El retorno de la lideresa morada

por | 28 diciembre, 2023 | A babor

Vuelve: Noemí Santana ha decidido regresar a la brega política en las islas, tras fracasar estrepitosamente en las elecciones regionales, y dar pocos meses después el salto al Congreso por la provincia de Las Palmas, de la mano de Sumar, el partido con el que consiguió ganar su actual escaño en las Cortes.

Su trayectoria es la típica de una ambiciosa izquierdista de provincias: tras iniciarse en la militancia en la organización juvenil de Nueva Canarias y ser contratada por Román Rodríguez -a la sazón vicepresidente del Cabildo grancanario- para ocupar un puesto menor en la empresa insular del ferrocarril –un tren que nunca ha existido- Santana fue abducida por los inflamados discursos de Pablo Iglesias, y fichó –con algunos de sus compañeros más jóvenes de Nueva Canarias-, en la organización que había de dar voz a los indignados.

Su progreso en el partido de las asambleas ciudadanas y los Círculos fue fulgurante: se hizo con la secretaria general de Podemos después de un proceso de primarias plagado de irregularidades, en el que superó por los pelos el 50 por ciento de los votos, gracias el apoyo masivo de inmigrantes saharauis, muñido por el grupo de guerra de redes que Santana había montado en el partido.

Ocupó la secretaria general podemita desde 2017 hasta poco después de incorporarse a la consejería de Derechos Sociales, tras fraguar el pacto de las flores. Román Rodríguez –nuevamente próximo a la que había sido una de sus pupilas en Nueva Canarias- avaló su incorporación al Gobierno, y convenció a Torres de la necesidad de contar con la joven podemita en el ejecutivo. Rodríguez esperaba probablemente contar con el apoyo de Noemí en el Gobierno, pero su influencia en Torres fue tan grande que ni falta le hizo. Santana actuó de forma absolutamente independiente, contando con el apoyo de Rodríguez y de Torres, que siempre valoraron su importancia para sostener la estabilidad del pacto floral. Curbelo, sin embargo, la detestaba. Pero nadie tenía demasiado interés en la cartera que eligió –una de las de gestión más complicada- y cuando prometió el cargo ya estaba decidida a quitarse el engorro de dirigir el partido para centrarse en la acción del Gobierno. Asaltó la consejería con la misma predisposición militante con la que desde Podemos pretendían asaltar los cielos, y se hizo acompañar de un equipo de afiliados de confianza, con escaso conocimiento de los asuntos de los que debían ocuparse. Los conflictos y enfrentamientos entre los subordinados de la consejera y a veces con ella misma, fueron tónica general en departamento de Noemí Santana. En 2020, Santana colocó a la realejera Laura Fuentes al frente del partido, puesto que esta desempeñó ocupando simultáneamente la dirección general de la Juventud. Después de varios años de una gestión básicamente anodina, Fuentes se despidió de su cargo como directora general en marzo pasado, y desde twitter, con una encendida declaración de agradecimiento a Santana, para presentarse a las elecciones como diputada por Tenerife.

No fue demasiada sorpresa que –después de tres años y medio de desorden gestor, ineficacia, escándalos y muchas declaraciones políticas, ni Fuentes, ni Santana ni ninguno de los candidatos de Podemos consiguiera ganar o revalidar un acta de diputado. El grupo parlamentario desapareció por completo, provocando la caída del Gobierno floral, y su sustitución por un acuerdo entre el PP y Coalición. Santana logró recolocarse en las listas de Sumar y conseguir un escaño, encajada en la operación política de Yolanda Díaz, para romper inmediatamente después con ella y abandonar el Grupo Parlamentario con el objetivo declarado de protagonizar la refundación de Podemos. Prácticamente coincidiendo con esa decisión, Laura Fuentes anunció su intención de renunciar a la reelección como coordinadora de Podemos, despejando el camino para que Noemí Santana vuelva a dirigir el partido tras ganar las primarias que arrancaron ayer y se extenderán hasta principios de febrero. Santana ya ha anunciado que va a presentarse. Comparte candidatura con Javier Bermúdez, que fuera director general de Derechos Sociales durante su mandato, y ha ideado un inédito modelo de time-sharing en el desempeño de cargo político: si su candidatura (la única conocida por ahora) gana las primarias, ella y Bermúdez se repartirán el tiempo. Empezará ella, que mandará en el partido hasta 2026, retirándose luego. Mientras ejerza de lideresa morada en Canarias, quiere relanzar el partido, recuperar lo perdido. Después se irá dócilmente para dejar que Bermúdez afronte la confección de las listas electorales que habrán de pelear por la marca Podemos (o cualquier otra, ya se verá) tras las elecciones de 2027.