Vacunar, vacunar, vacunar

por | 07 enero, 2021 | Barricada y media

Llegó 2021, y llegó acompañado en las redes de memes feroces contra el año que se ha ido, y de expectativas de que esto va a ir a mejor. Yo lamento subirme de nuevo al carro del pesimismo, pero los indicios de la mejoría no son muy concluyentes. Más bien justo lo contrario. 

Los gobiernos –el de Madrid y el de aquí– sacan pecho con la vacunación, se columpian sobre sus propios datos, se atribuyen méritos y nos prometen una vacunación universal que permitiría la inmunidad de rebaño para después del verano, y una clara relajación de las restricciones sanitarias ya desde la primavera. Mienten. Eso no va a ocurrir. En el mejor de los casos, y sólo si se actúa con mando centralizado y disciplina militar, España no logrará vacunar a la tercera parte de su población hasta finales de 2021. Y eso multiplicando por cinco el actual ritmo de vacunación, algo que no depende sólo de la eficacia del sistema, sino de la producción, compra y distribución de vacunas. Ayer, del total de vacunas repartidas, en España sólo se habían administrado el 18 por cierto, menos de la quinta parte. Así es muy difícil que el Gobierno y las Autonomías logren cumplir su propósito de haber logrado la inmunidad de rebaño para después del verano.

Y eso es una pésima noticia, porque con la extensión de la cepa inglesa (y no sabemos sin vendrán otras peores) la velocidad de propagación de los contagios se va a acelerar, provocando más colapso en los servicios sanitarios y más fallecimientos, como ya ha ocurrido en Reino Unido. Es verdad que la cepa no mata más porque sea más dañina, pero sí mata más, porque contagia más. Y lleva ya suelta al menos dos semanas por España; incluso en Canarias es probable que tengamos ya tres casos de contagio con la cepa inglesa, que se confirmarán este fin de semana. A eso se añade la locura lúdica y consumista de estas Navidades, convertidas en el prólogo de una cuarta ola que va a disparar la infección y los fallecimientos cuando aún la tercera no había logrado ser embridada. Así está la cosa.

Y luego viene el desastre económico: España cierra con los peores datos de toda Europa. La previsión es que seamos campeones en pérdida de PIB, en desempleo, en déficit público y en deuda. Analistas serios aseguran que el efecto combinado de la caída del PIB y el aumento del endeudamiento coloquen la relación entre deuda y PIB en el 140 por ciento. Dentro del cuadro de desastre general, Canarias es la región que peor lo tiene: la crisis turística se ha saldado con la pérdida de 9,5 millones de turistas extranjeros y más de 12.000 millones de euros de ingresos, más de la cuarta parte del PIB de Canarias, la cuarta parte de la riqueza que genera la región. Es verdad que Canarias no ha sido la región donde peor se ha afrontado la crisis turística, pero sí es la que más se ve afectada por ella, porque en nuestra región prácticamente toda la actividad económica productiva está de una u otra forma vinculada al turismo. Con estos datos es obvio que la recaudación fiscal se va a hundir en las islas, y con ella, se hundirán también las previsiones de gasto del Gobierno. Muchas de las alegrías y excesos de este ejercicio se recordarán con cierta amargura el próximo.

El Banco Mundial ya ha dejado claro que los retrasos en la vacunación recortarán a la mitad el rebote global del PIB global. Y en este caso, lo que vale para el planeta vale para cualquiera de sus partes. La única salida es vacunar masivamente y a toda velocidad. Si no se logra cumplir con los planes previstos, morirá muchísima más gente –el doble o quizá más de los que han muerto hasta ahora– y la recuperación económica no llegara este año. Vacunar debe ser, pues, la prioridad. Vacunar, vacunar y vacunar. Cada persona inmune es un escudo frente a la expansión de la pandemia, la destrucción de la economía y el caos social. Todos los conflictos, todos los intereses deben aparcarse. Todos los esfuerzos y energías deben centrarse en vacunar a toda la gente posible, y cuanto más rápido mejor.