Algo sobre un incendio

por | 26 noviembre, 2008 | Papel quemado

El miércoles 26 de noviembre, un incendio acabó con todos mis libros. Pudo haber sido una tragedia, pero no lo fue. La historia se saldó con dos visitas al hospital, una mía por un esguince de tobillo y otra de Gilson por haber tragado demasiado humo cuando intentaba quitarle el seguro a un extintor que no se dejó. 

La tele de Willy dio la noticia inmediatamente y nos vimos en pantalla: Piyi en estilo Pocahontas, enfundada en una manta que le prestó una vecina, y yo con pelos de loco y cojeando más de lo que suelo. El fuego empezó en una habitación cerrada y forrada de madera, muy cerca de los libros, y aún no sabemos por qué. Fue a las tres y doce minutos de la tarde, y dos minutos después llamé a los bomberos. Alrededor de las siete, el fuego parecía controlado: todos pensamos que quedada poco que ardiera ya y pude entrar en la casa. No quedaba casi nada. Pero aún no había acabado. El fuego se reactivó esa noche dos veces y otra más a la mañana siguiente y acabó de freír lo que muy poco que quedaba.

Me han llamado cientos de amigos y algún enemigo a un móvil que cogí las primeras diez veces para contar con emoción y detalles morbosos como ardieron mis libros y mi casa. Pero había tragado tanto humo que luego me dí un respiro y apagué el móvil. Ahora no puedo contar la historia de golpe y de uno en uno, ni responder sin ser frívolo o falsario a todos los sms, correos y pos-it recibidos, a riesgo de quemar también el portátil que un bombero complaciente e ilustrado me dejó salvar del desastre.    Por eso voy a hacerlo desde aquí, día a día, y mientras el humo y sus secuelas me escuezan en el pecho. Porque ésta peregrina bitácora es un territorio más íntimo y de menor constancia pública que el muy solvente, serio y formal papel impreso. Por ustedes, pero sobre todo por mí, porque se me hace preciso contar y contarme en voz muy baja qué he perdido, que he ganado y cual es el balance, subo al blog mis restos de PAPEL QUEMADO.