Zafarse del abrazo

por | 02 febrero, 2023 | A babor

Cada vez que alguien -un político, un periodista, Padylla- habla, escribe o dibuja públicamente sobre la posibilidad de un pacto entre Coalición y el PSOE en Canarias, tras las cercanas elecciones regionales -una de las opciones probables en la próxima legislatura- Coalicion pierde un puñado de votos que van a parar directamente al PP. Como un tiro saltan votos a la derecha, haciendo cada vez más seguro que el único acuerdo posible sea ese, que es -por otro lado- el único acuerdo que asegura la continuidad de los socialistas en el Gobierno regional y de Ángel Víctor Torres en la presidencia. Eso lo sabe en esta región hasta el apuntador, a pesar de los sondeos que le colocan los resultados a Román como le colocaban las bolas (de billar) al rey Fernando VII: justo donde a él le conviene. 

Pero no son los sondeos los que deciden las elecciones. Son los votos. Y en estas elecciones, si no pasa algo muy gordo de aquí al 28 de Mayo, en Canarias las elecciones las va a ganar el PSOE, gracias al retroceso de Podemos. Miles de votos de la izquierda más radical , desplazados ahora al PSOE, van a sostener los que el PSOE canario va a perder por su derecha, no por castigar las inexistentes políticas de Torres (ese simpático gafe que se la pasa apagando fuegos de otros, y al que la tele nos ha convertido en un papiiiiii!!! próximo, amable y campechano), sino por cobrarse   antes de las generales  la cabeza de su jefe Sánchez.

Aunque gane el PSOE en votos, Torres va a necesitar de otros diez o doce diputados para gobernar. Y no los va a tener disponibles por su izquierda. Por eso, cada vez es más frecuente escuchar a los socialistas hablar del “inevitable” pacto con Coalición. 

Coalición no está en esa tesis: espera poder Gobernar con el PP. O con el PP y los gomeros. O con el PP, los gomeros y la abstención de los tres o cuatro diputados de Vox. Pero para que eso ocurra, Coalicion tiene que sacar más escaños que el PP, porque si el PP saca más escaños que Coalición, Manuel Domínguez exigirá la Presidencia del Gobierno, cono es lógico y natural. Y habrá entonces tantas posibilidades de un Gobierno  liderado por el PP como de uno liderado  por el PSOE. Por eso, los socialistas hablan ya muy desparpajadamente de esa posibilidad, porque hablar de un pacto entre socialistas y nacionalistas perjudica a Coalición, le quita votos y favorece ese acuerdo entre Coalición y el PSOE que es la permanente tentación de la política canaria. Y también una fórmula que ha funcionado más de lo que creemos: con Saavedra, con Paulino Rivero, con Fernando Clavijo, y en Cabildos y ayuntamientos con muchísima frecuencia. 

Hasta que en las últimas elecciones, el PSOE hizo machuca y limpio, pactó en casi todos lados -Gobierno, cabildos, ayuntamientos…- por la izquierda, menos en La Palma que ya saben que a los palmeros les va llevar la contraria, y el PSOE palmero pactó con el PP, como suelen. 

Durante tres años y pico de legislatura, el relato socialista es el pacto de izquierdas, y ese relato sigue siendo el que se defiende oficialmente, pero con la boca chica ya se habla de la conveniencia de llegar a acuerdos con los nacionalistas. Y cada vez que lo dicen, o lo dice alguien, los votantes de Coalición -muchos de ellos son muy antisanchistas– se revuelven, emulan la noche aquella de Ferraz -“¡¡con Ciudadanos no!! ¡¡Con Ciudadanos no!!”- y se juramentan en votar por el PP. 

Supongo que es para evitar eso por lo que Fernando Clavijo se dedicó el martes a machacar sistemáticamente a Sánchez en la comparecencia del presidente en el Senado. Clavijo es un tipo moderado en las formas y en el fondo. No suele buscar la pelea, no se enfada en público y normalmente no levanta el tono. Desde el punto de vista del espectáculo parlamentario, nada que ver con la vivaracha Oramas, que parece desayunar leche de tigre antes de cada intervención parlamentaria. 

La intervención de Clavijo ayer ha sorprendido por su inusitada fiereza, por la irreconocible dureza de la crítica, y -sobre todo- por la meliflua respuesta de un Sánchez que dejó perfectamente claro que no quería entrar al trapo. Ni siquiera se esforzó demasiado el presidente en la defensa de Ángel Víctor Torres al que Clavijo puso de vuelta y media, señalando su docilidad y servilismo ante la jerarquía de su partido. 

Aquí cada uno juega su propio juego: Clavijo quiere dejar claro que no pactará con el PSOE, aunque luego puede que no le quede otra que hacerlo. Sánchez se muestra abierto y dialogante: de aquí al final de la legislatura, con el fin de fiesta que le espera, dos votos en el Congreso son dos votos. Sánchez apuesta por el abrazo del oso.  Y Clavijo por zafarse