Los tres caballeros: o como protagonizar con discreción un ejercicio de estilo colectivo

por | 12 diciembre, 1999 | Gran Pantalla

Había dos formas de acercarse desde la remembranza cinematográfica a este particular drama de familia que representa la sucesión de Manuel Hermoso en ATI. Una era recordando las insidias del Ricardo III de Shakesperare que Laurence Olivier dirigió y protagonizó sabiamente en la pantalla. Pero resultaba demasiado melodramático: puestos a comparar, Paulino Rivero tiene mucho más de gallito peleón que de siniestro y perverso jorobado.

Por eso, sobre todo después de constatar que el único damnificado del Congreso de ATI fue Rodolfo Núñez (se le recordaron desde la tribuna sus traiciones de andar por casa en la elección de la Cámara de Comercio), y también después de analizar el pasado concilio ático en clave de comedia, quizá convenga elegir un género menor para encuadrar el actual estado de la cosa sucesoria. Bien podría ser el genero fantástico: por ejemplo, la conversión del Frankesteín insularista en tierna y virginal paloma autonómica. O el género policíaco: de como Hermoso mató y enterró el insularismo en un sitio tan alejado que aquí no llega ni el olor del cadáver. O el género de piratas: Paulino Rivero y Miguel Zerolo  disputándose alegremente el botín de la herencia entre sorbos de buen ron y canciones procaces. Al final, Patricio Ducha y Roberto Burgazzoli (los responsables de la parte seria de esta página, que es la caricatura) propusieron los dibujos animados, concretamente al estilo Disney. Cualquiera les lleva la contraria. Osea, que ahí tienen ustedes a Manuel Hermoso luciendo desde el pedestal de Carmen Miranda, mientras intentan cogerle el aire los tres caballeros del moderno nacionalismo chicharrero: no me negarán que al muy carnavalero y festivo Zerolo lo de loro Carioca le viene que ni pintado. Y a Paulino también le sienta como un guante lo de gallo panchito (del Sauzal-ito al éxito en un santiamén y sin mirar atrás), con pistoleras y todo. En cuanto a Adán Martín… qué quieren que les diga: a pesar de sus rabietas y de un caracter que hace necesario echarle de comer aparte, Donald sigue siendo el personaje más querido y entrañable de la factoría Disney.
Ahí están, pues ‘Los Tres Caballeros’. Y es que la pelea sucesoria en ATI es por ahora de tan baja intensidad que podía pasar por una peliculilla con fondo infantil.

El primer mérito de que así sea es de Manuel Hermoso: ha sabido retirarse de primera línea con un estilo que no abunda. Lo hizo en un momento en el que su propia sucesión no ofrecía lugar a dudas: Adán Martín era la persona llamada a ocupar -en el partido y en la sociedad- el hueco dejado por la figura carismática de Hermoso. Desde esa perspectiva, Adán dió la batalla por convertirse en presidente del Gobierno regional, y al hacerlo facilitó el desembarco en la Presidencia de Román Rodríguez. Luego vinieron las elecciones, y tras ellas, casi durante la formación del Gobiernio, se hizó pública la enfermedad del que sería nombrado vicepresidente regional y consejero de Hacienda. Ya era tarde para desandar lo andado.

Adán Martín ha logrado compatibilizar desde entonces un ejercicio intensísimo de la actividad política -excesivo incluso para una persona completamente sana- con una dura batalla contra su enfermedad, despertando la simpatía y el afecto incluso de sus adversarios políticos. Pero hay un viejo dicho que asegura que ha tres clases de enemigos, en función de la gravedad de la enemistad: primero están los pequeños enemigos, luego los grandes enemigos y por último los compañeros de partido. Era de esperar que la enfermedad de Adán desatara la pelea por una sucesión dejada absolutamente abierta por Manuel Hermoso. En la línea sucesoria, tras Adán Martín, desplazado por desconfianza de ATI el ‘gallo tapado’ que siempre aspiró a ser Rodolfo Núñez, quedaban Paulino Rivero, elevado a la presidencia de Coalición Canaria, y el alcalde de Santa Cruz, Miguel Zerolo.

Después de algunos escarceos en prensa, alimentados más desde la órbita de los partidos competidiores de ATI que desde la propia Agrupación, se esperaba que el VIII Congreso sirviera para despejar la incógnita abierta por la enfermedad de Adán. Y así ocurrió, pero de una forma no prevista: fue el propio Adán, al final del discurso más larga y emotivamente aplaudido de todo el Congreso, quien explicó que continuará al frente de ATI «mientras me lo permitan mis fuerzas», para añadir acto seguido «y tengan ustedes la certeza de que me quedan fuerzas para rato». Quienes desconozcan las clavs internas de ese partido tan singular y complejo que es ATI podrán dar a las palabras de Adán afirmándose públicamente como continuador de la obra de Hermoso un valor más testimonial y litúrgico que otra cosa. Pero no es así. Adán estará al frente de ATI mientras quiera. No sólo porque así lo ha decidido, sino también porque Rivero y Zerolo, cada uno con sus características particulares y sus particulares defectos, han respondido ante el trance del actual presidente de ATI renunciando clramente a posicionarse. El VIII Congreso podía haber supuesto el inicio de la sucesión de la sucesión, pero ni Zerolo ni Rivero han permitido que así ocurriera. Quizá por la vieja amistad que les une a ambos con Adán Martín (los dos crecieron políticamente a su sombra), quizá por sentido de cálculo político, o a lo mejor puede que por puro y simple respeto, sencillamente por hombría de bien, unicamente por esa cualidad mucho más corriente en la vida normal que en el mundo de la política que es la caballerosidad.

Cuando se estrenó la cinta de Los Tres Caballeros -el primer largometraje de animación en las que se mezclaban imágenes reales con ‘toons’- hubo gente que comentó que -dada la picardía de algunas escenas- no se trataba exactamente de una película para menores. Concluído el Congreso de ATI quizá sea bueno decir -porque es escasamente frecuente en la política- que estos antiguos insularistas saben actuar con cierto estilo. A lo mejor esa y no otra es la verdadera herencia de Hermoso.

Al son marcado por un Hermoso enrramado a lo Carmen Miranda, bailan los tres caballeros de los que defende el futuro de ATI: el carnavalero Zerolo Carioca, el gallo Panchito Rivero y el pato Adán, protagonista absoluto de esta película, mientras no se demuestre lo contrario.