Un combinado de malas noticias

por | 02 mayo, 2022 | A babor


Dos (malas) noticias económicas vinieron a frenar en seco el optimismo empresarial esta semana pasada. Una, los datos inesperados de la encuesta de población activa, con un importante crecimiento del desempleo. La otra, más previsible, pero igualmente preocupante, el frenazo en seco del Gobierno a sus propias previsiones económicas, después de que el primer trimestre se cerrara con un bajísimo incremento, de apenas el 0,3 por ciento, un dato que contrasta con el crecimiento del primer trimestre de 2021, que fue del 2,2 por ciento.

Es cierto que el Banco de España ya había rebajado las previsiones del Gobierno Sánchez, pero incluso ese pronóstico pesimista era tres veces mejor de lo que realmente ha sucedido. Las explicaciones a un comportamiento tan negativo no se han hecho esperar: la economía ha dejado de crecer afectada por el menor gasto de las familias, motivado directamente por el brutal incremento de los precios. El Instituto Nacional de Estadística ha confirmado que el consumo de las familias de hundió casi un cuatro por ciento… Es la primera tasa negativa del gasto familiar desde comienzos del pasado año, cuando por fin comenzó a mejorar. Y es también el peor dato registrado desde la caída en más del veinte por ciento del segundo trimestre del 2020, cuando el confinamiento hundió completamente el consumo doméstico. Ahora es el efecto de la inflación y del miedo a no ser capaces de llegar a fin de mes. 

Que la inflación comience a golpear al crecimiento, ensañándose con la producción de bienes y servicios, es una pésima nueva para una economía que no logró recuperar los niveles previos a la pandemia al mismo tiempo que lo hizo el resto de Europa. España confiaba en acercarse este año a las cifras prepandemia gracias a la recuperación de la actividad turística, pero la inflación vino a dar al traste con todas las previsiones.

Desde el Gobierno se responsabiliza de esta situación a la Guerra de Ucrania, pero eso no es serio: en las cifras facilitadas por la Contabilidad Nacional tiene más efecto la expansión de Ómicron en los meses de enero y febrero que la invasión rusa de Ucrania. El avance de los datos del primer trimestre utiliza básicamente indicadores de resultados previos al mes de marzo, cuándo el impacto de la guerra de Putin no se podía notar. Si veremos ese efecto reflejado en los datos de crecimiento del segundo semestre, quizá algo amortiguados por las medidas antiinflacionistas en relación con las gasolinas, el gas y la electricidad.  

Pero la guerra desde luego que va a influir, y muy poderosamente, en la economía española. Por eso, en las previsiones de crecimiento del Gobierno para este año se produce un recorte cercano a los tres puntos: del 7 por ciento (ya rebajado) hasta el 4,3 por ciento del IPC en este año, y una previsión de crecimiento del 3,5 para 2023. Incluso di se cubren esas presiones, España será probablemente el último país de la Unión en recuperar las cifras económicas de 2019, tanto en producción como en empleo.

No es responsabilidad exclusiva del Gobierno Sánchez. La recuperación se retrasó en España por el peso enorme del sector servicios y del turismo en la economía nacional. Turismo y servicios sufrieron extraordinariamente el impacto del Covid. Y luego han venido a sumarse dos situaciones sobrevenidas que escapan al control del Gobierno: la crisis de los combustibles y el crecimiento desbordado de la inflación. No son responsabilidad de Sánchez y sus ministros económicos. Pero si es cierto que si el Gobierno hubiera estado más ocupado de las cosas de comer que de sus perreos ideológicos, probablemente se habría podido hacer mucho más.  En una situación como esta, es indecente seguir empeñados en sostener el Gobierno haciendo concesiones a Bildu, Esquerra y Podemos, en vez de aceptar el ofrecimiento del PP y buscar acercamientos y acuerdos en política económica con el primer partido de la oposición.  Eso es exactamente lo que ocurrió la pasada semana con la convalidación del decreto de crisis. Son actitudes que acabarán por pasarle factura a la economía del país.