Tiburones de agua dulce

por | 01 septiembre, 2000 | Notas de Viaje

Río Coco, frontera de Nicaragua con Honduras, agosto 1985: atrás, muy atrás, quedan la capital y el lago. Dicen que en el lago vive la única especie conocida de tiburones de agua dulce. El lago fue mar antes de quedar cerrado en el corazón de Nicaragua, y las lluvias y las corrientes lavaron su sal. A lo largo de los siglos, los tiburones lograron adaptarse. En Nicaragua sobrevivir es casi una costumbre nacional.

La primera mañana en el BLI, tras los frijoles, el arroz y un huevo estrellado regado con abundante café, el capitán me invita a incorporarme a la tercera compañía. Llevo una mochila con todo lo que necesito para sobrevivir durante estos días. Pero no llevo en ella lo mismo que el resto de los ‘compas’ del BLI-MAO: hamaca y plástico para dormir, una sábana, cinco latas de alimentos a base de compuestos vitamínicos, leche en polvo y tres bolsas de caramelos. Ellos llevan mucha más carga: algo más de 500 cartuchos, varias granadas de fragmentación y una granada de mortero o de RPG-7 por cabeza, además de las armas largas de combate. A las seis y diez de la mañana se forma la compañía y partimos rumbo norte, al interior de la montaña. Mantenemos ese rumbo durante una media hora, después variamos al este, hasta que, pasadas las siete y cuarto, descubrimos la primera pista de la contra: «Mira, brother, estas huellas son de botas jungla, y estas otras, de botas comando; son los dos tipos de suela que utilizan los primos, las dos son de fabricación norteamericana, al igual que todo su equipo, pues, lo paga la CIA. Por la humedad de la huella calculamos la hora a la que pasaron. El resto es seguirlas con mucho cuidado para no caer en trampas o emboscadas». Y es que la contra, criada en estas mismas montañas, deja a veces huellas bien visibles para que los BLI las sigan y poder ‘machaqueteaerlos’.

La explicación la ofrece un explorador veterano. Calculo que tendrá más de 40 años: en su piel quemada por el sol y en su paso fuerte y decidido se nota la seguridad de alguien que lleva muchos años en esto. Es un ‘chan’, un jefe natural.

Desde las siete y media de esta mañana seguimos la pista de los contra muy de cerca. El capitán esta seguro de que hace muy poco tiempo que han pasado. Por el camino cruzamos dos veces el río: la primera vez el agua nos llega tan sólo a las rodillas, pero en el segundo vadeo tengo que sacar la cámara y colocármela sobre la cabeza. Poco antes de las once, suena los primeros disparos de un Kalashnikov, contestados rápidamente por el repiqueteo de los FAL. Estamos en combate y las ráfagas de AK se mezclan con FAL, con las de M-60, con las de RPK, y como fondo, con el golpear firme del mortero, que hace temblar la selva: los tiburones de la nación se miran a los ojos y bizquean.