Leopoldo de Bélgica: “Los periodistas, como las moscas, son más inoportunos que perniciosos”.

por | 12 septiembre, 2020 | Peor sería tener que trabajar

Como moscas inoportunas: sin duda, así fue para él durante un tiempo, pero la historia demuestra que el rey Leopoldo se equivocó en esa cita: Leopoldo II había logrado convertir Bélgica en una potencia imperialista de primer orden y a sí mismo en el monarca más rico de toda Europa. Lo consiguió gracias a la colonización del Congo, que convirtió en una empresa de su propiedad exclusiva, y a la coincidencia de esa colonización con la generalización del uso del neumático de John Dunlop, que disparó la demanda mundial del caucho. Leopoldo logró imponerse a los productores de América Latina y el sudeste asiático forzando altísimas cuotas de producción, reclutando masivamente a toda la población congoleña para sus explotaciones caucheras e implantando un régimen esclavista, en el que se practicó el terror, la mutilación y el asesinato de manera sistemática. Envió al Congo, a dirigir y administrar el llamado ‘Estado Libre Asociado’ a alrededor de quince mil mercenarios de distintos países europeos y de Estados Unidos, a los que pagaba sustanciosas primas por aumentar el ritmo de producción, provocando una presión creciente sobre los nativos, a quienes se aplicaba de manera recurrente el castigo por desobediencia, que era la amputación de una mano, práctica que dejó el país con decenas de miles de lisiados incapaces de valerse por sí mismos. Se ha calculado que durante el dominio de Leopoldo II se exterminó a diez millones de congoleños, mientras se sucedían las denuncias de misioneros o viajeros a ese territorio, que eran silenciadas por informes de las cancillerías europeas y no encontraron ningún eco internacional. Leopoldo era admirado en toda Europa como un monarca filántropo. Y fue al final un periodista, el británico Edmund Dene Morel, que había trabajado como agente de una compañía que transportaba caucho a Europa -y por tanto conocía bien el sistema de explotación existente en el ‘Estado Libre’-, quien  logrará la atención de la opinión pública internacional sobre las estructuras esclavistas y el régimen de salvajes castigos, aportando además  pruebas testimoniales y documentos de la masacre que se vivía en los territorios administrado por Leopoldo. En 1903, tras el fallecimiento de la reina Victoria, prima hermana del rey de los belgas, la Cámara de los Comunes aprobó una resolución muy crítica con  la administración de Leopoldo y encargó a Roger Casement que se desplazara al Congo como cónsul británico e investigara los acontecimientos denunciados por Morel. El informe de Casement, -hecho público en 1904- dio inicio al proceso de retirada de la concesión y provocó la creación de una comisión parlamentaria en Bélgica, apoyada por la oposición socialista, que acabaría retirando la concesión al rey, en vida de éste, colocando el ‘Estado Libre’ bajo control parlamentario. Leopoldo fue compensado por las inversiones realizadas en su ‘jardín africano’ con 50 millones de francos, que utilizó para comprar propiedades en la Riviera Francesa.

Leopoldo II de Bélgica: [Bruselas, 1835 – 1909] fue el segundo rey de los belgas. Sucedió a su padre, Leopoldo I, en el trono de Bélgica en 1865 y reinó hasta su muerte. Leopoldo fue el fundador y único propietario del denominado ‘Estado Libre del Congo’, en realidad una empresa privada dirigida por él mismo. Consiguió para la Corona los territorios que hoy ocupa la República Democrática del Congo, en la Conferencia de Berlín de 1884-1885, en la que las naciones europeas con intereses coloniales pactaron el reparto de África. La Conferencia se comprometió a mejorar la vida de los nativos congoleños, pero el monarca ignoró absolutamente ese compromiso, dedicándose a amasar una fortuna gigantesca con la explotación del caucho y la extracción de diamantes, utilizando a la población nativa como mano de obra forzada y esclava. Leopoldo fue directamente responsable de la muerte de millones de congoleños. El censo realizado por Bélgica en 1924, quince años después de la muerte de Leopoldo, demostró que la población congoleña descendió a la mitad durante la etapa del ‘Estado Libre’. Leopoldo II utilizó su inmensa fortuna para financiar en Bélgica un potente programa de obras públicas, y crear un gigantesco patrimonio personal. Fue muy querido por los belgas: mientras actuaba como industrial esclavista en el Congo, en política interior desarrolló medidas progresistas, como el servicio militar obligatorio para un hijo por familia, el derecho a la sindicación laboral, la prohibición del trabajo fabril a los menores de 12 años, el descanso dominical y el seguro laboral.