Dos tazas de Carolina Darias

por | 27 enero, 2021 | Crónicas canallas

A pesar de su meteórica carrera, doña Carolina ha huido siempre de la polémica y el conflicto. Es mucho más conocida por sus discretos silencios que por sus opiniones, siempre ponderadas y ajustadas al argumentario y la ortodoxia del partido en cada momento, y expresadas en perfecto y muy cortés politiqués

Ya tomó posesión como mandamás de la Sanidad española Carolina Darias, sumando así un nuevo record: ya no es sólo la primera mujer canaria que llega a un ministerio, es también la primera que consigue ser ministra dos veces. ¿No querías caldo? Pues dos tazas. Pero Darias colecciona no dos, sino docenas de tazas: es la persona que más cargos diferentes ha ocupado en la historia del PSOE regional. Lo suyo, más que una ambición de poder, es una carrera de relevos. A lo largo de los últimos 20 años ha pasado por todas las administraciones de las islas y ahora repite su tendencia a ejercer de comodín, también en el Gobierno español: fue elegida concejal en las Palmas, en 1999, y en mayo de 2004, sólo un mes después de la victoria de Zapatero en las elecciones, nombrada subdelegada del Gobierno. En junio de 2007 consiguió un acta de diputada por Gran Canaria en el Parlamento. El PSOE ganó por goleada las elecciones, con 26 diputados de 60, pero su candidato, Juan Fernando López Aguilar no consiguió hacerse con el Gobierno: un acuerdo de Coalición Canaria y el PP dio a Paulino Rivero la presidencia y convirtió a José Manuel Soria en vicepresidente y Consejero de Hacienda. Darias aguantó en el Parlamento solo unos meses: en enero de 2008, fue nombrada alto cargo en el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, y solo un poco después Delegada del Gobierno de España en las islas. Cesó tres años más tarde para encabezar la candidatura socialista a la Presidencia del Cabildo de Gran Canaria en 2011, pero no consiguió acercarse a la presidencia. Justo cuatro años después, en 2015, se presentó de nuevo al Parlamento, y resultó elegida presidenta de la Cámara tras el acuerdo entre Coalición y el PSOE, roto año y medio más tarde, aunque eso no afectó a su cargo. En 2019, después de cuatro años felizmente instalada en la Presidencia del Parlamento, sin buscarse líos ni enemigos, sus colegas de Gran Canaria decidieron sacarla de las listas al Parlamento, pero Ángel Víctor Torres la rescató inmediatamente como Consejera de Economía en el Gobierno del Pacto de las Flores, donde tampoco aguantó más de seis meses. En enero de este año de 2019, Sánchez la eligió cómo ministra de Política Territorial, y ahora la acaba de elegir como sustituta de Salvador Illa para el Ministerio de Sanidad. Todo ello sin matar una mosca, hacer ningún ruido, tocarle las narices a nadie o llamar lo más mínimo la atención.

Porque Carolina Darias tiene un estilo muy personal de hacer las cosas, evitando siempre cualquier tipo de complicación o disputa. A pesar de su meteórica carrera, doña Carolina ha huido siempre de la polémica y el conflicto. Es mucho más conocida por sus discretos silencios que por sus opiniones, siempre ponderadas y ajustadas al argumentario y la ortodoxia del partido en cada momento, y expresadas en perfecto y muy cortés politiqués, ese lenguaje que usan los políticos y que es capaz de llenar de palabras el mundo, sin que ni una sola de ellas comprometa a nada. Darias es cuidadosa, concisa, circunspecta, certera, discreta, previsible, segura y vitalmente negada a cualquier tipo de exceso.

Ahora salta al ministerio de Sanidad por una curiosa carambola, sin haber conspirado lo más mínimo para lograr colocarse en la plaza que nadie quiere: hace justo un mes y una semana, desde ERC se la acusó en el Congreso de desconocer la realidad catalana. Montserrat Bassa, diputada de Esquerra, cargó contra la entonces ministra de Política Territorial y Función Pública, alegando que su origen canario la inhabilitaba para poder hablar de Cataluña, o –en su calidad de responsable política- actuar para resolver desde el Gobierno el contencioso catalán. (Eso es cierto: desde Ortega ya sabemos que lo único que se puede hacer con Cataluña es ‘conllevarla’).

“Señora ministra, usted es canaria”, le dijo la ‘indepe’, tras hacer un gran esfuerzo para informarse. Y añadió: “No le voy a preguntar qué conocimiento tiene usted de Cataluña, de nuestra sociedad y de nuestra cultura”. La diputada Bassa es hermana de Dolors Bassa, consejeras de la Generalitat condenada a prisión por el Supremo por su actuación durante el ‘procés’. Un poco inflamada la señora, consciente de poder hacerlo sin esperar una respuesta contundente, Bassa se descolgó con un interrogatorio básicamente impropio a la ministra, un intento evidente de deslegitimar el trabajo de Darias como ministra de Política Territorial: “Permítame que le haga algunas preguntas: ¿tiene usted alguna amiga o amigo independentista catalán, o que fuera a votar el uno de Octubre? Y en caso afirmativo, ¿defiende o justifica que la policía le moliera a palos para que no votara aquel día? ¿Ha estado en Cataluña en alguna de las movilizaciones del once de septiembre, el veinte de septiembre o el uno de Octubre?”.

Darias contestó aquel día como es ella, con las formas de una monja seglar, evitando la bronca o la descalificación. Dijo entender las “razones personales y familiares y la carga emocional y sentimental” de Bassa, a la que recordó que sus palabras podían “generar cohesión en su grupo, pero mucha exclusión en otro”, y concluyó con una delicada ensalada de palabras como ‘diálogo’, ‘acercamiento’ o ‘entendimiento’. Fue muy aplaudida por los suyos y por la parte más civilizada de la oposición. Pero esa misma tarde, desde Podemos y ERC se pidió al todoporoso Iván Redondo que el Gobierno la cambiara por alguien “más capaz” de comprender la nueva realidad abierta en el ‘procés’ por el apoyo de los ‘indepes’ al Gobierno de Sánchez.

A partir de ahí caben varias interpretaciones sobre los parcos movimientos de ficha del presidente Sánchez en su mínima remodelación. La primera es que había que quitarla a ella y poner en su lugar a alguien con más posibilidad de entenderse con ERC.

Otra es que Sánchez quería sacar a Iceta de Cataluña, donde el hombre es, desde un punto de vista electoral (y también como bailarín), un cartucho más bien quemado. En las últimas elecciones al Parlament, el electorado no nacionalista del PSC se mudó masivamente a Ciudadanos y el socialismo catalán obtuvo los peores resultados de toda su historia. Una buena fórmula para sacarlo del tablero era llamar a don Miquel a Madrid para ocupar el sillón de Política Territorial: con el indulto en marcha y las elecciones catalanas a la vista, el 2021 va a ser un año complicado en las relaciones de Sánchez con los partidos independentistas y resulta que Iceta es el político socialista con más demostrada capacidad de entendimiento con los independentistas.

La tercera opción para entender el cambio de fichas es que Sánchez quiere a sus ministros en las autonomías, y no tuvo que hacer mucho esfuerzo para convencer a Illa de vuelva a su tierra y sustituya a Iceta en la pelea electoral. Al aceptar Illa dejaba libre la casilla de la dama, Sánchez recolocó en la silla vacante a Darias  sobre la marcha…

Es muy difícil saber que pesó más para resolver la partida así, pero da igual, la cuestión es que al final todos contentos: Illa por dejar de bailar con la más fea, y volver a su tierra a hincharse de monguetes con butifarra, que en la Corte no saben hacerlas. Aunque tuvo la deferencia de despedirse de Madrid diciendo que es una ciudad estupenda, y eso que la ha tenido que vivir en tiempos de peste y confinamiento, que si no fuera así, lo mismo se quedaba.

Iceta, también contento, será el ministro que construirá el federalismo asimétrico y convencerá a los votantes del PSOE –el resto de los españoles no cuentan- de que la Constitución del 78 permite hacer un ‘referendun legal’ sobre el derecho a decidir.

Contentos y mucho, los de ERC y sus amigos, que tienen ahora otro aliado más en el Gobierno del Estado de las ocho naciones.

Y doña Carolina también serena y juiciosamente contenta: sólo tiene que mudarse del Paseo de la Castellana al Paseo del Prado, unos pocos cientos de metros. Y va a salir en la tele más que Bertín Osborne y casi tanto como Fernando Simón. Supongo que le dejará que siga siendo el que más hable y más se equivoque: Darias no es precisamente una experta en asuntos sanitarios, aunque hace años fue portavoz de Sanidad en el Parlamento de Canarias y estos meses se la ha visto pegada a Illa como su fuera su sombra. Pero ya saben que la ministra habla siempre lo justo, y así no se equivoca. Es la mejor manera de esperar sin agobio que llegue el próximo destino.