Juan Rulfo: “Escribir es cortar”.

por | 12 septiembre, 2020 | Peor sería tener que trabajar

Es curioso que haya sido un escritor que nunca se dedicó al periodismo quien sentenciara más acertadamente la que es la máxima principal que todavía hoy se enseña a los periodistas en las redacciones de todo el mundo: “escribir es cortar”. Desde luego, predicó con el ejemplo: su obra, de una extraordinaria importancia en el desarrollo de la narrativa hispanoamericana, es muy escasa. Apenas diñó a imprenta un libro que recoge diecisiete de sus relatos, El llano en llamas (1953), publicados previamente en revistas literarias, una breve novela corta El gallo de oro (1963), y la imprescindible Pedro Páramo (1955), considerada junto a Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, una de las novelas más importante y más veces reeditada de la literatura hispanoamericana del siglo pasado. En ella, valiéndose de  las técnicas narrativas que aparecen en la literatura de entreguerras, Rulfo construye un universo en el que conviven lo misterioso y lo real, en una suerte de interiorización de la realidad histórica del México que transcurre desde el Porfiriato hasta la Revolución. El protagonista, Juan Preciado, llega a la aldea de Comala buscando a su padre, Pedro Páramo, que no conoce. En el pueblo, escucha las voces de los vecinos que le cuentan su pasado y reconstruyen la historia de Pedro Páramo, el odiado cacique. Preciado acaba por darse cuenta de que todos los aldeanos han muerto, y que él mismo también está muerto, pero la novela continúa con conversaciones entre los difuntos, y el relato de los acontecimientos, planteado inicialmente en palabras de su protagonista, se fragmenta en distintos puntos de vista, monólogos y sorprendentes saltos cronológicos, para retratar un pueblo miserable y degradado.

Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno, conocido como Juan Rulfo [Jalisco, 1917 – Ciudad de México, 1986], fue un escritor, guionista y fotógrafo mexicano, vinculado a la generación del año 1952. Creció entre Sayula (distrito de Jalisco) y el pueblo cercano de San Gabriel, una pequeña aldea rural influida por el culto a los muertos y por la superstición, en la que su familia sufrió las consecuencias de los enfrentamientos cristeros que provocarían el asesinato de propio padre. Esa experiencia tuvo enorme importancia en la visión del universo arrasado y sin salida de los campesinos mexicanos, que Rulfo reprodujo en su narrativa. En 1934 se trasladó a la capital del país, para trabajar como agente de inmigración, y pocos años después comenzó a recorrer el país en comisiones de servicio. Por esas fechas publicó sus cuentos en revistas literarias, en las que definió su narrativa como una combinación de realidad y fantasía, desarrollada en localidades del México rural, con personajes que representan y reflejan la idiosincrasia del país, sus problemas culturales, sociales y económicos, en una hibridación con el mundo de lo fantástico. La obra de Rulfo, especialmente su única novela, Pedro Páramo, supone para la literatura mexicana el fin del ciclo de la novela revolucionaria y el inicio del experimentalismo narrativo común a los escritores del denominado Boom hispanoamericano de los años 60. Además de su colectánea de relatos El llano en llamas (1953), y de su novela, Pedro Páramo (1955), Rulfo escribió también una excelente novela corta, El gallo de oro (1963), y se dedicó a la realización de guiones cinematográficos como Paloma herida (1963). En 1970 recibió el Premio Nacional de Literatura de México, y en 1983, el Príncipe de Asturias de la Letras.