Pronóstico reservado

por | 03 enero, 2023 | A babor

Personalmente, cada día creo menos en lo que aventuran los sondeos electorales. Tiene uno la impresión de que en la mayor parte de los casos, cada vez responden más a la intención o el interés de quienes los encargan. Por eso me cabrea tanto lo que ha pasado con el CIS, un organismo del Estado que resultaba (y en lo que no es electoral sigue resultando) bastante creíble, porque había logrado mantenerse relativamente neutral durante muchos años, arrimando el ascua con mucha moderación a la sardina del poder que mandaba en cada caso.  Ahora lo de Tezanos es de traca: la arrima tanto (el ascua) en su cocina al servicio de Pedro Sánchez, que carboniza la sardina y el espetón, reduciendo todo a cenizas. En el descredito actual de los pronósticos tiene mucho que ver esa utilización descaradamente propagandística del mejor (y más costoso) equipo de sociólogos del país. Pero también las empresas demoscópicas privadas, los chiringuitos académicos y los sociólogos de a tanto la pieza han tenido mucho que ver con la incredulidad general hacia el discutible cumplimiento de sus pronósticos. Hoy nos resulta más fiable la producción metereología que la demoscopia, que ya es decir, y es que el descrédito de los sondeos corre bien parejo al descrédito de todo lo que manosea la política: la función pública, el periodismo, la judicatura, la monarquía… la política emponzoña casi todo lo que toca, y tiende a tocarlo todo absolutamente. Así nos va.

Les decía que yo no me fio demasiado de los sondeos, pero si tuviera que fiarme especialmente de alguna empresa, sería probablemente de SigmaDos. Los resultados electorales suelen aproximarse bastante a sus previsiones, y en los últimos tiempos las encuestas de Andalucía, Madrid, Castilla y León y Galicia les quedaron cuadradas. Habrá quien piense que es porque es en esas regiones es donde ha ganado la derecha, y los sondeos de SigmaDos tienen un sesgo a la derecha. No voy a opinar sobre eso, pero se trata de las últimas elecciones en las que se han podido testar pronósticos con resultados. Por eso, la publicación el domingo y ayer de los datos que ofrece el panel de Sigma para finales de diciembre, justo en medio del escándalo de las modificaciones legislativas sobre sedición y malversación, y el rifirrafe del Constitucional, me han parecido razonablemente probables. No tanto por los resultados en sí, que dependen mucho más de lo que se piensa de la aplicación de modelos matemáticos que corrigen el reparto de escaños, como de la tendencia a la indefinición e incluso el trasvase al PP de un amplio sector de votantes socialistas. Aturde pensar que casi el diez por ciento de quienes votaron a Sánchez en 2019 votarían ahora a Feijoo, y además hay otro diez por ciento de votantes socialistas que se encuentran confundidos ante los comportamientos de la dirección de su partido –un PSOE que pacta con Bildu, se entrega a los independentistas, permite a Podemos aprobar leyes absurdas, y anda más preocupado de debates estériles sobre el género y la identidad que trabajar por la igualdad de oportunidades, y además ha confundido las políticas de progreso con una agenda de limosneo clientelar. Para miles de votantes de eso que se llama hoy despectivamente ‘el viejo PSOE’, el PSOE de Felipe y Guerra, el que universalizó la asistencia de la Seguridad Social, llevó a cabo la reconversión industrial, intervino Rumasa, invirtió masivamente en Educación y Sanidad, modernizó el país y lo metió en la Unión Europea y en la OTAN… para esos votantes mayores que hoy integran las ‘clases pasivas’, el asombro y rechazo por la pérdida de las señas de identidad del socialismo español –lo que antes ocurrió con los socialismos italiano, griego y francés, en ese orden- no se compensa con un aumento en la paga de las pensiones.

El sondeo de SigmaDos

Si los datos de SigmaDos se cumplen, si un porcentaje importante de votantes tradicionales de centro izquierda optan por el rechazo de las políticas frentistas –ya lo han hecho en otras ocasiones- el partido que más tiempo ha gobernado en la democracia española podría encaminarse en la misma dirección que el resto del socialismo mediterráneo.

Los sondeos son menos fiables cuando ofrecen pronósticos sobre reparto de escaños. Cuando apuntan tendencias sería cosa de hacérselo mirar.