Hombres de luto: invitados de piedra a un entierro que nunca llega a producirse

por | 19 diciembre, 1999 | Gran Pantalla

Decir de una peli que lo mejor son los efectos especiales, es tanto como decir que lo peor es absolutamente todo lo demás. Pues eso: que hay un cine de ciencia ficción y de efectos especiales en el que hasta los efectos especiales son una lata, por mucho que técnicamente la cosa funcione a la perfección.

‘MIB’ (Hombres de negro) viene a ser un buen exponente de ese tipo de películas -muy en línea con la escasez argumental del nuevo Holliwood- en las que lo único que cuenta es si los marcianos digitales resultan creíbles o no. Lo cierto es que no, pero tienen su gracia, sobre todo porque la pelicula no se toma a sí misma demasiado en serio, y eso es de agredecer.
La historia no es que sea gran cosa: hay una agencia del Gobierno (del Gobierno estadounidense, por supuesto) que se dedica a perseguir a los alienígenas que tengan pinta de malvados o -alternativamente- de cucaracha grande. A los alienígenas buenos y simpáticos no sólo no los persiguen, sino que les dan trabajo, pero de incógnito (como a los liberados del STEC, es decir). En la tal agencia los agentes especiales (los 007 con licencia y tal) visten de negro y se ponen gafas oscuras, mismamente lo mismo que los de ‘Caiga Quien Caiga’, sólo que en vez de salir el Gran Wayoming, hacen de protas Tommy Lee Jones y ese negrito reciclado (y salvaplanetas, en otra mala película, ‘Independence Day’, también realizada por Barry Sonnefield), que se llama Will Smith. Juntos se pasan por la piedra a media inhumanidad. Y eso es lo que te dan por las 600 pesetas que cuesta la entrada.

La única imagen realmente valiosa entre los kilómetros de basurilla hiperrealista y guasacaca verde que soporta estoicamente el celuloide con el que se amarró esta cinta, es la de los ambos dos -Guillermito y Tomás Lee- vestidos de luto, poderosamente armados y con cara de estar preparándose para asistir al entierro de todos los que presumiblemente van a ejecutar acto seguido.
Esa imagen -más cercana a la estética tarantiniana de ‘Reservoir dogs’ que a la de un filme al uso de Ci-Fi- es la que nos sirve para hincarle el diente a nuestros dos personajes de hoy: a saber, los secretarios generales del PSOE canario y del PSOE tinerfeño, Juan Carlos Alemán & Melchor Núñez.

Ocurre que llevan los dos la tira de tiempo vestidos de riguroso negro, ilusionada y respetuosamente preparados para asistir al velatorio, funeral e inhumación del pacto que soporta al Gobierno de centroderecha, y por más que se empeñen Román y la quintaesencia, no hay manera de que el óbito en cuestión se produzca. Y eso que no paran de decir que el enfermo huele que apesta.

Así, llevan estos dos tanto tiempo enlutados, preparados y a la espera del feliz acontecimiento que se niega a acontecer, que podría uno pensar si no les llegará a ellos primero el defuncio. Las lenguas más perversas del propio PSOE aseguran que el de Melchor Núñez, si no espabila, podría ser cuestión de la próxima primavera, sobre todo tras la batalla perdida por el secretario general contra una de sus candidatas al Senado, Mercedes Pérez Schwartz, que ha logrado salir incólume de las conjuras y maledicencias de don Melchor para apartarla de la lista. Dicen que doña Mercedes lo logró gracias a sus muchos merecimientos, entre los que no es ni mucho menos el menor el haber sido concebida sin gónadas, lo que -visto lo muy en serio que se toma los socialistas la historia del cupo femenil del cincuenta por ciento-, suele ser un argumento de peso y consideración para figuerar en las listas.

A la espera de que florezca la primavera, y con la primavera las elecciones, los ‘Hombres de negro’ del PSOE siguen haciendo sus cábalas a ver si se rompe o no se rompe este Gobierno regional nuestro. A ver si por fin ocurre, y ellos -los socialistas- pueden volver a ‘tocar’ algo de poder en Canarias, que falta les hace. Tanta que hasta algún importante alcalde se está pensando eso de seguir esperando en la oposición a los nacionalistas lo que los nacionalistas les habrían dado sin espera alguna.
Alemán hace lo que puede para superar el pasmo y contener a sus alcaldes, y cada día se inventa el hombre una nueva forma de dar moral a los suyos: un día pacta con Román la Audiencia de Cuentas, otro insinúa que la izquierda se presentará con lista única en el archipiélago, y otro insiste en que este Gobierno no sobrevivirá más allá de las elecciones. Antes nadie le hacía mucho caso, porque el PSOE viene diciendo eso mismo desde hace exactamente siete años. Lo dicen a cada rato, en cuanto consiguen parar de llorar. Pero se presentan en las ruedas de prensa con las lágrimas flojas y las narices mocosas y por eso cuesta creerles. Pero desde que Soria se vistió el traje de luces y se puso a torear a Coalición, está este patio más revuelto que de costumbre, y se cree uno hasta que Ignacio González (hijo) acabe por fichar en ATI.

Por eso, pero sólo porque ya lo tienen puesto, más vale que Alemán y Núñez no se quiten el traje de luto en un par de meses. A ver si hay suerte y resulta que el PP decide suicidarse a plazos, o Román los empuja hasta el borde mismo del precipio, pero del lado del vacío. Osea: que se queden con el traje puesto. Pero los fusiles intergalácticos con los que amenazan a todo quisque, bien los pueden guardar. Aquí si se muere el Pacto no va a ser porque lo mate el PSOE. Los pistolones les sobran. Y además deben pesarles un montón. Mucho peso para que luego sólo salgan algunas pobres chispas.