‘Ad hominem’

por | 08 marzo, 2024 | A babor

Patxi López estuvo ayer por Las Palmas y se dejó entrevistar por Andrea Saavedra, justo para enfadarse cuando la periodista le cogió en renuncio: el señor López explicó la diferencia entre Miguel Tellado que –según él “aparece con nombres y apellidos en el sumario”- y Francina o Ángel Víctor, que “ni aparecen”. Andrea le recordó que no es así, que todos ellos aparecen en los mensajes de los responsables de la trama, y el pillado López se desentendió con destemple del asunto. “Yo no voy a entrar en el ‘puede que’, ni en el ‘por ahora’. Cuando sea, hablamos, me haces otra entrevista”. Y cerró el asunto.

En realidad López es un cínico de cuidado, pero no de los que reinterpretaron la doctrina socrática para vivir, como canes sin dueño, una vida frugal. A él no le interesa interpretar la corrupción de las costumbres y componer sátiras o diatribas contra el vicio. López es un cínico de otro fuste, de esos que hoy pueblan la política y la definen. Alguien a quien no le importa que los hechos que enarbola no se compadezcan con los hechos que ocurren: alguien capaz de juzgar las cosas en función de quién las protagoniza. En el PSOE se decidió que el nombre de Tellado y de un tal ‘Alberto’, efectivamente aparecidos en el sumario, en boca de los protagonistas de la trama, podía servir para embarrar al PP en la trama. A nadie pareció importarle lo estratosférico e hilarante que resulta mezclar al jefe de la oposición o a su portavoz parlamentario en las componendas del koldismo. Llegado el momento en que otros nombres aparecen en el sumario –igualmente citados por los responsables de la trama- para López y los suyos, los nombres de esos colegas sencillamente no existen, no están en el sumario.

Personalmente, no doy crédito ni a unos ni a otros, más allá del hecho de que sean citados en una conversación en la que no participan. Es más: no veo delito alguno en haber hablado con Koldo, con Ábalos o con Pepino el Breve. Cuando Koldo era asesor de Ábalos y Ábalos ministro del reino, sin que nadie sospechara que ninguno de los dos acabaría en la picota… ¿Qué delito había en hablar con ellos? No creo que un guasap de Antonio Olivera demuestre diciéndole a alguien que hablara con alguien presuponga un delito.

Si en el PSOE se están llenando de mierda hasta las cejas no es por lo que hicieran entonces –que habrá que probarlo- sino por lo que han hecho después: comportarse con histeria, pedir cabezas, entregar a los superfluos a la trituradora de basura, rasgarse las vestiduras porque han descubierto que aquí se juega y dedicarse al ¡y tú más! Si fuera delito haber hablado con Koldo, haber admirado a Koldo, haber promocionado a Koldo, entonces Pedro Sánchez lo habría cometido, y todos y cada uno de los ministros de este Gobierno, y la práctica totalidad de quienes mandan en el PSOE, desde su amiguísimo Santos Cerdán hasta el propio Torres, que le pasó la mano por el lomo cuando acompañó a su José Luis a Los Llanos.

Aunque eso es algo que deben decidir los jueces, es difícil sobreponerse a la convicción de que Koldo es un delincuente. Pero incluso hablar con un delincuente, ser hermano de uno o enamorarse de uno, eso no es delito. Toda esta miseria y zafiedad en la que nos revolcamos a diario, nos aleja del asunto más grave, que no es que haya sinvergüenzas pululando en el entorno del poder. Siempre ha sido así, y probablemente seguirá siéndolo, gobierne quien gobierne, porque el poder es un cantero de atajos y oportunidades para la gente sin escrúpulos.

Lo realmente grave para nuestra democracia no es lo que haya podido robar Koldo, eso no va a destruirnos. Lo verdaderamente grave es que un partido que hoy representa a la cuarta parte de los votantes del país haya optado sin dudarlo por legarnos una democracia en la que se legisla ad hominem, sólo para garantizar la continuidad en el Gobierno de quienes lo hacen. Lo que hemos visto ayer en la Comisión de Justicia del Congreso es mucho más doloso que todas las comisiones por mascarillas fraudulentas que se hayan cobrado durante la pandemia. Estamos viviendo un tiempo de servil sometimiento de la decencia y el sentido común al deseo de poder, en el que se legisla a medida, en el que se decretan cambios en las leyes para adaptarlas a las necesidades concretas de quienes empujan esos cambios, cuyo único objetivo es perpetuarse en el poder más allá de la lógica y los resultados electorales.

Con los cambios revelados ayer, necesarios para lograr que Puigdemont siga decidiendo quien gobierna y durante cuanto tiempo, se abre la puerta a que a unos españoles se les aplique el Código Penal y a otros se les aplique lo que más les convenga. El ministro Bolaños cree que esa deriva desde la legalidad a la arbitrariedad, será considerado referente mundial. ¿De qué?

Me parece más decente ser un golfo que todo esto.