Pobre Olivera

por | 18 marzo, 2022 | A babor

El último informe de Cáritas revela que 630.000 personas viven hoy en situación de exclusión en el Archipiélago. Tantísima gente en situación de pobreza y abandono parece un mentís contundente a ese mantra de la política de hoy, que asegura que la diferencia entre las políticas que hoy se aplican y las que se aplicaron en la crisis de 2008, es que “hoy no se deja a nadie atrás”. Esa es una presunción que no se compadece mucho con el hecho de que más de la cuarta parte de los canarios vivan en una situación bastante fastidiada, mientras nuestros gobernantes se llenan la boca con declaraciones sobre lo bien que se está haciendo todo, sobre todo si lo comparamos con lo mal que se hizo en la crisis anterior, cuando gobernaban otros. Esa ha sido, concretamente, la explicación que se le ha ocurrido al ‘hombre fuerte’ de Presidencia, el viceconsejero Olivera, cuando tras el Consejo de Gobierno, ha explicado a los periodistas que ha habido “datos mucho peores en crisis anteriores”. No se yo si Olivera tiene razón: según los datos de la misma entidad –Caritas- en su informe de 2014 sobre la situación de Canarias, el año anterior -2013, año álgido de la crisis del 2008-, la suma de personas en situación de exclusión moderada (14,2 por ciento de la población) y severa (10,9 por ciento), suponía un 25,1 por ciento, algo menos de lo que supone hoy. Los datos del año 2007, previos a la crisis, demuestran que -igual que ocurre ahora- la situación venía ya peliaguda, porque en ese momento, la exclusión social moderada y severa sumaba ya un 18,7 por ciento.

Pobreza y exclusión son estructurales en esta región, pero los datos de la crisis anterior, después de seis años, no eran mucho peores de lo que son ahora, sino algo mejores.

El problema de los discursos exculpatorios es que deben basarse en datos, y no en figuraciones o deseos, como ese cuento chino de que “no se ha dejado a nadie atrás”. Como ocurre siempre, se ha dejado atrás a los mismos, los que peor están, y además se ha empobrecido de una manera inmisericorde a las clases medias, a las que los Gobiernos –el nuestro el primero- siguen estrangulando con una corbata de impuestos e inflación. Probablemente la culpa de esta percepción de que todo va estupendamente y el Gobierno está todo el día pendiente de los más desfavorecidos, no sea ni del propio Olivera -que vaya racha de declaraciones poco acertadas lleva-, sino del ambiente de ‘exclusión positiva’ en el que viven hoy gran parte de nuestros dirigentes. Y es que hay distintas formas de vivir la exclusión: desde fuera del espacio social de la integración, afectados por la pobreza, la marginalidad, la enfermedad, la falta de vivienda o de escolarización, la imposibilidad de trabajar… o desde esa otra exclusión buscada, que es la de quienes eligen vivir fuera del espacio común, instalados en el disfrute de privilegios y canonjías, resultado de un reparto privado de los beneficios y público de los recursos, claramente injusto y desigual.

Es muy difícil resultar creíble cuando se inventan datos, y más difícil aún predicar cuando te han pillado hace apenas un par de  días con la boca llena, y no de declaraciones, sino de delicatessen. El viceconsejero Olivera, el mismo que hoy falsea los datos para que coincidan con lo que le interesa hacer creer, diciendo que las cosas están ahora mucho mejor que en otras crisis, es el que se gastó 15.000 euros, en pleno confinamiento, en ocho almuerzos con empresarios no especificados, en los que se pagó de media el cubierto a 187,25 euros en las comidas celebradas en la capital grancanaria en el Santa Catalina y algo más de 312 euros en las de Tenerife, en el elitista Club Oliver. No se si los 52 comensales que supuestamente participaron en estas ocho juergas gastronómicas se hincharon a beluga, Chateau d’Yquem y Dom Perignom, o es que les tomaron el pelo y le cobraron (al Gobierno, cuyos gastos pagamos todos), entre cinco y diez veces lo que vale un cubierto en un restaurante de lujo postinero.

Pedir resignación a los más olvidados y desatendidos de las islas, y hacerlo desde lo alto de alguna de esas ocho mesas montadas para repartirse (metafóricamente hablando) los fondos europeos, denota –más que cinismo- una evidente pobreza moral. Pobre Olivera.