Suspenso en contabilidad

por | 12 octubre, 2022 | A babor

Parece que a Román Rodríguez no sólo se le da mal justificar las cuentas de su partido. Desde que se hizo cargo de la Consejería de Hacienda en 2019, y hasta finales de junio de este año el Gobierno no ha logrado que se justifiquen un total de 1.354 millones en subvenciones concedidas. No parece poco. Y en este caso no se trata de la herencia recibida: entre 2010 y 2019, las subvenciones pendientes de justificar son apenas 240 millones. La proporción espanta: 240 millones en nueve años, frente a 1.354 –cinco veces y media más-, en tan sólo tres años. En descargo de sí mismo, supongo que ese narrador de fantasías animadas que es el consejero de Hacienda, alegará que la partida más importante de los dineros no justificados, es la del año 2021, en la que el Gobierno repartió más millones que la Bonoloto, al parecer para ayudar a las empresas de las islas a superar ese tiempo de dificultad. La cuestión es que un año después, los millones subvencionados no se han podido justificar, según asegura la contabilidad del propio Gobierno. Y tengo el pálpito de que quienes no han justificado las subvenciones no son los que recibieron la pedrea, sino más bien los que cobraron el gordo.

En fin, cuando Román Rodríguez logró convertirse en consejero de Hacienda del primer Gobierno presidido por el PSOE desde aquél del Pacto de Hormigón que montó Saavedra, algunos pensamos que habían puesto al gato a cuidar a los ratones. Román lleva haciendo trampantojos con las cuentas para justificar lo injustificable: una ejecución de las inversiones reales de este año de apenas el 17,5 por ciento, 748 millones de los que sólo se han ejecutado hasta agosto 131. Supongo que ya saben cómo arreglará el consejero el desfase: haciendo transferencias a última hora, próximo ya el vencimiento del presupuesto, a Cabildos y Ayuntamientos para que al Gobierno no le consten esos millones como dineros no ejecutados, sino a otros. Y las corporaciones locales encantadas de recibir fondos, aunque a cambio tengan que pagar en imagen.

A pesar de este truco del almendruco, que Román práctica con singular oficio, el año pasado no fue capaz el consejero de desprenderse de hasta 670 millones de presupuesto no ejecutado que le afearon su discurso sobre eficiencia gestora. Casi todo el desfase fue en inversiones reales, que es lo que de verdad cuesta gastarse. Porque para pagar sueldos o comprar coches nuevos o acondicionar despachos no hay que complicarse mucho. Lo que resulta difícil es licitar obras y servicios, promover economía y permear la sociedad con beneficios de verdad, no con discretos ejercicios malabares.

Porque para juegos de manos, el consejero de Hacienda es un crack: su desparpajo y cinismo apabullan, no reconoce un error ni cogido con las manos en la masa. El lunes se alteró bastante en el Parlamento asegurando que a finales de septiembre había ejecutado ya el 48 por ciento del presupuesto, y en la misma frase cambió la cifra al 64 por ciento, sin aclarar si se refería solo al presupuesto de inversiones, al presupuesto comprometido o a los fondos europeos, que seguro que no, porque hasta los becarios de Económicas saben que Canarias no ha logrado certificar de lo poco gastado ni para rellenar un cuadernito de notas. Eso sí, Olivera y Román andan en comandita prometiendo fondos y más fondos del saco inagotable de la Next Generation, y nadie en Hacienda tiene constancia o actas de las reuniones de esa Comisión de Planificación y Gobernanza de los fondos europeos, impulsada por el Gobierno con un “decreto ley de Medidas Urgentes para la agilización administrativa y la planificación, gestión y control de los fondos procedentes del instrumento europeo de recuperación denominado Nex Generation-EU, en el ámbito de la Comunidad Autónoma de Canarias”.

Uf, esa ley con nombre más largo que un día sin pan, fue aprobada por el Parlamento el año pasado tras tramitarse su convalidación previa como decreto ley, y debía servir para permitir que la morterada de Bruselas pudiera repartirse rápido y de forma transparente. Pero de ese reparto nadie sabe nada. Y de la reunión es de la Comisión, tampoco. Estamos a la espera de que el consejero se saque de la manga un porcentaje. Y en un rato libre que tenga, le pida a Fermín Delgado que encuentre la ratio entre subvenciones concedidas por este Gobierno y subvenciones justificadas. Que seguro que nos entra la risa.