Poemas y pamemas

por | 17 septiembre, 2021 | A babor

Solamente a alguien como Pedro Guerra se le podía ocurrir eso de entrevistar a políticos en su salsa, rodeados de tiburones y besugos. Ayer congregó a su propia parroquia y a la del PSOE grancanario frente a la megapecera (dicen que es la segunda o tercera más grande del mundo) que el empresario Kiessling consiguió levantar en el puerto de La Luz y de Las Palmas después de aguantar durante años un entero catálogo de rechazos, insultos e improperios. Hoy su ‘Poema del Mar’ es el mayor acuario del Atlántico Sur, visitado todos los años por centenares de miles de turistas y aficionados locales a los peces. El espacio frente al enorme acuario curvado -corazón de esta atracción-, fue elegido por el ‘Club Tiempo de Canarias’ para presentar El Presidente responde un formato amable y cordial que le encaja como un confortable guante a Ángel Víctor Torres, pontífice regional representante del socialismo agrario (pedanía de Arucas) y/o pesquero.

Ayer tarde, cómodo y relajado, Torres repasó dos años de una legislatura gafada por las malas nuevas y las malas elecciones. Las primeras no pueden achacarse sin maldad a este hombre resistente al estilo Sánchez, buenista como un Zapatero desatado, y afilado sólo por momentos, como un Alfonso Guerra de medianías, al que mantiene a buen recaudo hasta que le llenan la cachimba. Las segundas, las malas elecciones, son a veces fruto de la necesidad, y otras veces de la inexperiencia o la ausencia de criterio. Torres tuvo que lidiar con gente peligrosa cuando montó su floral Gobierno de izquierdas: entregó más poder del que era necesario a Román Rodriguez y ha tenido que pedirle a su pupilo Olivera que cree una ‘Hacienda paralela’, que encarga sondeos repetidos, una suerte de sociobarómetro de andar por casa, agasaja empresarios y pide informes clónicos de los que Fermín le pasa a Román. Y también se equivocó Torres con los nombramientos de las consejeras de Sanidad, Educación y Derechos Sociales. Las dos primeras se las quitó de encima, tras un calvario de quejas, ineficacias y conspiraciones, y a la tercera la mantiene contra viento y marea en ese antro agit-pro en el que entre doña Noemi y su segundo Montero han convertido Derechos Sociales. Y hasta la defiende galantemente, para evitar que la irritable Santana le monte un cisma en el parterre, al primer descuido. Ayer reconoció que la consejera se había equivocado “como tú y cómo yo”, le esperó a Pedro Guerra. Exageró muy a la baja.

Especialista en respuestas de laaaaaaargo recorrido, a Torres le gustaría sin duda salir de la pandemia con su gobierno progresista indemne. Pero no va a sacrificarse él en el intento… Dicen que guarda desde hace unos meses dos ceses ya redactados en la gaveta de su escritorio, para alegría y contento de su socio Curbelo, alter egode cámara y mentor suyo por la gracia del voto gomero. Preguntado también por los ceses, don Ángel lo resolvió con un par de bromas y unas risas. Y no pidió luego una tapa de calamares porque no era el sitio.

Hasta aquí, la descripción somera de cómo estuvo ayer el arranque de esta temporada, y luego un repaso a las cuatro ideas que barajó: la primera es que Canarias está mejor que hace un año. No cuesta nada darle la razón, pero tampoco eso significa mucho. La segunda es que este año contaremos seis millones de turistas y el próximo doce. Es un pronóstico. Ojalá acierte. La tercera, que el PSOE se equivocó forzando la salida de Casimiro. Tuvo un discretísimo reproche a José Miguel Pérez, por no haber mantenido en el redil al ‘compy Casimiro’ y a los palmeros que luego él recuperó magnánimamente. Como castigo por ser bueno, carga desde entonces con el dúo benahorita: el delegado Pestana y el secretario Jorge González, que pronto seguirá los pasos de Ábalos, camino del olvido.

La cuarta idea es de premio: los canarios no somos racistas, somos más tolerantes que otros porque somos hijos de mil leches y tenemos hasta un diputado al Congreso que llegó en patera. Jesús… menos mal que el presidente no es populista. Le aplaudimos (todos) con desigual entusiasmo.