Julito y don Julio hacen duo

por | 22 julio, 2026 | A babor

Los dos Julio Martínez: el CEO de Plus Ultra y el testaferro de Zapatero, durante su declaración en el Senado.

Es frecuente en las investigaciones judiciales, que llegue un momento en el que el caso deja de depender únicamente de documentos, transferencias bancarias o informes policiales y empieza a sostenerse sobre algo distinto y mucho más peligroso para quienes están siendo investigados: las declaraciones de quienes participaron en los hechos. Y no porque esas declaraciones sean automáticamente ciertas, sino porque obligan a comprobarlas. Cuando varios protagonistas diferentes comienzan a cantar una melodía coincidente, el escenario tiende a vibrar. Y el público se entusiasma. A veces radicalmente.

Eso es precisamente lo que está ocurriendo en la investigación sobre el rescate de Plus Ultra. La versión oficial, suscrita todavía hoy contra viento y marea por Moncloa y Ferraz, es que la ayuda de 53 millones de euros concedida por la SEPI responde a criterios exclusivamente técnicos, y que la relación de Zapatero con la compañía, forma parte del legítimo ejercicio de actividades privadas.

Ahora, parte de los investigados han decidido copiar a Aldama y colaborar con la Justicia, a ver qué sacan. El lunes, mientras España celebraba el Mundial a cascaporro, una carta al juez de Julio Martínez –Julito-, comenzaba el desmontaje de todas las excusas y protecciones: la epístola del arrepentido iniciaba un cambio de relato que empieza a imponerse y resulta muy diferente del oficial.

El amigo y testaferro de Zapatero, ha empezado por reconocer lo obvio, que es el testaferro de Zapatero, y lo es desde que Javier de Paz -toda una carrera, de la secretaría general de las Juventudes Socialistas hasta Telefónica sin bajarse del coche oficial- los presentó y les explicó como montar un chiringuito -Análisis Relevante- para forrarse sin dejar rastro. Por eso no figura Zapatero en el accionariado de la empresa de la que era propietario en la sombra y principal proveedor de clientes. Julito reconoció ante el juez que Análisis Relevante sirvió para canalizar los pagos destinados a Zapatero por su intervención en favor del rescate de Plus Ultra y otros bisneos. Ha descrito una estructura diseñada para ocultar el destino final del dinero y ha asegurado que, cuando la investigación empezó a generar atención mediática, se decidió modificar el circuito de los pagos para reducir riesgos.

Entre su carta y su primer día ante el juez Calama, Julito ha asumido su rol de correveidile de ex presidente, y ha cantado casi todo lo que se esperaba de él, pero no todo. Dice no saber que apoyos tenía Zapatero para lograr convencer al Gobierno de aprobar el rescate. Se guarda la bala de oro, por si fuera menester usarla. Y de momento, se limita a señalar a Zapatero, convertido de pronto en muerto viviente, sostenido aún por el aliento del que pudiera ser el próximo en caer. Julito ha jurado en sede judicial que Zapatero participó personalmente en el rescate de Plus Ultra con dinero público, que cobró una mordida del uno por ciento –más de medio kilo- tirando de facturas por servicios no prestados, que usó a sus góticas para facturar maquetaciones como informes de premio Nobel, que ha mentido al juez, ha engañado al Senado y se ha reído de sus votantes. Y además se ha quedado con las joyas de la abuela y la mina de oro de Delcy Rodríguez.

Pero Julito no va de solista.

El máximo responsable de Plus Ultra –otro Julio Martínez, éste CEO de la compañía madura– también quiere colaborar a cambio de no pisar trena y ha empezado reconociendo haber recurrido a Zapatero para facilitar la obtención del rescate, calificando incluso el pago de la comisión como una medida desesperada para salvar su empresa. Ha contado que Zapatero se comprometió con él a rescatar Plus Ultra, a cambio de la mordida que ya cobró. Y que su tocayo Julito era el recaudador de una pasta que acabó en los bolsillos de Zapatero y las cuentas de sus hijas. Lo ha escrito el CEO de Plus Ultra y se lo ha enviado al mismo juez Calama.

Resulta muy difícil hacerse el longui cuando distintos protagonistas coinciden con los en elementos esenciales del mismo relato. Es cierto que colaborar con la Justicia no convierte automáticamente a nadie en testigo fiable. Quien busca reducir una eventual condena tiene un interés personal, y sus afirmaciones deben analizarse con especial prudencia. Pero no pueden despacharse como simples invenciones, cuando más gente investigada recorre el mismo camino y todo empieza a encajar. Zapatero –presunto inocente- está ya kaput. No escapa. No hay estrategia de defensa que se sostenga contra la marea de la verdad. Y cuando el primero rompe el silencio, rara vez es el último. Antes de que acabe este año, los solistas serán cámara, la cámara coro y el coro orquesta. La omertá se deshace y el lawfare pincha. Esto no ha hecho sino empezar.