“Apreta”

por | 29 noviembre, 2024 | A babor

El ministro Torres, aseguró ayer a los miembros de la comisión de investigación del Senado que no tiene ni ha tenido nunca relación alguna con Aldama. Sobre la acusación de Aldama de que Koldo le pidió de parte suya 50.000 euros, Torres ha respondido que no ocurrió: “rotundamente no”, ha dicho. Refiriéndose a sí mismo en tercera persona, se encaró con los senadores del PP y les dijo “no encontrarán jamás mensaje o llamada de teléfono en la que Ángel Víctor Torres ha pedido o solicitado comisión alguna; yo abomino de la corrupción”. Y remató asegurando que “si se demuestra, yo me marcho”.

Sinceramente, no creo que Torres pidiera nunca a Aldama dinero, ni personalmente ni a través de Koldo García. Si realmente ocurrió así, algo que anteayer negaba Koldo, probablemente fuera el mismo Koldo el que pidiera más dinero para quedárselo él. No será la primera vez en estas tramas comisionistas que el mensajero cobra peaje. Lo que sí parece evidente –eso resulta ya poco discutible- es que entre el entonces presidente del Gobierno de Canarias y el militante ejemplar de Sánchez, sí hubo algo muy parecido a una relación de confianza y cierta complicidad y afecto. Torres es un tipo campechano y relajado en el trato, al que le gusta dar abrazos y palmaditas y agarrar por el codo. A la foto de Torres saludando afectuosamente a Koldo en La Palma, con ocasión de la visita del entonces ministro Ábalos, hay que añadir las grabaciones de las conversaciones de Koldo, la familiaridad de sus guasaps al presidente, y el interés insistente con el que Koldo le ruega se ocupe de los pagos pendientes a las empresas de Aldama, o que se entreviste con el mosquetero García Tapia para montar el tingladete de los PCRs (Torres lo hizo, aunque lo negara cuando se le preguntó) o que aprete [sic] a quien haga falta apretar para que la operación de Tapia, cinco kilos de nuestros impuestos, saliera (que finalmente salió).

Resumiendo: no es, pues, la primera vez que Torres nos asegura muy rotundamente no haber tenido relación alguna con esta turbia trama de comisiones, y no haber decidido nada en ese comité sin actas en el que sigue insistiendo que jamás se decidió las empresas a las que se adjudicaba (volvió a decirlo ayer en el Senado), y no haber mediado jamás ni apretado a favor de nadie.

Y yo en eso no le creo. No le creo porque Torres se ha caracterizado siempre, además de por ser un tipo campechano y agradable, por ser un político extraordinariamente obediente a sus jefes. Es probable que cuando Koldo le mandaba mensajes apremiantes y le pedía: “apreta”, no lo mandara a freír gárgaras porque Koldo era el portavoz de Ábalos, y Ábalos el ministro plenipotenciario y secretario de organización del PSOE, el hombre más cercano al presidente Sánchez. Cuando ocurrieron lo que ahora sabemos que fueron desmanes sin cuento, Torres probablemente pensaba que lo que hacía era seguir fielmente las instrucciones de la jerarquía. Y conste que no digo que actuara engañado. Digo que no tenía necesariamente porque saber que detrás de los apremios de Koldo en su guasap, de su cita con Tapias o de otros asuntos sabrosos de ese tiempo, lo que se escondía era una monumental operación extractiva.

Pero Torres nos mintió después. Lo hizo –supongo que para protegerse-, cuando se dio cuenta de lo que realmente había pasado. Y por supuesto que se dio cuenta: de tonto no tiene un pelo. Antes de este rotundo no suyo en el Senado, hubo otras respuestas igualmente contundentes: la de no haber hablado jamás con ninguna empresa, o la de no haber participado jamás en las decisiones de adjudicación –las preñó el Espíritu Santo-, o la de no haberse reunido jamás con el señor al que no le ponía cara, y algunas otras que supongo que se irán sabiendo, cuando salten otras grabaciones, otras conversaciones, o cuando algún imputado decida seguir el ejemplo de Áldama y pactar con Anticorrupción una rebajita por colaborar con la Justicia.

No dudo que Torres puede abominar de la corrupción, pero es muy probable que colaborara para que Koldo y Aldama y Ábalos y Tapia (y quizá algunos otros) se embolsaran algunos millones. Él dice que jamás aparecerá “mensaje o llamada de teléfono” en la que se le escuche a él pidiendo mordidas, y yo también creo que eso no va a aparecer nunca. Pero su credibilidad no va a recuperarse fácilmente.

La presunción de inocencia es un derecho constitucional, que asiste a cualquier ciudadano e impide que pueda ser empurado sin pruebas y sin un juicio. Pero no es un mandato que nos obligue a renunciar al sentido común o a la sospecha.

Y una última, que explica por dónde andan aún mentalmente los protagonistas de esta turbia historieta de los estertores del sanchismo. Torres dice que si se descubre algo que le impute como solicitante de comisiones, se irá. Hombre, no. Eso no funciona así: más bien tendrá que pasar por un juicio, y quizá acabe mal. Ojalá no ocurra así.