Más pobres aún

por | 21 septiembre, 2023 | A babor

José Carlos Francisco es hoy el presidente del Consejo Económico y Social, y su currículo constituye todo un paseo por los vericuetos del poder económico del archipiélago: se licenció en La Laguna en Económicas y Empresariales, especializándose en economía monetaria y financiera en el Banco de España, convirtiéndose en profesor de la ULL, pero acabó vinculado a la CEOE de Tenerife, de donde saltó al Cabildo, para ejercer como responsable de Hacienda y Presupuestos y presidente del Hospital Universitario de Canarias. No es de extrañar que cuando Manuel Hermoso lo incorporó al Gobierno de Canarias fuera nuevamente como consejero de Hacienda, puesto que ocupó hasta pasar a ser consejero de Sanidad con Adán Martín en la presidencia. Tras dejar el Gobierno, fundó la consultoría Corporación 5, asumió el mando en plaza en CEOE, que presidió una docena de años, hasta ser nombrado por Ángel Víctor Torres presidente del Consejo Económico y Social. Ha sido también presidente de SODECAN y de PROEXCA, dos de las empresas clave del Gobierno regional, y coordinó el plan estratégico de Tenerife y el de Desarrollo de Canarias.

Extraordinariamente bien conectado al poder económico y financiero, Francisco ha participado en casi todas las grandes decisiones importantes de los últimos treinta años, unas veces desde el poder político, otras desde el poder económico. De talante liberal, es un personaje con pulsión intelectual, que ha demostrado con la publicación de media docena de libros en los que aúna conocimiento de la economía y pasión por el análisis y la prospectiva. En el más reciente de ellos, Canarias se aleja de Europa, demuestra que las islas han retrocedido en los últimos 24 años, perdiendo los avances que habían acercado su renta media a la de Europa. El libro relata el colosal esfuerzo realizado durante los años finales del pasado siglo para lograr que Canarias superara el umbral del 75 por ciento de renta per cápita media europea y pasara a situarse entre las regiones del denominado Objetivo 2.

Desde entonces, las cosas han cambiado a mal, y la Unión Europea prevé que en la próxima década se produzca una caída terrorífica de la renta media canaria, que podría reducirse hasta diez puntos, situándose más de un tercio por debajo de la media continental. Las razones de esa caída en picado de la renta han sido reiteradamente explicadas por Francisco: una productividad muy alejada de los estándares europeos, que provoca una reducción acusada de la competitividad de las empresas isleñas, y unos salarios significativamente más reducidos que los del resto de europeos y españoles. Mientras Canarias se lanza en picado hacia una situación social y económica similar a la de los años 70 y principios de los 80, la renta media española crece dos puntos, reduciendo el diferencial negativo que separa los salarios españoles de los europeos.

La preocupación de Francisco, y sus pronósticos más negros ante un retroceso empobrecedor de la economía, y el retorno a sociedades más desiguales e injustas, fue corroborado ayer por José Miguel González, su sucesor al frente de la dirección de Corporación 5, al anunciar las previsiones europeas para la economía insular en la próxima década, que coinciden con la de Francisco. González, hasta hace pocos años responsable del Gabinete Técnico de Comisiones Obreras, es un economista lúcido y con un intachable pedigrí sindical, un hombre sinceramente preocupado por el avance de la pobreza en las islas, que comparte diagnóstico con Francisco sobre el bajo nivel de ejecución de los fondos europeos en las islas, en un momento en el que el retroceso de nuestra economía nos conduce a un aumento sustancial de la pobreza y la desigualdad.

El problema, puesto de manifiesto ayer en las jornadas Conecta Canarias-Europa que se celebran en el Parlamento de Canarias, es que nadie parece demasiado interesado en la que nos puede caer encima en pocos años. Ni el retroceso de la productividad del archipiélago, ni la pobre ejecución de los fondos, ni siquiera el bloqueo constante de una burocracia incapaz de aprovechar las oportunidades que suponen los fondos liberados para frenar el impacto económico de la pandemia, figuran entre las preocupaciones de nuestros actuales dirigentes, más preocupados por usufructuar el poder que por ejercerlo.

La mayoría de los canarios de hoy no recuerdan lo que eran las islas en los años 70 y 80: pobreza generalizada, subdesarrollo, injusticia social, alfabetización deficiente, una sanidad ineficaz… esa Canarias con ricos muy ricos y pobres de solemnidad es la que podemos encontrarnos a la vuelta de una década si esta gente que nos manda no se pone de una vez las pilas.