Una mujer valiente

por | 05 abril, 2022 | A babor

No conozco personalmente a Natalia Karpukhina, la mujer ucraniana que logró convencer hace un par de semanas a la alcaldesa de La Oliva, Pilar González y se trajo de Ucrania a una veintena de menores, a los que rescató de un orfanato a las afueras de Kiev. Los niños ya están escolarizados y permanecen acogidos en el albergue  municipal de Lajares, todo en orden. Natalia y su marido –enrolado en la milicia ucrania desde el inicio de la guerra- son propietarios de una escuela de surf, que organiza campamentos para chicos de Europa Oriental. Muchos de los que han llegado en los últimos tiempos a Fuerteventura son niños ucranianos, polacos y rusos. Cuando las tropas de Putin comenzaron a entrar desde Bielorrusia hacia Kiev, algunas madres pidieron ayuda a Natalia, a la que conocían por ser anfitriona de las vacaciones surfistas de sus hijos, para que las ayudara a sacar a los críos del país en guerra y los pusiera a salvo en Fuerteventura. Natalia empezó por un grupo de huérfanos –a los que se trajo acompañados de sus monitores del orfanato- pero a esta mujer singular, alejar a más de veinte niños de la barbarie y la guerra, debió parecerle poca cosa.

Por eso, tras aquél primer viaje exitoso, quiso intentarlo de nuevo: no podía pedir más ayuda municipal, y decidió hablar con la responsable de menores, Iratxe Serrano, a la que aseguró –lo ha contado la propia Serrano- “que estaba buscando recursos alojativos en Fuerteventura y Gran Canaria y que tenía mucha presión de conocidos suyos de Ucrania para sacar a los niños”. El plan de Natalia era traer de Ucrania niños todas las semanas, si conseguía sitio donde alojarlos… Y según Serrano, le contó que pensaba recoger en Ucrania a 30 niños y niñas, traerlos en autobús y embarcarlos en Huelva en el ferri con destino a Canarias. La directora general debió alucinar con la determinación de esta mujer, tan distinta en su compromiso a lo que por aquí andamos acostumbrados. No sé si le dijo a Natalia que pensaba impedir que tuviera éxito en salvar más críos en peligro trayéndolos  a unas islas “colapsadas por el fenómeno migratorio”.

La cosa es que el 25 de marzo, tanto la directora general de Protección a la Infancia y la Familia, como la Delegación del Gobierno advirtieron al Ministerio de Interior que Natalia pretendía embarcar en Huelva y sin control legal, a esos niños ucranianos. No se cómo pensaba esta gente que alguien podría sortear el control legal en el embarque de 30 menores extranjeros en un puerto español, pero ante la incapacidad de Interior para hacer frente a un asunto que le era desconocido, y sobre el que no había ni documentos, ni órdenes, ni informes, esta sociedad nuestra, con su acusada tendencia al histerismo comenzó a exagerar y agigantar todo. Y se lió parda: la intención de Natalia fue inmediatamente puesta bajo sospecha por la Policía –lo ha contado a la prensa nacional Serrano-, y por los medios de comunicación, que comenzaron a poner en sintonía con la solidaridad activa de Natalia el episodio de la estación de Méndez Álvaro de Madrid, dónde hace unos días se detuvo con dos niñas a un sospechoso de trata. Es muy lógico pensar que alguien que ya ha sacado de Ucrania a veinte chicos y chicas con apoyo de su ayuntamiento, y además se ha reunido con el Gobierno regional para pedir sitio para traer a más, tenga intención de dedicarse a la pederastia. En fin, aquí premiamos las buenas acciones con sospechas.

El viaje en guagua de Natalia y sus chicos desde la guerra a Huelva nunca se produjo, quizá porque nadie estaba dispuesto a darle apoyo o cobertura, pero llevamos hablando del asunto varios días, especulando sobre las intenciones de una mujer noble y decente que renunció a la seguridad y la comodidad de su escuela de surf en una playa majorera para hacer lo que ella podía hacer. Y ahora, tras el ridículo ante el despliegue inútil de la Policía, la alarma creada y la semana que se ha tardado en esclarecer un asunto que pudo resolverse simplemente llamándola, la directora Serrano y la Delegación del Gobierno en Canarias se tiran los trastos a la cabeza.

Eso les retrata: Serrano ha dicho que activó todos los mecanismos para evitar que la guagua cargada de menores llegara a Canarias. Y enseña  un mensaje de la Delegación a su móvil diciendo que los chicos se perdieron en Huelva. Tampoco estaría mal pedir disculpas. Y darle las gracias a Natalia por hacer lo que nadie hace: preocuparse por los demás y actuar en consecuencia.