‘In & Out’: de como deshojar una margarita sin comerse los pétalos

por | 28 noviembre, 1999 | Gran Pantalla

En realidad, In & Out (dentro o fuera) es una película sobre la indecisión. Lo que quiere saber el protagonista es si se queda dentro o fuera, como le ocurre a Soria. Y durante un tiempo le asalta la duda, mismamente como un Hamlet, sólo que el príncipe de Dinamarca se piensa la cuestión crítica mirando las vacías cuencas de un cráneo lirondo y mondo, mientras el simpático profesor que interpreta Kelvin Klein se lo piensa deshojando un ramo de flores: el de su boda que no ha de consumarse.

A Soria le pega más lo del ramo del encantador y académico ‘gay’ de la película dirigida por Frank Oz, que el cráneo vacío de Hamlet, aunque si fuera por calaveras puestas a secar al sol, Soria tiene ya en su colección unas cuantas. La de Ignacio González (hijo), por ejemplo, es una de sus últimas adquisiciones. Pero en su entorno hay muchas más, incluso alguna pegada a un esqueleto que camina desde hace años a su lado y le guía por malas sendas financieras y mediáticas. En fin…


Una vez decidido que el alcalde Soria pasa perfectamente por protagonista de una divertida comedia con ribetes homófilos, la cuestión es que él mismo decida de una vez si se queda dentro o se queda fuera (del Gobierno), antes de que sean otros los que decidan por él. Por si le sirve a la hora de adoptar una decisión definitiva, el refranero está plagado de sentencias útiles. Una: asegura el dicho que «fuera hace mucho frío». Pero hay otro dicho castizo que también nos sirve, y es aquél de «ande yo caliente, ríase la gente». Soria tiene asegurada su alcaldía -dentro- por lo menos unos tres añitos y medio más. Quizá por eso seguramente le resulte indiferente que el resto del PP (sobre todo el PP instalado en el Gobierno) deba pasarse un tiempo -más o menos el mismo que él va a estar calentito y dentro- olímpicamente al frío de fuera.

Aún así, su decisión sobre la continuidad o no del PP en el Ejecutivo, no deja de ser una decisión difícil, en la que ha de influir más lo que puedan pensar de él sus colegas de partido que lo que pueda pensar el conjunto de la sociedad canaria. Después de casi siete años de estabilidad gubernamental apenas incordiada por algún menor lío ‘arrecifeño’, sería difícil entender que a pocos meses de las elecciones, venga un recién llegado a la política regional y se cargue el Gobierno porque dos diputados inidentificados (pero más que presunta y revoltosamente suyos) votaron en secreto en contra de una propuesta vergonzosa del PP para dejar fuera de los órganos parlamentarios de control al PSOE.

Ocurre que este asunto es sólo una pastelera excusa. A nadie le importa una higa la Audiencia de Cuentas de Canarias, una de las instituciones menos útiles y más politizadas de cuantas hay en el archipiélago, convertida por sus sucesivos rectores en un dócil circo de informes y contrainformes en los que la aritmética brilla por su ausencia y en la que el pasteleo con el Gobierno es la única regla contable. Si a nadie le ha importado nunca la Audiencia de Cuentas y su imposible prestigio, menos que a nadie le importa a Soria si el senador grancanario Carlos Ramírez será elegido auditor o no. Lo que Soria quiere es tener un motivo -el que sea- para justificar ante Génova una ruptura de relaciones con Coalición Canaria que Madrid no quiere consentir, al menos mientras Aznar no convoque las elecciones generales. Ya en dos ocasiones ha tenido que intervenir el secretario general del PP, Javier Arenas, para evitar que las agarradas alimentadas por Soria desde su elección como presidente nacional entre el PP canario y Coalición lleguen a ningún lado. El PP de esta región ha tenido que soportar la vergüenza y el escarnio público de que desde la central nacional del partido se inste al presidente canario a enmendarse a sí mismo la plana. Sucedió con todo aquel lastimoso asunto del escándalo ‘Aeromédica’ y volvió a suceder tras la sentencia del Tribunal supremo dando la razón al ministerio de Fomento en su recurso contra el sistema de contratación de la televisión autonómica.

Al final, cuando aquí no son capaces de entenderse, llega tío Arenas con las instrucciones y Soria se cuadra, ante el regocijo público de Mauricio, Rivero & Cía, convertidos en los únicos interlocutores fiables del PP nacional con Canarias. Soria ha patinado y vuelve a patinar, pero parece decidido a mantenerse en equilibrio o a estromparse contra una farola. Cualquier cosa antes que dar su brazo a torcer. Vale. Eso significa f-u-e-r-a. Pero entonces fuera de verdad. Lo que no es de recibo es que Soria, ahora con el apoyo de un Guigou mucho más dedicado a las peleítas de partido que a la viceconsejería de Pesca, cree problemas falsos cada dos por tres.

Porque en materia de dichos y refranes, hay más: por ejemplo, el que dice que tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe.

En la película de Oz, posiblemente la mejor filmada por el realizador americano hasta ahora, el profesor Howarr Brackett decide por fin ‘salir del armario’ justo antes de decirle sí a su novia en el mismísimo altar. Soria no debería esperar tanto. Que se case de una vez por todas con este Gobierno o que lo mande a tomar viento. Pero tanta ceremonia ante los medios de comunicación, tanto jugar en el límite mismo, empieza a resultar muy aburrido. Dentro o fuera, que Soria haga lo que quiera, que se decida. Pero ya está bien de pasarse el rato deshojando la margarita ante un público al que la ‘jodienda’ gubernamental del alcalde de Las Palmas se la trae cada vez más al fresco.

¿Se decidirá el alcalde Soría a salir del armario gubernamental? ¿Tendrá ‘lo que hay que tener’ para hacerle un buen corte de mangas a Javier Arenas y asumir su verdadera condición? La solución esta semana (o la próxima o la otra).