Una chapuza ofensiva

por | 01 abril, 2009 | Muy urgente

La asistencia sanitaria es en España un servicio social gratuito, con carácter general y universal, en todos los casos de urgencia. Eso quiere decir que cualquiera que se sienta mal puede acudir a un dispensario y tiene derecho a ser inmediatamente atendido de sus dolencias. De acuerdo con una normativa bastante cretina, los parados tienen la obligación de acudir al Servicio Canario de Salud, a renovar su tarjeta cuando pierdan la última prestación o subsidio por desempleo, si no quieren tener que pagar por los servicios sanitarios que reciban.

Es obvio que se trata de una norma absurda, creada al parecer para fastidiar a la gente que peor lo pasa, que obliga al más paria entre los parias –el trabajador sin empleo, sin prestación por desempleo y sin familiares directos empleados o con prestación por desempleo- a retratarse ante la Seguridad Social, implorando personalmente una renovación del servicio, cuando la Seguridad Social dispone del número de afiliación de todos nosotros, y además la Tesorería de la Seguridad Social tiene también el historial laboral de todos y cada uno de los ciudadanos. ¿Para qué someter a los desempleados al riesgo de perder la asistencia gratuita a la que deberían tener más derecho que nadie? ¿Por qué obligarles a hacer una gestión que puede ser automática?

Yo no encuentro una explicación. Ni la encuentro tampoco a que el Gobierno de Canarias, tan dispuesto a protestar por las inversiones que pierden los empresarios y las deudas históricas en carreteras, en vez de pedirle a Madrid la modificación de esa norma injusta y arcaica, o su automatización, se plantee precisamente una campaña para recordar a los parados que si no renuevan sus tarjetas, tendrán que pagar los servicios. Parece absurdo que el Gobierno de Canarias crea posible aplicar una medida inaplicable, como la de cobrar la asistencia sanitaria a los parados de larga duración. De hecho, el propio Gobierno reconoce que los pocos casos que se han producido hasta ahora se han resuelto.

Lo razonable en una sociedad moderna sería que los resolvieran todos de golpe, no que se gasten recursos hoy muy necesarios en una campaña inútil y ofensiva, que confirma que a perro flaco todo son pulgas.