¿Cuánto le queda a Larry?

por | 28 febrero, 2009 | Muy urgente

Se admiten apuestas: ¿durará Larry lo que queda de legislatura como presidente del Grupo Popular en el Cabildo? Mi apuesta es que el hombre no llega al Día de Canarias. La advertencia de María Australia Navarro a quienes no sintonicen con los nuevos aires del partido tiene nombre y apellidos, aunque ella no los pronunciara. El aviso que supuso el cese de Larry Álvarez como consejero de la Autoridad Portuaria de Las Palmas es tan obvia que no requiere demasiada lectura.

Me pregunto qué habrá pasada realmente entre Larry y Soria (o Soria y Larry) para que una tan sólida unidad de destino en lo universal se deshiciera y diera paso a esta monumental tirria. Y me contesto que la ruptura entre el rey y su vicario es una constante reiterada en la liturgia del poder. En Democracia, esas rupturas son más evidentes que en regímenes absolutistas o dictatoriales, y además suelen preceder a la caída o el agotamiento del mandamás. En la política cortesana los ejemplos son sobrados, casi diría que recurrentes, Adolfo Suárez cayó tras romper con Abril Martorell, Felipe González tras enfrentarse a Alfonso Guerra, Aznar después de quitarse de en medio a Álvarez Cascos… podría decirse que los políticos de primera fila requieren de un cancerbero dispuesto a dar la cara, aplicar los ‘ukasses’ del jefe y aguantar todos los golpes. Larry era eso e incluso mucho más. Y ahora Soria no tiene quien le defienda. No de la misma forma, al menos: no ha logrado encontrar un sustituto plausible para quien fuera su escudero, guardaespaldas y confidente.

Desde que Larry se vio en la oposición, alejado del Presupuesto y abandonado en el Cabildo y decidió entonces matar al padre y volar por su cuenta, algo sórdido y ominoso se instaló entre ambos: desde ese instante Larry –el gran perseguidor de antaño- se ha convertido en un perseguido, pero Soria no da el paso definitivo; sospecho que pretende lo imposible, quiere que parezca que es otro quien ejecuta la sentencia y descabeza a Larry de su última canongia.

Mientras tal cosa ocurre, -y ocurrirá más pronto que tarde- ambos ejecutan un extraño vals enviándose mensajes desde los medios -Larry por propia voz, Soria a través de terceros-, mensajes cifrados que sólo ellos dos entienden. Un híbrido de Shakesperare y Freud, si no resultara todo tan pedestre.