Rasgamiento de vestiduras y agua de borrajas

por | 23 febrero, 2024 | A babor

Es más curiosa que llamativa la forma en que están reaccionando en los distintos partidos que soportan el Gobierno ante el escándalo por la trama de Koldo García y sus compinches, los tres o cuatro que se pusieron bonitos durante la pandemia cobrando mordidas por la compra del material sanitario que no acababa de llegar a los hospitales y centros de salud. Yolanda Díaz, por ejemplo, ha asegurado que la trama es gravísima y debe ser investigada y superSánchez dar explicaciones, pero lo ha hecho a su estilo, como si lo dijera sólo para que quede registrado en los muros. Cuando los periodistas le han insistido un poco más y le han preguntado si ya ha hablado del asunto con el jefe, doña Yolanda ha dicho que ella habla con el jefe con frecuencia y siempre que hace falta. O sea, que rasgamiento de vestiduras de cara a la galería, y tranquilidad absoluta en el Gobierno, que estos de fuera nos quieren mover el taburete por un poco de “Koldo y paja”, y aquí el que se descuida sale de la foto. Tampoco Iñigo Errejón se ha privado de hablar de la gravedad suma del asunto, para acabar instalado igual que la gallega en un gallego “ni subo ni bajo la escalera”. Que una cosa es indignarse en los medios todo lo que haga falta y otra muy distinta acudir a la fiscalía. Hasta Podemos ha jugado al mismo juego: terrible todo, han dicho. Pero de pedir dimisiones nada: “Si dimite el señor Ábalos de su cargo de consolación será porque se lo pida su partido, que eso no es asunto nuestro”. Ni una miserable petición de que haga el petate y se vaya a su casa. Cosas veredes.

Después de años de inventar y repetir hasta la saciedad que la política del pasado era ponzoñosa e indigna en comparación con la nueva, su estilo y líderazgos, nadie recuerda que muchos, muchos años atrás, el que era entonces ministro de infraestructuras, Josep Borrell, dimitió de su puesto de ministro porque dos colaboradores suyos, dos funcionarios que trabajaron a sus órdenes cuando él era secretario de Estado de Hacienda, los imputaron cuando ya no trabajaban para él,  por faltas cometidas en la Agencia Tributaria de Cataluña, en la que Borrell nunca tuvo nada que ver. En fin, eran otros tiempos.

En estos, no es suficiente con nada. Un tito Berni cualquiera puede hacer negocio en tus narices, cobrar comisiones por invitarte a cenar, y encima hacerse fotos con el patrón. Que manía esta de los sociolistos más golfos de hacerse fotos con el césar. Qué necesidad. El álbum de familia del sanchismo en Camelot queda muy tocado por la presencia de machacas como el Tito o el Koldo. Pero en realidad no son ni el Tito ni el Koldo lo que debiera preocuparnos. Hasta en los pucheros más decentes se te pueden colar una o dos legumbres rancias. El problema es el mismo puchero, la omertá que funciona desde hace años en el entorno presidencial. Cuando desde el Grupo Parlamentario pusieron a Berni a barrer las calles de Madrid con su colección de autógrafos, o cuando Sánchez fusiló al amanecer a Ábalos, sin la más mínima explicación, todos sabían perfectamente lo que se estaba haciendo: una tala preventiva, un cortafuegos, evitar que el escándalo tocara la puerta del intocable. A Berni le toco bailar con la más fea y bailar con una juega con redaños. Ábalos cogió sus bártulos y se largó en silencio a gastarse el sueldo de diputado a la mancebía más cercana. Mutis por el foro. Le dejaron tranquilo hasta ahora, porque él no rompió su parte del trato que era estarse conforme y calladito. Un colegui.

La omertá se rompió con la denuncia al hermanísimo de Ayuso. A la señora a la que le gusta la fruta se le disparó la bilirruibina y tiró de la manta que cobijaba todo el engendro, una manta infecta y pestilente de la que se hablaba en todo Madrid. Y la historia acaba con el presidente señalando en Rabat de nuevo al hermano, ya doblemente archivado. Es esta probablemente la mayor torpeza de un presidente que comienza a darse cuenta que lo de ser intocable se acaba. Siempre. No basta con negarse a admitir lo que ocurre para que lo que ocurra no te afecte.

El ‘caso Koldo’ es un drama para el PSOE. No tanto porque descubra de nuevo a la gente lo que ya sabe, que el poder engolfa, sea de izquierdas, de derechas o no binario. Es un drama, porque desvela al país que el presidente está en verdad desnudo, y que todos en su partido lo sabían pero nadie lo decía. Ahora, además de pasear al viento sus vergüenzas con desaire, se le ha puesto una cara de energúmeno enfadado, en la que no cabe sonrisa y que debe dolerle por lo brusco del cambio. Esto es el principio del fin del silencio, y aquí pasa como con Koldo: que cuando lo sabe todo el mundo, es como si apestaras.

Falta saber si el PSOE hará de Titanic y se hundirá hasta el fondo con el capitán del barco. Espero que no, que los mejores se salven. Porque Frente a la señora amante de la fruta y los suyos, alguien tendrá que hacer guardia.