La culpa   

por | 30 diciembre, 2022 | A babor

Diez mujeres asesinadas en el diciembre más feminicida que se recuerda. Y la reacción del Gobierno, la de siempre que hay problemas: la división y la bronca interna, formalizada en un nuevo enfrentamiento entre los dos partidos que se reparten el Gobierno, decididos a culparse mutuamente de una decena de muertes de mujeres de las que sólo los asesinos tienen la culpa. Tras la reunión del comité de crisis convocado por Victoria Rosell para hacer autocrítica y proclamar que la hacen (la autocrítica está muy bien, pero no sé yo en que ayuda eso a las mujeres asesinadas), desde Podemos se ha optado por responsabilizar del aumento de asesinatos a los ministerios socialistas de Interior y Justicia.

La crítica de una parte del Gobierno a la otra se produce tras la reunión de ese comité, una instancia del departamento de Igualdad en la que participan todos los actores implicados en la lucha contra la violencia machista, que se reúne cuando se acumulan más de cinco asesinatos de mujeres en un periodo pequeño de tiempo. El comité se reunió el miércoles, cuando los casos eran aún ocho. Ayer ya sumaban diez, en una dramática e inexplicable espiral que sólo puede producir frustración ante la incapacidad de las políticas destinadas a evitar la violencia contra las mujeres, a pesar del esfuerzo presupuestario, educativo, publicitario, judicial y policial, que se realiza desde hace años para prevenir –con escaso éxito- los asesinatos. El comité de crisis no tiene funciones ejecutivas, es otro de esos organismos que proliferan en la administración actual, destinado en este caso a paliar el impacto emocional que causa en el Gobierno y sus servicios el fracaso en la prevención.

La conclusión de la reunión del miércoles pasado es que la mitad de mujeres asesinadas había presentado denuncia previa, y eso obliga a revisar los procedimientos. Rosell pidió extremar la revisión y revisar el funcionamiento del Sistema de Seguimiento Integral de los casos de violencia machista: “las víctimas solicitaron ayuda; algunos agresores no era el primer caso… Tenemos que analizar la información que nos llega”. Pero con los medios actuales es imposible actuar en todos los casos. Más de 31.000 mujeres han sido incorporadas al Sistema VioGén por haber sufrido malos tratos, de ellas 700 en riesgo alto de volver a sufrirlos, y 17 en riesgo extremo. Ambas categorías implican un reforzamiento de las medidas de protección, pero el sistema es bastante falible. Los diez casos de este mes, varios de ellos incorporados al sistema, demuestran que no las soluciones no son fáciles ni milagrosas, ni dependen sólo de la voluntad de acabar con los crímenes de género. El ministro Marlaska contestó educadamente a Roselll que todos las políticas y los protocolos son mejorables y que “en eso estamos”. El PSOE prefirió que fuera una mujer, la ministra de Defensa, la que replicara más ácidamente a Podemos, recordando que la responsabilidad del gobierno es compartida: “Yo no estoy de acuerdo con lo que dice Unidas Podemos”, aseguró. Y luego metió el dedo en la herida que más duele en Igualdad: “Quizá la ley del ‘sí es sí’ tampoco ha dado una respuesta adecuada a la situación”. Remató con un axioma que suscribiría cualquier persona con dos dedos de frente: “no es bueno echar la culpa a nadie”, dijo. Y no lo es. Solo sirve para desviar la atención del hecho de que las leyes y el dinero no sirven para acabar con comportamientos salvajes y atávicos.

Sociedades más avanzadas que la nuestra, donde la búsqueda de la igualdad entre hombres y mujeres es desde hace muchos años seña de identidad de todas las políticas, no han logrado erradicar los asesinatos de mujeres. Es muy difícil dar con mecanismos efectivos, e imposible tener garantías. Pero lo que está muy claro es que achacar la responsabilidad de lo que ocurre a otros, o buscar explicaciones ridículamente ideológicas a la existencia del abuso, la maldad o el crimen, no contribuye a evitar muertes. Solo sirve para evitar asumir nuestra limitación como sociedad para hacer frente a la barbarie.