De la amnistía como necesidad desvelada

por | 23 marzo, 2024 | A babor

Cerco de grupos independentistas a fuerzas de la Guardia Civil durante el asalto a la Consejeria de Economia para evitar una intervención contra el procès

Después de perder las últimas elecciones –su partido quedó en votos y escaños por debajo del PP- Pedro Sánchez decidió articular in extremis una legislatura cautiva de la derecha indepe catalana, comprando su lealtad con el compromiso de hacer desaparecer los delitos cometidos durante el procés. El Gobierno y Ferraz, todos como un solo hombre, se tragaron el sapo en un ataque de demencia que les hizo olvidarse a todos no solo de los delitos cometidos por los indepes, sintambién de sus declaraciones públicas sobre la imposibilidad de perdonarlos. Uno a uno, los ministros, ministras y ministres, dijeron aquello de “donde dije digo, digo Diego” y descubrieron que la amnistía que Sánchez había calificado días atrás de inconstitucional e imposible, no sólo no lo era, sino que resultaba una bendición para acabar con las tensiones territoriales y lograr la ansiada reconciliación de los españoles.

El espectáculo de la entrega a Puigdemontde un pasaporte judicial para su regreso debió sentar a cuerno quemado a los de ERC, a los que les salía así una competencia indeseada. Pero no podían quejarse. Pidieron entonces soberanía fiscal, en un sorprendente juego de reparto de papeles: la derecha separatista peleando por el perdón de los delitos económicos, y la izquierda pidiendo quebrar la solidaridad y quedarse con hasta el último euro de los impuestos catalanes. Casi todo lo que no pudieron lograr como resultado del procés, empaquetado ahora para regalo por Moncloa, después de reventarle de propina a Sánchez sus presupuestos 2024 y colocar a su candidato Illa ante las urnas en plena tormenta koldiana. ¿Qué otra humillación le queda por tragar a Sánchez y al país? El referéndum, claro, lo único que queda pendiente. Pero ese vendrá después de que las elecciones desvelen la nueva correlación de fuerzas en Cataluña.

La pregunta del millón es que se puede hacer para parar la amnistías, si es que se puede hacer algo. Europa ya le ha aclarado al PP que ciertas leyes no pueden derogarse. Si la amnistía se aprueba, lo que se aplique aplicado quedará, aunque cambié el Gobierno y la ley sea considerada ilegítima por la nueva mayoría. En democracia los beneficios judiciales o penales ya aplicados no pueden desaparecer por una ley posterior.

Al Grupo Popular del Senado se le han ocurrido algunas cosas, y una de ellas es plantear conflicto de atribuciones con el Congreso de los Diputados por la amnistía. Si no me falla la memoria es la primera vez desde que nos ampara la Constitución del 78 que algo así ocurre, y aunque la Constitución establezca el formato de conflicto competencial entre instituciones, el recorrido del conflicto y sus secuelas son terra ignota. La propuesta del PP será aprobada en una próxima sesión del Senado (donde los populares cuentan con sobrada mayoría absoluta) e incorpora una a una todas las conclusiones del informe de la secretaría general de la Cámara, que asegura que la proposición de ley de amnistía implica una reforma encubierta de la Constitución, vulnera hasta dieciséis de sus artículos, además de dos directivas europeas y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos.

Según eso, al colarse por la puerta trasera una reforma constitucional, al Senado no le queda otra que plantear la retirada por el Congreso de la proposición de ley de amnistía. Es obvio que tal cosa no va a ocurrir, porque si ocurriera el Gobierno caería de forma casi instantánea. La propuesta del Senado no va a ser probablemente ni considerada, porque el reglamento establece mecanismos de resolución del conflicto que consisten en no hacer nada, ni contestar, ni repajolero caso. Pero a pesar de la aparente inutilidad del conflicto, lo cierto es que deja huella en el procedimiento legislativo, un rastro de miguitas de pan que suman a la consideración europea, la evidencia de que el consenso y buenas prácticas que Venecia reclama para bendecir la amnistía, ni existeni se les espera.

A ver: no sólo se aprueba la medida por una escuetísima mayoría que incorpora a los afectados por la ley; no sólo se enfrenta la amnistía al rechazo de una mayoría de españoles y a una colección de dictámenes judiciales pendientes del pronunciamiento final del Constitucional; no sólo se trata de una proposición de ley tramitada por la puerta de atrás, con urgencia, y trampeando para evitar los informes del Consejo de Estado que habrían resultado negativos… Es también que el Senado se planta con su mayoría constitucionalista frente a un Congreso viciado por la necesidad.

Y es que de eso se trata, de eso va este conflicto: de recordarle a Europa y a la Historia que esta concreta amnistía es hija bastarda de la necesidad de Sánchez de contar con los votos indepes para apuntalar su Gobierno cautivo.