Un puzle puede empezar a mostrar una figura reconocible mucho antes de que estén colocadas todas sus piezas. Es cierto que también puede engañarnos: basta encajar a la fuerza dos fragmentos para que el dibujo parezca distinto del que realmente es. Esa es la dificultad a la que se enfrentan las investigaciones que se realizan en distintos tribunales sobre causas vinculadas a la financiación ilegal del PSOE. Pero las coincidencias son cada vez más inquietantes y sospechosas. La conclusión más grave, a la que apuntan muchos indicios, pero sigue pendiente de ser probada, es que el partido se haya financiado ilegalmente mediante negocios concertados al abrigo del poder.
La periodista Ketty Garat describió en su libro ‘Todos los hombres de Sánchez’ una pelea por el acceso a Sánchez que ayuda a mirar de otra manera lo que ahora se va conociendo. Cuanto más valioso se vuelve el acceso al gobernante, más se ofrecen todos sus adláteres a venderlo. Y cuando varios compiten por ese acceso, las peleas internas pueden terminar dejando a la vista los conflictos que se mantenían ocultos. Probablemente algo de eso es lo que ocurrió en el PSOE. Según el relato de Garat, la salida de Ábalos del ministerio tuvo menos que ver con sus escándalos personales, conocidos desde mucho antes y utilizados finalmente como excusa para su defenestración, que con el intento de intervenir en los negocios venezolanos y disputar la influencia en Venezuela al presidente Zapatero. Se trata de una tesis periodística, no de un hecho establecido por los tribunales, pero las informaciones publicadas en estos días sobre los guasapeos del comisionista Aldama con la entonces vicepresidenta Delcy Rodríguez, dan un interés renovado al relato de quien más se acercó a describir las entrañas del sanchismo.
En uno de los mensajes entregados por Aldama a los investigadores y publicados estos días, Aldama comunica a Delcy, en octubre de 2021, que la relación de «Z» con «el uno» es «mucho mejor que antes». Si «Z» es Zapatero y «el uno» es Sánchez, como parece obvio, la frase sitúa a un intermediario del negocio petrolero en Venezuela, implicado hasta el tuétano en la operación hidrocarburos, siguiendo con gran atención la relación entre ambos políticos. Cuesta considerar una simple curiosidad privada la preocupación de Aldama por quien controlaba el acceso a Sánchez, cuando las actividades de todos ellos aparecen bajo examen en distintas investigaciones. Aldama ha asegurado en sede judicial que hubo dinero procedente de negocios petroleros venezolanos y que Koldo García recogió parte de él. La investigación en curso debe determinar qué significaban los contratos y sociedades que aparecen en las pesquisas, entre ellas Apamate y Análisis Relevante. Que un nombre se repita en varios expedientes obliga a seguir su rastro. Al principio, las causas parecían desarrollarse en compartimentos separados: las adjudicaciones de Transportes, los negocios de hidrocarburos, las actuaciones atribuidas al entorno de Cerdán, las gestiones investigadas en el caso Plus Ultra… Ahora surgen personas, sociedades y conversaciones que obligan a examinar si algunas de esas historias se comunicaban entre sí y con las maniobras atribuidas a Leire para interferir en procedimientos judiciales.
Las sospechas sobre posibles pagos de empresas rusas o sobre dinero del petróleo que acabó en la Internacional Socialista, tienen una gravedad extraordinaria, pero no pueden darse por ciertas solo porque encajen en la historia de Aldama. Tampoco la idea de que Sánchez modificó su política con Maduro y Marruecos por indicación de Zapatero y como contrapartida de una financiación clandestina al partido o a la Internacional, de la que se convirtió en presidente, gracias –entre otros apoyos- a las gestiones de Zapatero con los bolivarianos y el Grupo de Puebla. Una acusación de tal calibre exige seguir el dinero y documentar las decisiones, no solo reunir testimonios y coincidencias. Los periodistas –también los de provincias, alejados de las fuentes- tendemos a señalar el olor que sale de la cocina sin haber visto qué se cuece en la olla.
Hay, sin embargo, una reflexión política que no necesita sentencia previa: la financiación ilegal rara vez empieza con un tesorero que decide falsificar una cuenta. Suele requerir a empresarios que esperan contratos, intermediarios que cobran por sus gestiones, cargos que administran favores y gente dispuesta a justificar como asesoramiento lo que quizá fue otra cosa. Puede que algunas piezas de este puzzle pertenezcan a ámbitos diferentes, pero el dibujo final sea mucho más perturbador y siniestro de lo que hoy alcanzamos a ver. Y es que ya resulta imposible seguir tratando cada nueva revelación como si fuera una anécdota aislada.
Zapatero sostiene que sus ingresos respondían a trabajos legítimos y ha negado intervenir en el rescate de Plus Ultra. El PSOE no puede limitar su respuesta política a recordar que aún no hay condenas. Debe explicar con claridad qué papel desempeñaron quienes negociaban con Venezuela, qué sabía la dirección del partido sobre esas actividades y dejar perfectamente claro cómo se financiaron las estructuras del partido y que impacto tuvo eso en los compromisos internacionales.














