Mira como tiemblo…

por | 17 diciembre, 2008 | Muy urgente

Al borde del barranco, tras recibir una soberbia somanta judicial a cuenta del reparto de licencias de tdt entre sus amiguetes y los medios serviles, Paulino Rivero ha emprendido -como suele hacer en estos casos-, una veloz huida hacia delante. El presidente ha amenazado en el Parlamento a quienes imputen delitos a su Gobierno en la concesión de las tdt con “acciones legales, civiles, penales y de todo tipo”. Pendiente de aclarar en qué consisten las acciones “de todo tipo” (convendría dejarlo claro, ahora que está tan de moda la mafia y la camorra) el presidente puede verse obligado a tragarse sus palabras si prosperan –como prosperó la demanda sobre la  adjudicación a dedo de las tdt tinerfeñas- las denuncias del PSOE ante la Fiscalía Anticorrupción, o las que ya se plantean por prevaricación.

Lo razonable tras una sentencia tan contundente y explícita como la de la Sala de lo Contencioso-administrativo del TSJC sería anunciar que el Gobierno y la Administración canaria actuaran de acuerdo con las decisiones judiciales e intentarán  reparar el daño causado a los demandantes, preservando en lo posible –para evitar nuevas ‘sentencias tebeto’- los intereses de los actuales adjudicatarios. Eso es lo que haría un Gobierno decente: enmendar el error procurando liarla lo menos posible. Pero no es ese el estilo del paulinato: lo es actuar desde la prepotencia y la amenaza,  a ver si consiguen meter miedo a los demandantes actuales, a los futuros, a la oposición y a los medios y periodistas que han denunciado el uso repugnante y viciado del poder para premiar lealtades y castigar disidencias. A mí las bravuconadas de Rivero me dejan indiferente. Creo que es lícito que se defienda jurídicamente de aquellos ataques que considere injustos. Pero vaya por delante que quienes señalan –señalamos- que este Gobierno adjudicó las tdt como le vino en gana hacerlo, tienen ya una sentencia en la que ampararse para sostener lo que sólo era una razonable sospecha hasta el pronunciamiento del TSJC. El recurso a la casación ante el Tribunal Supremo -en una sentencia que es irrecurrible- demuestra la inanidad jurídica de Rivero, la cobardía de quienes le asesoran y son incapaces de decirle que se equivoca, y –sobre todo- la obsesión es este presidente zumbado por los acontecimientos y absolutamente ajeno a la realidad, por ganar un poco de tiempo mientras su presidencia se desmorona en la indecencia y el descrédito.

Las amenazas de Rivero producen más conmiseración que miedo: demuestran que este hombrecito insignificante y faltón que hoy preside el Gobierno no entiende el sistema de derechos, obligaciones y garantías que permite funcionar a las sociedades modernas. Rivero cree que sigue siendo el caporal de El Sauzal y puede resolver todo a base de alcaldadas.