Reconstrucción

por | 01 noviembre, 2021 | A babor

El catálogo de sandeces bienintencionadas, promesas incumplibles y verdades de diseño que nos ha dejado el volcán de La Palma es inagotable. Tiene uno la impresión de que nadie se atreve a decir la verdad, a contar que mientras la cumbre siga en erupción, no hay forma de saber cuánto va a costar arreglar esto, ni cuánto se va a tardar en arreglarlo. Uno ha escuchado ya demasiadas tonterías, demasiadas promesas que nadie puede saber si llegaran a cumplirse, demasiadas cifras alocadas, y demasiadas fechas para que las cosas estén resueltas que sólo responden al deseo. Uno está harto de declaraciones realizadas para que la gente escuche lo que quiere escuchar.

​Ayer, el consejero de Obras Públicas, Chano Franquis, en unas declaraciones sobre los plazos y los tiempos de la reconstrucción de La Palma y los recursos que habrá que dedicarle a esa reconstrucción, habló con mucho más sentido común del que se ha escuchado en estos cuarenta días pasados desde que el volcán era considerado poéticamente ‘la fiesta de la naturaleza’, hasta ‘la mayor desgracia ocurrida en esta tierra’. Pues ni una cosa ni otra: ni poéticas loas a la furia desatada del volcán, ni una tragediahistórica. Lo que está ocurriendo en La Palma –y podría seguir ocurriendo aún durante meses-  es un verdadero desastre, pero no una tragedia. Aquí –crucemos los dedos- no ha muerto nadie. Hay mucha gente que lo ha perdido todo, pero hay también una voluntad real de minimizar el daño sufrido –especialmente- por quienes más han perdido: los que se han quedado sin la casa donde vivían, sin sus muebles, enseres y recuerdos. Franquis explica en sus declaraciones que las autoridades están cumpliendo un plan en tres fases, del que en la primera parte –identificar con claridad a quienes perdieron su domicilio habitual- ya se ha logrado informar sobre trescientas unidades familiares, de las que unas 160 necesitan empezar de nuevo con lo puesto. A esas 160 familias que no tienen nada, a las que se hospedó de manera provisionalísima, se espera poder instalarlas en viviendas provisionales –compradas o construidas por la vía de urgencia- en muy poco tiempo. Una parte de ellas -18 familias- se quiere reubicarlas esta misma semana que comienza hoy, y antes de finales de año, prácticamente a todo el resto. Eso no significa que no haya más gente en situación desesperada: hasta que el volcán se extinga puede seguir creciendo la nómina de los desahuciados de todo. La instalación en viviendas provisionales, la mayor parte de ellas viviendas independientes, se mantendrá durante al menos tres o cuatro años, el plazo previsto para iniciar la reconstrucción de la isla, si la erupción se mantiene en estándares normales, entre dos y seis meses.  La reconstrucción implicará recuperar parte de las carreteras y caminos hoy cubiertos, resolver los problemas de infraestructuras, y atender a la agricultura. Franquis no se ha referido explícitamente a qué planes hay para paliar las pérdidas agrícolas (no es su competencia), pero ha sido bastante prolijo al explicar las medidas en materia de vivienda: congelación provisional de las hipotecas, y estudio detallado de cada caso, uno a uno, para atender primero –como debe ser- los más urgentes y necesitados de atención. El consejero no ha planteado imposibles, no se ha comprometido más que a la restitución de lo razonable, pero ha dejado claro lo que probablemente es más importante para los afectados: dure lo que dure esto, no se va a abandonar a nadie. 

​Para creer que eso es lo que va a ocurrir, que no se va a abandonar a nadie, que en cuatro años una parte de los damnificados comenzara a instalarse en viviendas definitivas, lo primero es dejar claro que se va a hacer lo que realmente se puede hacer, que no es devolver a la gente a la situación perdida, sino dar a los que más lo precisen una situación de punto de partida, con las necesidades básicas cubiertas. La mayoría de los que lo han perdido todo prefieren un compromiso real y razonable que más palabrería hueca y promesas vacías. Ya era hora que alguien dijera desde el Gobierno cual es el plan, sin prometer cosas imposibles