Un Gobierno roto

por | 22 abril, 2023 | A babor

Las ministras Belarra y Montero escuchan los aplausos de los diputados del PP durante la votación de la reforma de la Ley del ‘sólo sí es si’

El pasado miércoles por la tarde, justo un día antes de la aprobación por el Congreso de la reforma de la ley del ‘sólo sí es sí’, algo menos de un centenar de personas se manifestaron frente al Ministerio de Justicia en contra de la reforma. Lo hicieron detrás de una pancarta que decía ‘Libres y con derechos: el consentimiento no se toca’, en alusión a una supuesta supresión del consentimiento como elemento central de la Ley.  Los manifestantes coreaban gritos contra el PSOE por prestarse a un acuerdo de modificación apoyado por el PP que reincorpora la consideración de la violencia como elemento para poder elevar las condenas a los agresores sexuales, volviendo al subtipo agravado dentro del delito de agresión sexual, de tal forma que las penas sean más elevadas si hay violencia o intimidación, algo que para Unidas Podemos representa volver al modelo anterior. Lo que pretendía Podemos era que violencia e intimidación sean considerados solo agravantes y no un subtipo específico, una posición que también comparten los partidos independentistas ERC y Bildu.

Para la mayoría de los españoles, y para los dos grandes partidos tradicionales, de lo que se trataba era de evitar dejarse arrastrar a nuevas disquisiciones filosóficas o jurídicas y demostrar una voluntad clara de atajar el problema. Eso parecía lo razonable después de casi un millar de rebajas de pena y más de un centenar de excarcelaciones.

Victoria Rosell, en la protesta del miércoles frente al Ministerio de Justicia

La protesta frente al Ministerio de Justicia encabezada por Victoria Rosell, delegada del Gobierno contra la Violencia de Género, demuestra la esquizofrenia que este asunto ha llegado a provocar en el seno del Ejecutivo. Esta es probablemente la primera vez en la historia de la Democracia española que un miembro en activo del Gobierno de España participa en una concentración pública contra el propio Gobierno del que forma parte.

Sin duda, se trata de un asunto novedoso en las relaciones entre partidos que sostienen al Gobierno, pero aún así, no conviene sacarlo de contexto: este es también el primer Gobierno de coalición de la Democracia, y todo lo que ocurre en él -incluyendo las situaciones de conflicto- resulta más bien sorprendente y novedoso.

Tan novedoso como la ausencia por segunda vez de Pedro Sánchez el trámite parlamentario de la Ley (está vez en su reforma) o el espectáculo sorprendente de ver a los diputados del PSOE muy circunspectamente sentados en sus escaños sin esbozar un solo gesto de satisfacción tras la aprobación de la reforma, como si ellos hubieran sido los derrotados, mientras los populares aplaudían de pie y a rabiar la modificación legal de la Ley estrella -y estrellada- de la ministra Montero.

Para los diputados del PSOE que votaron en agosto de 2022 y sin dudarlo lo que sus jefes habían aprobado en consejo de Ministros, este cambio de parecer -forzado por el mismo Pedro Sánchez que permitió que la ley se aprobara-, supone un mal menor, aceptado básicamente para sortear el rechazo social a las reducciones de pena y excarcelaciones. Pero no ha sido plato de gusto para ellos.

Ahora de lo que se trata es de acelerar todos los pasos para que la ley se publique inmediatamente en el BOE y entre en vigor, y evitar que el goteo de rebajas de condena y excarcelaciones continúe.

Por desgracia, pueden durar aún muchos meses, producirse incluso durante estas inminentes elecciones o hasta en las próximas de diciembre. Porque la reforma de la ley no solo no se puede aplicar a quienes ya se han beneficiado de la de Montero. Tampoco o a los que hubieran pedido la reducción de penas antes de la aprobación de esta reforma. El goteo continuará durante los meses que la Justicia tarde en resolver las peticiones de revisión producidas previamente a la aprobación de la reforma.

El espectáculo del jueves, con un Gobierno partido por la mitad, y las dos ministras de Podemos vestidas gemelarmente con ternos morados, solitarias en el banco azul y en actitud de sufrimiento pasivo previo al sacrificio, permanecerá probablemente como un ícono más de esta legislatura de continuas novedades. Otro más, como la imagen de la jueza Rosell protestando contra el Gobierno al que pertenece. O la de la ministra Yolanda Díaz, que votó con sus colegas de Podemos probablemente antes de romper definitivamente con ellos.