La sonrisa de La Gioconda

por | 12 enero, 2021 | Crónicas canallas

La censura contra Acosta abre un buen agujero en el pacto floral forjado entre el PSOE, Nueva Canarias y Podemos, para desalojar a Coalición Canaria del Gobierno y de las principales corporaciones locales de las islas

Para sus citas políticas en Las Palmas, Román Rodríguez suele utilizar un italiano discreto y molón -La Gioconda- cercano a su domicilio en Ciudad Jardín. El martes lo pillaron con Enrique Arriaga y Ruymán Rodríguez, de Ciudadanos, en un almuerzo que ha provocado bastante revuelo. Ciudadanos tiene un par de asuntos en conflicto con Nueva Canarias, tanto en San Bartolomé de Tirajana, como en Tacoronte, donde Nueva Canarias cerró un acuerdo time-sharing con el PSOE, frente a la ganadora de las elecciones, una ex edil de Coalición Canaria, Virginia Bacallado, que se presentó por Ciudadanos. Recuperar Tacoronte es importante para Arriaga, y más ahora que el PSOE de Tenerife cedió a una exigencia suya y expulsó a parte de sus concejales en el municipio tinerfeño, porque desobedecieron la instrucción recibida de pactar con Bacallado, y lo hicieron con Nueva Canarias. La política es a veces una materia oscura: Carlos Medina y los suyos fueron expulsados del PSOE por pactar en Tacoronte lo mismo que Torres pactó en Canarias. Y es que –desde que cerró su acuerdo con Pedro Martín- Arriaga manda bastante en Tenerife. Y ahora quiere mandar más. En toda Canarias.

Tras ser trincado in fraganti, acompañado por Ruyman Rodríguez, uno de los pocos tíos que consiguen sacar de quicio a Antonio Morales (la guerra que tiene montada Ruymán con Morales a cuenta de Karel Mark Chichon va a dar mucho de sí) Arriaga explicó ayer que ellos se reunieron con Román y Carmelo Ramírez (eso debe tener pero que muy contento a Morales), para hablar de esos asuntos pendientes de San Bartolomé y Tacoronte, y probablemente lo hicieran. Lo que ocurre es que cuando cuatro políticos se sientan en torno a una mesa, lo más probable es que se hable de todo. Y en este caso, el todo del que procedía hablar tiene nombre de mujer: Sandra.

Sandra Domínguez, concretamente, diputada díscola del grupo parlamentario de Nueva Canarias, y presidenta de las Asambleas Municipales de Fuerteventura, un grupo de nacionalistas majoreros surgido a finales de la pasada legislatura, que agrupa a escindidos de Coalición Canaria-Asamblea Majorera, varios de ellos enfrentados desde hace años con Mario Cabrera. Antes de las últimas elecciones locales, Sandra Domínguez cerró un acuerdo con Nueva Canarias para apoyarse mutuamente en las elecciones regionales y locales, y a cambio encabezó la candidatura conjunta de Nueva Canarias y las Asambleas Municipales, aportando un buen puñado de votos majoreros que permitió a Román Rodríguez hacerse con un escaño en Fuerteventura (el que ocupa Sandra) y colocarse con tres consejeros en el Cabildo, uno de Nueva Canarias, uno de las Asambleas Municipales de Sandra, y otro de la Unión de Betancuria. Con esos votos, Román pactó con el PSOE una censura en el Cabildo para desbancar a Coalición Canaria, que dio la presidencia al candidato del PSOE, Blas Acosta, y la vicepresidencia a su hombre en la isla, Alejandro Moreno.

Román repitió en 2019 en Fuerteventura su tradicional política de acuerdos preelectorales con partidos o agrupaciones locales, y cerró sus candidaturas con escindidos de Coalición Canaria y con grupos municipales como el de Betancuria. Los resultados de esa política de acuerdos siempre le han permitido a Román presentar mejores resultados de los que obtendría si fuera en solitario, pero suelen generarle alianzas muy complicadas de sostener en el tiempo. Ahora, año y medio después de las elecciones municipales, a Román se le han soliviantado sus aliados majoreros. Y no es la primera  vez que eso le ocurre.

En el Cabildo de Fuerteventura le han montado una operación para colocar a Blas Acosta en el banquillo, que cuenta con el apoyo de las Asambleas Municipales de Sandra –diputada en el grupo Nueva Canarias, ya se dijo- y del alcalde de Betancuria, Marcelino Cerdeña. El pasado 26 de diciembre, Sandra se reunió con María Australia Navarro y Fernando Clavijo y con los jefes locales del PP y Coalición en Fuerteventura, Fernando Enseñat y Mario Cabrera, y cerraron un acuerdo –firmado y todo- para meterle una moción de censura por la escuadra al socialista Acosta, devolviéndole la operación que el mismo Acosta –un tipo hábil y correoso, de la cuerda de Ángel Víctor  Torres, pero menos sonriente- le montó hace año y medio a la ganadora de las elecciones insulares, la coalicionera Lola García.

La censura contra Acosta abre un buen agujero en el pacto floral forjado entre el PSOE, Nueva Canarias y Podemos, para desalojar a Coalición Canaria del Gobierno y de las principales corporaciones locales de las islas, pero es que además –si llega a salir- implica importantes cambios –incluso de alcaldía- en Puerto del Rosario, Pájara y Tuineje. La operación de censura a Blas Acosta precisaba como paso previo la dimisión como consejero del Cabildo del alcalde de Betancuria, Marcelino Cerdeña, que ya se produjo, para que Sandra se convierta en consejera del Cabildo y opte a vicepresidenta de la corporación, que pasaría a presidir su colega de partido, Sergio Lloret. Para que eso suceda tiene que retirarse el cabeza de lista de Nueva Canarias, Alejandro Moreno, actual vicepresidente del Cabildo con Acosta, que encabezó la candidatura, y es por tanto la primera opción para ser votado presidente. Moreno ya ha dicho que nones, que él no se va a su casa, aunque estaría dispuesto a aceptar la presidencia en sustitución de Acosta. O sea, que desleal sí, si hace falta, pero tonto no.

La situación en Fuerteventura se encuentra por eso en un impasse extraño, pero lo que parece seguro es que si Moreno no facilita la censura contra Acosta, Sandra romperá con Nueva Canarias y abandonará la mayoría que sostiene al Gobierno regional, integrándose probablemente en el grupo mixto del Parlamento de Canarias, donde pacen los diputados de Ciudadanos.

Y aquí volvemos a los asuntos de interés entre Román Rodríguez y Arriaga que llevaron a Ruymán Rodríguez y Carmelo Ramírez a ponerse buena cara y compartir menú en La Gioconda. Si Román pierde un escaño, y eso parece bastante cantado, la mayoría que sostiene a Torres depende de lo que haga Curbelo, pero también de que en Ciudadanos no se le mueva ninguno de sus dos diputados, Vidina Espino o Ricardo Fernández de la Puente. Curbelo es completamente incontrolable: hará siempre lo que a él le pluja, pero no hará nada si no tiene la certeza de quedar al final en el equipo que gane. No moverá nada contra Torres si no está absolutamente seguro de que seguirá colocado y mandando en el Gobierno. Y aun estando seguro de eso, se lo va pensará muy mucho. En Ciudadanos la situación es más compleja, porque sus dos diputados hacen de su capa un sayo. El grupo parlamentario mixto, tiene hoy (a la espera de un posible aterrizaje de la majorera Sandra) dos señorías que actúan bastante a su aire. La periodista Espino se opuso a la reelección de Fernando Clavijo, entonces imputado por el ‘caso Grúas’, del que sería exculpado por el Supremo, y precipitó su presidencial caída. Pero Clavijo anda ahora por el Senado, pendiente de los trasiegos del ‘caso Reparos’, que Santiago Pérez intenta extender hasta las próximas elecciones, y ya no es candidato a nada. Espino tiene buenos amigos en el PP, pero hasta ahora siempre se ha mantenido fiel a la muy cambiante ortodoxia de la dirección de su partido. Hay quien dice que la dirección de Ciudadanos estaría dispuesta a apoyar una censura contra Torres a cambio de que los censurantes saquen a la insoportable Melissa Rodríguez de Madrid y le den un puestito en el Gobierno. A mí no me parece motivo serio para que Ciudadanos apoye una censura a un presidente del PSOE. Es más probable que si apoyan una censura a Torres será porque el PP lo pida. A fin de cuentas, lo más seguro es que los que mandan –los Cuadrado, los Espejo, doña Inés…- o decidan seguir el camino de Lorena Roldán o practiquen ritualmente un seppuku colectivo. Y luego está Ricardo Fernández de la Puente, ex viceconsejero de Paulino Rivero, un señor independiente que no necesita la política para vivir, porque es rico por su matrimonio con una tinerfeña muuuuuy pero que muuuuuy de derechas, aunque ahora anda el hombre seducido por el viceconsejero más cercano a Torres, Antonio Olivera, que desde hace meses le trata con la atención y mimo con la que uno se leería un informe de Renta 4.

Podría ser que Román se hubiera reunido con Arriaga para que ponga orden en ese rebaño y garantice que en Ciudadanos no se mueve nadie. Porque si no se mueve nadie en Ciudadanos, Curbelo se quedará también quieto. Arriaga y Ruymán aseguran que fueron a La Gioconda a tratar de otros asuntos. Yo creo que también. (También de otros, además de esos, quiero decir). Y falta por saber qué hará Sandra. De momento, dicen que sonríe.