Fusión (fría)

por | 28 febrero, 2009 | Muy urgente

Es difícil no compartir la posición de Suárez del Toro, presidente de la Caja Insular, sobre la necesidad de explorar un proceso de fusión, integración o alianza operativa de las Cajas canarias, especialmente de las dos entidades con mayor implantación y volumen de operaciones. Su afirmación de que la cuestión está ya “sobre la mesa”, resuelta sin embargo sorprendente. Si lo está, CajaCanarias mantiene al respecto no sólo un absoluto mutismo, sino incluso un rechazo formal al hecho en sí, explicitado en comentarios y declaraciones de sus directivos, que siempre que hablan de un posible proceso de integración de ambas cajas, insisten en que la única vía posible es la de la ‘absorción’ de la Caja de Las Palmas por la de Tenerife, justificando esa fórmula en el mayor volumen de la Caja que preside Álvaro Arbelo. Una declaración bastante tramposa, porque plantear la fórmula desde la opción de la absorción bloquea el proceso de negociación desde su inicio.

En realidad, la respuesta tinerfeña –siempre en ‘off the record’, tiene más que ver con el hecho de que el asunto de la fusión ha sido –y es aún- considerado por los poderes fácticos de Tenerife como una cuestión absolutamente tabú.

La Caja tinerfeña estuvo en su etapa previa a la Ley de Cajas de Fernando Fernández próxima al PSOE, con dirigentes como el histórico Quintín Padrón o Diego Vega, pero desde que se produjo la primera democratización la han gobernado equipos muy próximos a ATI, tan próximos que podría decirse que quien ha gobernado la Caja, con el concierto pusilánime del PSOE, representado en sus órganos políticos, ha sido siempre ATI. Eso ha expuesto a la Caja tinerfeña, tocada por el crédito de Las Teresitas, por ejemplo.

La reciente incorporación a la presidencia de un hombre como Álvaro Arbelo, un profesional de la Caja que ha sido a lo largo de los últimos años su director general, no ha cambiado esa tendencia. La Caja tinerfeña, además de ser otras muchas cosas, es también el órgano del poder económico de ATI, renuente desde siempre a cualquier proceso de integración que modificara irremediablemente las relaciones de poder existentes en su Asamblea y en su Consejo, abriendo la entidad resultante de una hipotética fusión a otros aires.

       La mera declaración realizada por Suárez del Toro provocará sin duda mañana mismo (o a más tardar pasado, que mañana es domingo) el rechazo del tinerfeñismo recalcitrante y de su órgano de expresión. Pero nada de eso cambia el hecho de que las Cajas no pueden afrontar la situación de crisis financiera y económica en sus circunstancias actuales. En ese sentido, como bien ha dicho Suárez del Toro, la crisis es una oportunidad. En toda España se completan o inician en estos días procesos de integración de las Cajas, recomendados por la propia Confederación de Cajas, por el Banco de España y por las autoridades monetarias de todo el mundo.

Es cierto que las dos principales cajas de las islas sólo se parecen en su nombre comercial casi idéntico, pero la crisis económica las ha acercado: la de Tenerife sigue siendo más grande, con más implantación y más volumen de negocio, desde luego. Pero precisamente por eso, CajaCanarias está hoy, por primera vez en los últimos años, en una situación de más riesgo que la Caja de Las Palmas, cuya morosidad se sitúa actualmente algo por debajo de la media española.

Oponerse a lo que es inevitable es jugar con la perdición. La Caja tinerfeña lo sabe, y por eso su respuesta es doble: por un lado silencia o niega que ese asunto este sobre la mesa –en curiosa expresión de Suárez del Toro, que no aclara si existen o no negociaciones concretas- y mientras niega, gestiona en silencio otras opciones con entidades peninsulares a las que ya se ha tanteado.

La excelente posición de Arbelo –un profesional que se mueve por las directivas de la Confederación de Cajas como Pedro por su casa- y su capacidad de acercarse a otras entidades de fuera de Canarias podría depararnos alguna sorpresa. Arbelo estaría encantado de no depender de ATI, pero no a cambio de ceder poder en la Caja.

Por eso, aunque a la Caja de Tenerife le pudiera resultar de más interés un acuerdo con entidades de fuera de Canarias –perfectamente lícito, legítimo y justificable en términos económicos- no parece de recibo que no se intente hasta el último minuto la integración de las Cajas de la región.

Y es en ese sentido, en el que resulta asombroso el silencio del Gobierno, que a través del consejero Jorge Rodríguez, se ha negado a opinar sobre la posibilidad de una fusión, asegurando que el asunto no ha sido discutido por el Ejecutivo. ¿Es verdad que no lo ha hecho? ¿Es verdad que en medio de la crisis que sufren ambas entidades el Gobierno no tiene ninguna idea sobre el futuro de las Cajas que tutela? Si así fuera, sería otra demostración de que el Gobierno está tan ocupado de protegerle la espalda a sus miembros que se olvida de atender los asuntos realmente importantes para el futuro de de las islas.