17. La póliza

por | 14 diciembre, 2008 | Papel quemado

Lo primero que uno aprende cuando sufre una catástrofe es para qué sirve un seguro: los seguros sirven para que uno se pelee con la aseguradora. Y cuanto mejor es el seguro, cuanto más perfecta es la póliza suscrita, más grande, larga y rastrera será la pelea. Siendo eso así, uno entiende que un tipo tan inteligente como Jacques Attali –autor de ‘La historia del futuro’- sostenga que las empresas que controlen el mundo de futuro serán las aseguradoras y reaseguradoras. Siempre he tenido mucha confianza en Attali (incluso le he perdonado que asesorara a Sarkozy, creo que lo hizo por fastidiar a los socialistas, algo bastante comprensible), y estoy convencido de que tiene razón. El futuro será de las aseguradoras. Empezando por el mío.

Llamé al banco cuando el fuego aún bailaba sobre los libros y no había llegado a los dormitorios y pillé a mi banquero (le debo bastante dinero, me aprecia mucho) en un almuerzo: “¿Tengo póliza?”, le pregunté más bien alarmado. Y avergonzado por no saberlo. Me dijo que cuando acabara de almorzar se pasaría por el banco a comprobarlo. Y lo hizo, el tío. Me llamó a las seis o así, justo cuando le explicaba a un bombero como entrar en la habitación en la que había empezado el fuego. Me sentí un poco culpable por andar pensando en la reconstrucción antes de haber apagado siquiera el fuego…

         Total, que el banquero me dijo que sí, que tenía póliza y que además era una buena póliza, que no me preocupara y que el banco, para lo que me hiciera falta. Algún día le diré algunas cosas que se me ocurre podría hacer el banco por mí… claro que la póliza no es suya.

Esa misma tarde me llamaron los peritos del seguros, muy educados y sintiéndolo mucho, a decirme que se pasarían por “el lugar del siniestro” al día siguiente. Y eso hicieron. Llegaron apenas cuatro o cinco horas después de irse los bomberos y me explicaron dos cosas muy importantes.

Una ya la sospechaba: que la póliza no cubre en realidad lo que parece que dice que cubre. Resulta (tomen nota todos) que hay que asegurarse a ‘primer riesgo’, porque si uno no lo hace, en realidad no se está asegurado por lo que uno cree, sino por la diferencia entre lo que uno cree y lo que cree la aseguradora, que siempre cree que un lavado con agua del chorro y una capita de pintura lo arreglan casi todo.

La otra cosa muy importante que me dijeron me dejó perplejo: que guardara las facturas de los productos de limpieza.

Y aquí me veo, en el mostrador de Macro, comprando quintales de lejía y distergén y un quitagrasas industrial que me han dicho que es fetén para el hollín, y estropajo por kilos y pidiendo que me lo pongan todo muy detallado en la factura. Para cuando me lo pidan los señores del seguro.

No se cómo me las habría apañado si no llego a tener una póliza tan buena…