Recuperar Fonsalía

por | 05 octubre, 2023 | A babor

En octubre de 2021, Coalición Canaria cometió uno de los mayores disparates –y hay unos cuantos en la lista- de toda su historia: apoyó con entusiasmo el pronunciamiento del Parlamento de Canarias a favor de cancelar de forma definitiva el proyecto de construcción del puerto de Fonsalía, una de las infraestructuras claves para el desarrollo de las islas menores de la provincia de Tenerife, y también para desatascar el futuro de Los Cristianos. Seducidos por un ejercicio de ecologismo de salón, los diputados de Coalición sumaron su voto contrario a la continuidad del proyecto a los de Nueva Canarias y Podemos, mientras el PSOE se abstenía cobardemente, y votaban a favor de la continuidad del proyecto la Agrupación Socialista Gomera de Curbelo, decidido partidario de Fonsalía, el PP y Ciudadanos. Siempre sospeché que Coalición –un partido que había apoyado la creación de Fonsalía- voto por su paralización para colocarle al PSOE –y más aún a su presidente una ración de la medicina con la que el PSOE se había manifestado contra proyectos como la ampliación del puerto de Agaete, auspiciados por los Gobiernos coalicioneros.

La mayor parte de los políticos a los que se preguntó entonces por el futuro de Fonsalía –incluso los que votaron en contra de su paralización- estaban convencidos de que la infraestructura no se construiría nunca. Una respuesta pesimista que demuestra la sumisa aceptación de que las decisiones políticas tienes muy poco que hacer frente al efecto combinado de las burocracias y el ruido de las asociaciones del ‘NO a todo’.

Pero no hay mal que cien años dure: Pedro Suárez, presidente de la Autoridad Portuaria de Santa Cruz Tenerife, se declaró hace un par de días partidario de la construcción del puerto de Fonsalía, e incluso cree que es posible dejar encaminado el proyecto en este período de mandato. La clave, opina, es lograr que se exprese púbicamente la voluntad política de hacer el puerto. Es la primera voz que se levanta a favor de reconsiderar la disparatada decisión adoptada en su día por el Parlamento, y de volver a poner en marcha una infraestructura que desatascaría el actual caos circulatorio de Los Cristianos, liberando la ciudad de una presión ajena, lo que supondría una importante mejora en la calidad de vida de sus vecinos. Fonsalía permitiría también respirar al Puerto de Los Cristianos, logrando que asuma su función lógica como puerto pesquero, deportivo y dedicado al cabotaje turístico, una aspiración de la comarca y la población de Arona. Además, el puerto -si llega a hacerse- puede cambiar el futuro económico del triángulo marítimo-terrestre que forman Arona, Guía de Isora y La Gomera. Lo de Guía y La Gomera lo entienden a la perfección quienes no tienen prejuicios previos sobre la obra. Es obvio que acelerar la comunicación entre Tenerife y La Gomera reportará extraordinarios beneficios al Sur tinerfeño y a toda La Gomera, reforzando el turismo en una isla que recibe todos los años centenares de miles de visitantes, de los que la mayoría solo se quedan un día, que podrían ser más, porque los viajeros que verían reducido su desplazamiento en casi media hora por trayecto. La mejora de los accesos al futuro puerto sería también una bendición para los conductores, y el consumo de menos tiempo mejoraría la calidad del viaje entre Tenerife y el resto de las islas de su provincia, permitiendo aumentar la cadencia de ferrys a La Palma y El Hierro, la isla peor comunicada del archipiélago.

La recuperación de Fonsalía debiera ser una reclamación masiva del conjunto de las instituciones de Tenerife, de sus asociaciones empresariales y de los grupos y entidades a los que les preocupa seriamente sostener el desarrollo de nuestras islas.

Si hasta ahora no ha ocurrido así, es porque vivimos un tiempo en el que nadie se arriesga a decir lo que de verdad piensa, por temor a ser tachado de incorreción. Un tiempo en el que apostar por un desarrollo razonable supone asumir la acusación de preferir el negocio a la conservación del medio. Otra falsedad instalada sin respuesta en el imaginario colectivo: porque esta isla ha soportado sin respuesta gigantescas campañas de descrédito contra el tranvía (un proyecto de transporte guiado que ha hecho más por la movilidad y el ahorro en combustibles fósiles que todo el palabreo de nuestros radicales de salón), contra la mejora del tendido eléctrico al Sur (que tiene bastante que ver con la catástrofe que hoy soportamos), contra la red de depuradoras, las obras hidráulicas, la instalación de granjas de fotovoltaica o molinos, o la sustitución del fuel por gas en la producción eléctrica de nuestras centrales.

Tenerife vive instalada en la elección entre el ‘NO’ y la omertá.   

Ya es tiempo de abandonar el silencio.