con los que llena su boca están dirigidos a su único verdadero enemigo en esta república de los milagros: a Caldera.

Pero Caldera no está. No ha venido. Y su ausencia en el cumpleaños del partido que él fundó, es un grito más grito que el de todos los discursos.