Candidato Puigdemont

por | 22 marzo, 2024 | A babor

Puigdemont en Elna, camino de hacer oficial su candidatura a la Presidencia

Puigdemont reapareció ayer –más canoso y algo envejecido- arropado por un millar de neoconvergentes en un pueblo de la Cataluña francesa -Elna- en el que la gente estudia español. Como todo hijo de la nación, Puigdemont ama los símbolos y las ficciones –las realidades imaginadas, diría Harari- y no da puntada sin hilo. Eligió Elna para anunciar su candidatura a la presidencia, porque fue en Elna donde construyó el procés su sueño unilateral de democracia y república: fue en este pueblo pequeño y tristemente burgués donde se imprimieron las papeletas con el SÍ a la independencia (y el NO, en cantidad muy menor), que se utilizarían en el referéndum de octubre.

Puigdemont, al decir de la Susanita de Quino, sería un ‘héroe con mala pata’, un mártir, barrido por la historia aquél mes de octubre. El hombre derrotado que decidió abandonar a la nación a su suerte y partir acuclillado en un maletero con destino al exilio. Y allí habría seguido, languideciendo napoleónicamente su pérdida de la grandeza, si el retroceso del PSOE en las últimas elecciones –perdidas en voto popular y escaños frente al PP- no le hubieran colocado matemáticamente en el centro del tablero del poder mesetario. A sus siete votos de radicalismo indepe y supremacismo indisimulado se aferró Sánchez para mantenerse en Moncloa, y desde entonces Puchi es el árbitro del momento político español.

Ayer, anuncio que será candidato, pocas horas después de que el CIS catalán distribuyera a los medios el último sondeo realizado en Cataluña, una encuesta cuyos datos fueron ordeñados antes de que el presidente Aragonés viera tumbados sus Presupuestos por los socios catalanes de Yolanda Díaz, y decidiera adelantar las elecciones.

Hay quien dice que para Aragonés fue una bendición perder la votación presupuestaria. Quizá sea cierto: el adelanto le evita el sufrimiento de enfrentarse a las medidas contra la sequía, que vaciaran las piscinas de media Cataluña. Con el adelanto electoral quizá logre Aragonés frenar al mártir resucitado por Sánchez y dejar de regalarle votos. DE momento, el pronóstico del sondeo refleja un leve pero muy significativo retroceso de Esquerra frente a Junts. Aún no está claro quien ganará la carrera en el espacio indepe, pero sí que Junts se coloca a la zaga de los republicanos.

El mérito es probablemente de Sánchez, pero Puigdemont no tiene la más mínima intención de agradecérselo: su discurso de presentación de candidatura resultó un catálogo de vengativas bromas sobre como ‘el primer ministro español’ tuvo que mercar la aprobación de su investidura a cambio de la amnistía para todos los hijos de la nación (y de Pujol) perjudicados por el procés y negocios colindantes. Presumió el primer independentista de Cataluña de haber sometido al PSOE en Bruselas, de haber obligado a Sánchez a comerse sus palabras, abjurar del 155, tratar la amnistía y el referéndum con supervisores y dar la orden de que Sus Señorías hablen y escuchen catalán en San Jerónimo, y el ministro Albares defienda -apasionada e inútilmente- el uso de la lengua del Principado en Estrasburgo y Bruselas.

Aún así, aunque media Cataluña comparta la risa floja de Puigdemont ante la humillación de Sánchez y el PSOE, su partido, con entre 24 y 29 diputados en la horquilla del sondeo, está muy lejos de los 35-42 que habría de lograr el PSOE, e incluso por debajo de los 26-32 que se le asignan a Esquerra.

Puigdemont está mesiánicamente convencido de que a pesar de ello ganará las elecciones, o al menos las ganará una mayoría independentista y será entonces presidente. ¿Que le hace pensar tal cosa a Puigdemont?  Ayer aseguró que si es candidato es “para restituir la presidencia de la Generalitat y culminar el proceso independentista”.

Ni el sondeo del CIS catalán es tan optimista, ni a mí no me salen las cuentas: los tres partidos indepes no suman, pierden votos. Los partidos, ejem, ‘constitucionales’, crecen. El PP multiplica su representación por tres en el peor de los casos y por cuatro en el mejor. ¿Qué hace pensar a Puigdemont que será presidente de nuevo? ¿Sufre delirios nostálgicos? ¿Tiene información de la que nosotros carecemos? Ayer volvió a decir que Sánchez ha aceptado hablar del referéndum. Quizá sea cierto o quizá no. En política hay mucha tinta de calamar. Pero me asalta una duda: ¿Qué haría Sánchez si Puchi le exige el voto del PSOE a su propia investidura?

Es política ficción, por supuesto. Como casi todo lo que ocurre en España en los últimos tiempos.