Abbott Liebling: “La gente generalmente confunde lo que leen en los periódicos con las noticias”.

por | 12 septiembre, 2020 | Peor sería tener que trabajar

Uno de los reporteros más extraordinarios y completos que ha dado el periodismo norteamericano, Liebling es sin embargo un tipo poco recordado. O recordado fundamentalmente por sus textos sobre boxeo, recopilados en The swett science, o por sus extraordinarias columnas gastronómicas. Pero fue mucho más que un escribidor: fue un escritor con mayúsculas, reivindicado por el nuevo periodismo como el primero de los suyos, y uno de los tipos duros de la profesión que antes estrenó las plumas de la gran literatura. Sus artículos en The New Yorker, sobre la profesión periodística, supieron moverse en el complicado equilibrio de ser juez y parte, destilando a partes iguales mala leche y autocrítica. Una lección para los periodistas incapaces de ver mucho más allá de su propio ombligo. Y sus crónicas sobre la Segunda Guerra Mundial, hechas realmente desde el terreno, incluyendo su huída de Francia y su regreso a Francia, desembarcando en  la playa de Omaha el Día D, demuestran a las claras lo que es saber dónde y como uno se la debe jugar. Por esas crónicas fue condecorado por el Gobierno de Francia con la Legión de Honor.

Elegir una frase de Liebling, ese tipo del que Pablo Duarte dijo “antes que los Tipos Duros y los Nuevos Periodistas, estuvo el regordete A. J. Liebling”, es bastante difícil, porque su periodismo está plagado de sentencias espléndidas. La que encabeza estas líneas garrapateadas es indicativa de su capacidad para la observación y el diagnóstico de los males de la profesión. Sobra comentarla. Mejor recomendar la lectura de su apasionante The Press, el libro que recoge el espacio semanal Wayward Press que The New Torker le reservó para que su acerada literatura se ocupara de la crítica a los medios y los periodistas. Un premio de los que un periodista debe concederse alguna vez.

[Abbott Joseph Liebling [Nueva York, 1904-1963] fue uno de los grandes reporteros de todos los tiempos y un héroe para la mayoría de los periodistas estadounidenses. Además de cubrir la Segunda Guerra Mundial, Liebling fue también un fanático del boxeo, las carreras de caballos y la gastronomía. A finales de los cuarenta, criticó enérgicamente las actividades del Comité de Actividades Antinorteamericanas. Murió de bronconeumonía con apenas 59 años. Su archivo se conserva en la Universidad de Cornell.