Clavijo con Sánchez en Lanzarote
Se ha abierto en las islas ese debate algo forzado y siempre impostado sobre el valor del voto de Coalición en el Congreso. Esta vez la cuestión es qué hará la diputada Valido cuando toque votar la convalidación de los decretos Maricarmen. Escuchando algunas intervenciones, cualquiera diría que Valido dispone de una nutrida representación, capaz de decidir por sí sola el destino del Gobierno y de la política española. La realidad es bastante más modesta: Coalición tiene una solitaria diputada. Un voto puede valer muchísimo cuando falta exactamente uno. En las demás circunstancias -es decir, casi siempre- pues vale lo que vale.
Con las posiciones y la asistencia previstas, ese voto será determinante si Junts se abstiene y el PNV apoya los decretos. En ese escenario, el sí de Valido permitiría aprobarlos por 172 votos contra 171. Su voto contrario invertiría el resultado y su abstención dejaría un empate a 171. Si el empate persistiera en las tres votaciones previstas por el Reglamento, la convalidación quedaría rechazada. Hay, por tanto, una posibilidad de que Coalición decida. Pero eso depende primero de lo que decidan otros. Esa distinción es clave, porque en Canarias se insiste en atribuir a Coalición una influencia en la Corte de la que carece. Y se exige que utilice esa influencia hipotética para salvar a Sánchez o para darle la puntilla. Y todo antes de saber si el Gobierno necesitará el voto de Valido. Tenemos afición a discutir el precio de las cosas antes de saber si alguien está interesado en comprarlas.
Valido ha sido prudente: espera, quiere conocer los textos, escucha a los demás y valora las circunstancias. Las reservas expresadas sobre la falta de medidas para aumentar la oferta y proteger al pequeño propietario son asumibles y razonables. Pero una reserva no es una decisión. Y en Coalición las decisiones suelen llegar cuando se conoce el desenlace más probable y se ha explorado lo que se puede sacar por contribuir a él.
No conviene minusvalorar esa vocación mercachiflera: Coalición lleva décadas convirtiendo sus parcos votos en una herramienta de negociación. Una partida presupuestaria, una excepción normativa, un compromiso o una concesión presentados como victoria histórica, pueden justificar movimientos que –desde la política general-, resultaría difícil entender. Es una práctica común en nuestro Parlamento local: los diputados de isla menor saben cuánto puede llegar a rendir un voto cuando la mayoría se la juega. Negociar es siempre legítimo, conseguir recursos para la isla que se representa, también. Y el beneficio sirve para evitar la explicación de lo que se está apoyando. Una concesión puede ser conveniente para Canarias, y el conjunto de lo aprobado ser perjudicial. La obligación de quién vota incluye hacer ambas sumas. No enseñar el regalo escondiendo la factura.
Las explicaciones de Coalición para cambiar el sentido de su voto supuesto, recuerdan a aquellas estrellas cinematográficas de la Transición que justificaban despelotarse ante las cámaras con la frase: “Yo lo haría si el guion lo exige”. Entonces había muchos guiones extraordinariamente exigentes, como los de Coalición. El guion a veces exige apoyar; otras, rechazar; otras, abstenerse con gesto grave. Y el argumento se revela después de conocer las necesidades de la producción.
Decir que Coalición carece de ideología quizá resulte excesivo, aunque yo lo diga con frecuencia. En Coalición tienen una idea bastante firme de su propia utilidad y de la necesidad de conservarla. Lo demás admite adaptaciones. Esa flexibilidad permite negociar muy pegados al terreno, sin que las grandes declaraciones estorben demasiado para llegar a acuerdos. También permite presentar como coherencia territorial lo que, visto desde fuera, parece una sucesión de arbitrarias conveniencias.
En este asunto cabe pensar que una parte importante de su electorado se siente más próxima a la oposición a Sánchez que al Gobierno. Pero tampoco eso determina necesariamente el voto. Coalición cuenta con una sorprendente fidelidad electoral, que permite explicar cambios de posición difíciles de justificar en otros partidos. La defensa del interés de Canarias funciona como un salvoconducto muy generoso.
En fin… ¿Qué harán los nacionalistas? Yo creo que lo que hacen siempre: buscar la posición que mejor preserve su capacidad de negociar. Apostar por caballo ganador tiene aquí un significado más complejo que acertar quién ganará la votación de los decretos. Puede interesar cobrar por un apoyo, mantener una puerta abierta o evitar que un rechazo cierre opciones futuras. Todo eso forma parte del cálculo, aunque todavía ignoremos cuál de las opciones pesará más. Porque el recorrido de esta decisión puede prolongarse más allá del problema de vivienda y de la supervivencia inmediata de Sánchez. Se acercan unas elecciones canarias y, después de ellas, habrá que hablar de mayorías y de pactos. Coalición llegará a esa conversación con margen para elegir interlocutor.
Valido votará lo que decida su partido. Y ya, si eso, después se encontrará la explicación conveniente. Como en aquellas películas, habrá que esperar hasta el final para saber cuánta exposición de epidermis exige el guion.














