El viraje

por | 19 junio, 2023 | A babor

Luis Yeray Gutiérrez alcalde de La Laguna por el PSOE, comienza en minoría su segundo mandato

Vale: lo que nos traen los días después es una sensación similar a la de hace cuatro años, cuando las listas sumaron en dirección a la izquierda, y la derecha y el nacionalismo quedaron absolutamente fuera de todos los municipios donde no habían ganado por mayoría absoluta. Ahora la situación no es diferente: es exactamente la misma, pero al revés. Es lo que tiene la polarización y la política de bloques. En Gran Canaria el efecto de ese cambio ha sido sustancialmente menor por tres factores: el primero, el hecho de que Coalición no contara con los votos de Unidos por Gran Canaria, un error estratégico de extraordinaria importancia, futo del conflicto personal entre Bravo de Laguna hijo y Pablo Rodríguez, que no benefició a ninguno de los dos partidos. Ha provocado la desaparición de Unidos más allá del fortín de Santa Brígida, donde Bravo de Laguna padre, con apenas el 11,50 de los votos municipales, ha logrado una alcaldía muy menor, gracias al apoyo del PSOE. Si Coalición y Unidos hubieran sumado sus votos en Gran Canaria, los resultados habrían sido muy diferentes, y es un error que ya no tiene arreglo, porque Unidos no tiene fuelle para aguantar los próximos cuatro años fuera de Santa Brígida. Otro factor ha sido la resistencia de los grupos municipales y partidos que apoyan a Nueva Canarias, y que –a pesar de revolcones como el de Telde- ha frenado el crecimiento de la derecha en la isla. Pero el factor determinante ha sido –sin duda- la incapacidad del PP, dirigido desde Tenerife, para evitar que Vox se hiciera con una parte de su voto tradicional en Gran Canaria. Podría hablarse de errores en la definición de las listas, pero el fenómeno de crecimiento de Vox ha sido muy parecido al de Tenerife, lo que ocurre en que en Gran Canaria no salía la suma por la derecha. Supongo que en algún momento la izquierda habrá de plantearse por qué en Canarias, con un aumento importante de los votos de Vox, estos sólo han sido necesarios muy anecdóticamente.

El aguante de la mayoría de los alcaldes del PSOE, y la percepción errónea de una derrota por la mínima, vendida por un atribulado Torres aun lamiéndose las heridas, pueden hacer olvidar el hecho determinante de que Canarias ha girado a la derecha, como hace cuatro años giró hacia la izquierda. Las elecciones de alcalde del sábado certificaron esa situación, con el cierre de 87 municipios en los que –donde era posible- funcionó el pacto en cascada entre Coalición y el PP, con la excepción majorera y algunos desajustes en Tenerife –Granadilla y Güímar- compensado uno con el otro. En los próximos días serán los Cabildos, controlados todos menos el de Gran Canaria, por los partidos que han articulado el Gobierno. Una situación que se asemeja bastante –aunque al revés- a la surgida tras las elecciones de 2019. La cuestión ahora es plantearse si este cambio sustancial -y algo vertiginoso- del poder político en las islas es fruto de una anomalía –el rechazo ciudadano al sanchismo– o inaugurará tras las elecciones del 23 de julio el inicio de un ciclo conservador.

En Canarias, ese cambio de ciclo siempre se ha visto templado por la existencia de fuerzas moderadas como Coalición, Nueva Canarias y otras de carácter insular –AHI, AM, ASG-, con capacidad de conformar mayorías que no precisan de la ultraizquierda y la ultraderecha. Esa es una de las características definidoras del sistema político canario, creado precisamente como reacción de las fuerzas moderadas a las políticas del primer pacto de progreso de Jerónimo Saavedra en 1983, que provocó un fuerte rechazo en los sectores centristas y moderados de la sociedad isleña. Tras la derrota de Saavedra en 1987, la política canaria se ha venido moviendo entre mayorías municipales y cabildicias heterogéneas, y Gobiernos con altísima presencia insular –de las AIC o Coalición- que pactaban a veces a la derecha y a veces a la izquierda. Es falso que el cuarto de siglo de gobiernos de Coalición en Canarias haya estado marcado por el nacionalismo: todo lo contrario, durante los mandatos de mayoría nacionalista, Coalición estuvo más ocupada en resolver sus pleitos insulares que en construir algo remotamente parecido a una nación. Y después, la presencia del PSOE o el PP niveló siempre la balanza. Han sido los experimentos florales de Torres y su cómplice tolerancia con los excesos de Podemos los que han contribuido al viraje, pero sobre todo la política radical de Sánchez, primero colocándose en manos de Iglesias, y luego de los socios independentistas de Iglesias. La economía es muy importante, pero no lo es todo. Especialmente en un país hiperideologizado desde la tele pública, polarizado por su propio presidente y crispado con la ayuda de todos, como es el nuestro.