Arona se empantana

por | 18 enero, 2021 | Crónicas canallas

La decisión de Mena, además de dejar claro el trasfondo urbanístico del conflicto político de Arona, desató una oleada de indignación entre los empresarios que habían denunciado las presiones del entorno de la alcaldía y precipitó los movimientos para acelerar la salida de Mena.

Arona se empantana

La decisión de Mena, además de dejar claro el trasfondo urbanístico del conflicto político de Arona, desató una oleada de indignación entre los empresarios que habían denunciado las presiones del entorno de la alcaldía y precipitó los movimientos para acelerar la salida de Mena.

El pasado jueves, cinco de los concejales socialistas de Arona –Dácil León, Sebastián Roque, Purificación Martín, Yurena García y Elena Cabello– y Luis García, ex concejal de urbanismo, expulsado del PSOE y ahora no adscrito, presentaron en el Juzgado del municipio una denuncia por prevaricación contra el secretario del ayuntamiento y el (todavía) alcalde Mena, también expulsado del PSOE. Es la tercera denuncia de la que se tiene conocimiento contra el alcalde, desde que Luis García acudiera en pleno confinamiento a la Fiscalía para poner en su conocimiento una serie de irregularidades que abrirían la caja de los truenos en el municipio y obligarían a intervenir a la ejecutiva federal del PSOE, abriendo un salomónico expediente de expulsión a Mena y a García, y de propina otro al que fuera presidente de la agrupación local socialista, el constructor y hotelero Agustín Marichal.

Ante el caos creado en el Ayuntamiento por la ruptura del grupo municipal en dos bandos irreconciliables, y la pérdida la mayoría de Mena, el PSOE opto por descabezar a los dos bandos en liza -Capuletos y Montescos- antes que hacerlo por tomar partido por quien denunció la golfería en Arona o bien por la inocencia ultrajada de su alcalde. Es cierto que no compete al PSOE investigar presuntos delitos de sus cargos públicos –eso es cosa de la Justicia-, pero hay comportamientos que -sin ser necesariamente delictivos- debieran ser suficientes para descalificar a un cargo público y pedirle su renuncia. Las extrañas reuniones con empresarios que dicen haber sido presionados por la hermana de Mena y un abogado, parecen indicio suficiente de que algo se estaba realizando en Arona de forma muy poco edificante. Las denuncias del otro expulsado, Luis García, añaden mordiente al asunto.

El PSOE podría haber condenado los comportamientos de Mena, o haber condenado la denuncia de Luis García contra su compañero de partido, pero prefirió lavarse las manos como Pilatos y actuar orgánicamente, castigando con la expulsión no la corrupción -o su falsa denuncia- sino la desobediencia de Mena y el otro a un partido que pedía a dos ediles electos que renunciaran a sus actas y privilegios. El PSOE actuó minimizando el riesgo de equivocarse, y también buscando un equilibrio imposible entre las posiciones de la ejecutiva regional (partidaria de suspender a Mena) y la ejecutiva insular tinerfeña, partidaria de mantenerle.

Porque detrás del conflicto en Arona hay algo más que una pelea de tribus enfrentadas por intereses locales, hay también una guerra soterrada –que no ha hecho más que empezar- entre Pedro Martín y Ángel Víctor Torres, por el control del PSOE tinerfeño. Es cierto que Martín apostó hasta el último minuto antes de su expulsión por salvar a Mena y recomponer la situación en Arona alrededor de él, pero el propio Mena, con sus actuaciones y Agustín Marichal con sus declaraciones hicieron imposible el esfuerzo de Martín por salvar al alcalde.

Parecía que tras la expulsión de Mena por la Federal, la decisión de sustituirlo estaba ya adoptada, y era irreversible. Lo que se había decidido es que Mena sería enviado tras su expulsión al grupo de los no adscritos, e inmediatamente después sustituido por su teniente de alcalde y concejal de Hacienda, Dácil María León Reverón. Doña Dácil sumaría los votos de al menos siete de los catorce concejales del PSOE más los de Coalición y el PP, y los socialistas volverían a tener la alcaldía de Arona. Quienes decidieran seguir al lado de Mena serían purgados de sus cargos públicos, y aquí paz y en el cielo gloria. Un plan bendecido por la regional del PSOE: pero las cosas no están saliendo exactamente como se pensaba. 

La primera sorpresa se produjo el día que –inopinadamente- el secretario del Ayuntamiento, Pedro Javier Hernández, decidió cambiar su inicial criterio de que Mena debía pasar al grupo de no adscritos, perdiendo así parte de sus derechos y emolumentos como alcalde. Esa decisión fue informada por el secretario el pasado 23 de noviembre, tras tener conocimiento de la expulsión del PSOE. “La comunicación de la expulsión y pase a no adscrito de José Julián Mena es un acto receptivo y unilateral que produce su plena eficacia con su presentación en la Secretaría del Ayuntamiento sin necesidad de su aceptación por el pleno”, escribió el secretario. En vista de ello, Mena debía ser incorporado al grupo de no adscritos “al abandonar involuntariamente el grupo municipal socialista por ser expulsado”. Tres días después, con ocasión del pleno municipal donde debía comunicarse ese informe, el secretario presentó otro completamente contradictorio con el primero, alegando que un oficio de Mena oponiéndose a la decisión del PSOE, la dejaba en suspenso. Mena aprovechó el desconcierto para impedir que se debatiera el asunto y vetó la votación de la retirada del punto del orden del día, en contra de lo que establece el Reglamento Municipal de Arona. Ese es el motivo por el que el secretario y Mena han sido denunciados por prevaricación.

La segunda sorpresa se produjo el pasado 21 de diciembre, cuando Mena -como responsable provisional del urbanismo en Arona, condición que mantiene desde que ceso a José Luis García- firmó una resolución de carácter extraordinario, aprobando la construcción de un hotel de lujo, propiedad de Agustín Marichal. La orden supuso un auténtico escándalo: permite al mentor de Mena, Marichal, construir en una de las ochenta parcelas del Mojón, una enorme zona de expansión turística y residencial, que el Ayuntamiento de Arona mantiene paralizada, por negarse a ‘recibir’ su urbanización. La zona, de un millón de metros cuadrados, constituye junto a la otra gran bolsa de terreno urbanizable de Arona –los llanos de Chayofa, al lado del Mojón- el último gran trozo de suelo turístico del Sur de Tenerife, y el motivo de la guerra desatada por el control del urbanismo municipal.

La decisión de Mena, además de dejar claro el trasfondo urbanístico del conflicto político de Arona, desató una oleada de indignación entre los empresarios que habían denunciado las presiones del entorno de la alcaldía y precipitó los movimientos para acelerar la salida de Mena. Esos movimientos se sustanciaron en un acuerdo de los siete concejales enfrentados a Mena, el PP y Coalición, para constituir un gobierno de concentración encabezado por Dácil.

La semana pasada ese acuerdo estaba ya cerrado, pendiente de que se sumaran otras fuerzas políticas y a punto de materializarse en un documento escrito y rubricado, cuando Pedro Martín, secretario general del PSOE de Tenerife y presidente del Cabildo, llamó a Dácil con la instrucción de paralizar el acuerdo, prohibiéndole suscribirlo si participaba en el Coalición. La negativa a incorporar a los cuatro concejales nacionalistas supone de facto una extraordinaria dificultad para montar una opción alternativa, que requeriría de contar en el mismo Gobierno con todas las fuerzas políticas de Arona, menos Coalición Canaria y los de Mena. Se precisaría sustanciar un complejo acuerdo entre cinco partidos: PSOE, PP, Ciudadanos por Arona, Si se Puede/Podemos y Ciudadanos.

Nadie en Arona sabe qué motivó la llamada de Pedro Martín para bloquear el acuerdo previo, que devolvía la alcaldía al PSOE. Tras echar Martín el freno a ese acuerdo, Mena ha ganado tiempo. Quizá sean sólo unos días, aunque entre sus adversarios se asegura que Mena alardea de tener información sobre Martín que mantiene al presidente del Cabildo contra las cuerdas. Lo más probable es que se trate sólo de falsedades y baladronadas de Mena o de invenciones de sus enemigos, pero la situación de Arona se ha empantanado, la oposición a Mena se fracciona y en el PSOE de Tenerife se empiezan a escuchar demasiados rumores.