Material humano desechable

por | 30 noviembre, 2024 | A babor

Cerdán y Montero en el 41 Congreso socialista

4.500 cargos públicos socialistas de conciencia afásica se rompían ayer las manos con fervor inusitado, aplaudiendo a rabiar a su jefe Pedro Sánchez, presentando como un triunfo su momento más bajo. Pero el atronador y sostenido aplauso del Salón principal del Palacio de Congresos de Sevilla se quedaba dentro. No llegaba a nadie fuera de los 4.500 privilegiados palmeros que ayer elegían el camino de la omertá colectiva y el apoyo a la jerarquía por encima de cualquier duda razonable, por encima de las sospechas y las pruebas, las declaraciones y las evidencias, el sentido común y la lógica. 4.500 felices tiralevitas, encantados de haberse conocido, conmovidos por pertenecer a la casta que dirige un partido que pierde elecciones, pero no deja de gobernar desde hace casi siete años.

Mientras los aplausos seguían dentro, el PSOE se deshacía con elegante discreción de su material humano ya inservible y desechable: los históricos que convirtieron al PSOE en parte imprescindible del paisaje político español, la leal disidencia interna, alejada por la dirección del cónclave de la cuarta legislatura triunfal, y con ellos el resto de material humano desechable que ocupa portadas e informativos estos días.

El primero, sin duda, Juan Lobato, que no cogerá el Ave para bajar a Sevilla después de declarar ayer mañana en el Supremo y explicar lo que dicen sus guasap con la Jefa del Gabinete del Jefe del Gabinete de Sánchez. Y dicen lo que se sabía que iban a decir: que Moncloa encargó a Lobato el uso de una carta del novio de Ayuso antes de que esta se publicara –tras la negativa de Lobato a usarla- en uno de esos periódicos digitales, de trinchera y tente tieso, que Sánchez calificaría de seudomedio, si no fuera de los suyos. Minutos después de la publicación, Lobato levantó su resistencia y pudo usar contra Ayuso la carta conocida por haber sido remitida antes por el envío de Moncloa. Una carta que toca ahora saber quién se la pasó a Moncloa desde la Fiscalía del Estado. Lobato se empleó con elegancia de desahuciado ante el Supremo, y abandonó el palacio judicial con una sentencia probablemente irónica: “los socialistas dicen la verdad y temen la Ley”. Por temor a la Ley, Lobato llevó los mensajes de Moncloa a la notaría, y eso le costó convertirse casi instantáneamente en material humano desechable.

La siguiente que asumirá en los próximos días ese rol, es precisamente Pilar Sánchez Acera, que fue quien le envió a Lobato el correo del novio de Ayuso a la Fiscalía, antes de que lo publicase ningún medio. Cuando lo hizo, era jefa de Gabinete de Oscar López, entonces director de Gabinete de Pedro Sánchez, ya hoy probable sucesor de Lobato al frente de la Federación Socialista Madrileña, por decisión digital de Pedro Sánchez.  Pilar, un personaje a la sombra de la sombra monclovita de Sánchez, es quien le mueve hasta el último papel desde la sala de control del sanchismo. Será muy probablemente citada a declarar como imputada por el Supremo. Y sólo se librará si canta quién le pasó la papela. Si lo hace el órdago subirá de nivel en Moncloa. Pero en Moncloa esperan que actúe como la militante socialista que es y proteja al hoy ministro Oscar López y a Sánchez. ¿Lo hará? En el PSOE se espera que sí, pero después de hacerlo se habrá convertido en sacrificable. Material amortizable.

Y luego está Cristina Álvarez, la directora de Programas de la Secretaría General de Presidencia del Gobierno de La Moncloa, la que le endosaron a Begoña Gómez para ayudarla en sus asuntos como señora de Sánchez, y se dedicó a llevarle los asuntos a la señora de Sánchez sus bisness relacionados con la cátedra de la Complutense. Álvarez se ha negado a declarar en el Senado, alegando que el juez Peinado le hará declarar como testigo en la causa contra Begoña. Estando el asunto judicializado, hay muy poco que se deba contar. Sus jefes, Begoña y Sánchez -imputada ella, testigo él-, decidieron no contestar a las preguntas del juez. Silencio absoluto ante Peinado. El problema es que Cristina se puede tragar un buen sapo si se obstina en no colaborar: la investigación en el juzgado 41 parece haber determinado que ella ha intervenido activamente en la gestión de la cátedra de Gómez, de la que su propia hermana Esther, también citada a declarar en el Senado, era además coordinadora. La familia, qué cosas.

Ambas dos, Cristina y Esther, se suman al catálogo de personal cuyo silencio es necesario ahora, pero cuya presencia será superflua inmediatamente después. Hagan lo que hagan, seguro que no recibirán nunca el aplauso agradecido o entusiasta o servil de los suyos. No recibirán ni un solitario aplauso por los servicios prestados.