Cuentas y cuentos

por | 01 diciembre, 2024 | A babor

Luc André Diouf, Nira Fierro y Kilian Sánchez. Tenerife se quedó fuera de la Ejecutiva federal.

Acostumbrados a las elecciones a la búlgara, algunos consideran importante que no votaran la ejecutiva de Pedro Sánchez el doble de delegados que lo hicieron en el anterior congreso. Y es que el que no se consuela es porque no quiere: que el 90 por ciento de quienes votaron en el cónclave sanchista lo hicieran a favor de la lista, demuestra con absoluta rotundidad que este PSOE no es ya el PSOE que hace cuarenta años le dobló el brazo a Felipe González a cuenta del abandono del marxismo, y provocó que renunciara a ser secretario general del partido (luego se dio el gusto de ganar por goleada), ni el que se rebeló contra el aparato que había logrado defenestrar a Sánchez por los pelos y lo devolvió también en volandas a la secretaría general en las primeras primarias que hubo. Este no es ya aquel PSOE de corrientes, familias ideológicas, personalidades, sensibilidades y baronías del que podía esperarse casi cualquier cosa. En este de ahora hasta se permiten presentar el cerrado respaldo de los delegados al secretario general, mejorando lo que en términos políticos es ya pura unanimidad.  Porque es verdad que al jefe no le votaron 103 delegados -94 votaron en blanco y hubo nueve que debieron escribir algún simpático improperio en la papeleta, que hubo que anular-, pero también dejaron de votarle 73 delegados que ni siquiera se molestaron en ir y depositar su voto. En unas elecciones normales la abstención suele ser el ‘voto’ de aquellos a los que no les interesa la política o están asqueados por ella. En el Congreso de un partido, después de lo que cuesta colocarse como delegado o compromisario, la abstención es una forma bien discreta de decir que no se está de acuerdo con lo que pasa. O sea, que fueron 73 más de los que se cuentan, en total el 16 por ciento. Y lo que sale sigue siendo una aplastante mayoría sanchista. Que no se cuenten las abstenciones dice más de la obsesión de Sánchez de presentar su PSOE como un partido al que el único grano que le ha salido es el de García-Page. Y eso no es del todo cierto: hay más granos por ahí. Pero ni se les elige como delegados, ni ya se les invita al congreso.

El sistema de lista mayoritaria que hoy rige la selección de las candidaturas a delegados, ha eliminado completamente el sentido del voto proporcional para acudir a los congresos. Antes de que al PSOE le diera por copiar el sistema de primarias a los demócratas estadounidenses, las listas se montaban en base a acuerdos entre las distintas corrientes, y cuando no se daban esos acuerdos, el sistema de voto era proporcional, de tal forma que la lista resultante quedaba integrada por representantes de todos los grupos. Con el sistema actual, la lista que gana cuela a todos de golpe de la misma cuerda.

Es interesante como desde aquella promesa de campaña de Pedro Sánchez de “devolver el partido a los militantes”, los militantes cada vez pintan menos en el diseño de las estructuras internas del PSOE, en la selección de los candidatos –los nombra y decide el presidente del Gobierno- o en la determinación de qué ministro será nombrado mandamás en qué federación, o que secretario general regional será nombrado ministro. Sánchez ha creado un partido tan hecho a su imagen y semejanza, que para prosperar en el aparato, lo único que cuenta es ser de la cuerda de Sánchez.

En esta ocasión, la reducción de la ejecutiva del PSOE ha permitido una purga que ha dejado fuera a los castellano-manchegos de Page, y que ha traído la sorpresa de sustituir en la secretaria federal de Sanidad, a la ex ministra Carolina Darias a la que han cambiado por el palmero Kilian Sánchez, que durante el Covid estuvo de director general de Sanidad con Torres. Podría ser un mensaje a Darias, que ha sonado alguna vez como posible sustituta de Torres. O podría ser sólo que no hubiera cama para tanta gente tras la reducción de la ejecutiva: a Nira Fierro, que estuvo en la Mesa del Congreso, la pintaban ya en la delegación canaria como flamante secretaria federal, pero se quedó fuera. Otra vez será. Pero Tenerife se queda fuera. Luc André Diouf si sigue en la Ejecutiva. Repitieron los leales de siempre, y entraron nuevos, como la delegada del Gobierno de Valencia, que promete dar más juego en lo del Dana.

En materia práctica el Congreso ha dado poco de sí: la esperada defensa a muerte y cierre de filas alrededor del conducator, sazonada con una nueva vuelta de tuerca al lawfare, esta vez a cargo de Cerdan, y un nuevo episodio de la pelea entre feministas y queer, que en el PSOE han ganado las feministas. Es una victoria pírrica después de cuatro años de leyes LGTBIQ+, que no sé yo si tendrá mucha marcha atrás. Parece más un dó de pecho del feminismo sociata frente al feminismo podemita, que no llegará muy lejos. También dio el Congreso para un apaño sobre financiación, con un texto que consigue colocar bilateral y multilateral en el mismo párrafo, que ya es decir. Y para rematar, el discurso de Sánchez con el anuncio fetén: va a crearse una empresa pública para construir las 200.000 viviendas que prometió. En todos los discursos es bueno meter un chiste.