Promesas y peticiones de perdón

por | 17 abril, 2023 | A babor

En el PSOE están tan preocupados por cómo van las cosas en los sondeos, que los candidatos intentan hacer campaña sin que se note (mucho) que son socialistas. Centenares de alcaldes, presidentes de Gobierno y otra gente en oferta está diseñando campañas en las que desaparecen el puño y la rosa. Hasta la candidata Patricia Hernández cedió a la tentación de esconder el puño y la rosa y optó por cambiar el rojo rojísimo de sus vestidos, que ha sido su mejor seña de identidad durante años, por un traje blanco blanquísimo como los que usa la vicepresidenta Yolanda Díaz cuando hace campaña dentro o fuera del hemiciclo. A Patricia le pidieron educadamente de su partido que recuperara el puño y la rosa, y los colocó entonces discretamente en una esquina del cartel.

El cartel electotal de Patricia Hernámndez, antes y después

Están preocupados en las filas del PSOE: después de casi seis años de ejercer el poder, Sánchez tiene muy enfado a medio país, aunque él siempre ha optado por gobernar con la otra mitad y para la otra mitad. Eso se le da (con perdón) francamente bien. Lo que preocupa en Moncloa no es que el país se divida, sino que la derecha se agrupa: son la voladura de Ciudadanos, y el creciente retroceso de Vox, los que convierten al PP en primera fuerza política del país. SE ha desatado una sorprendente guerra de sondeos, con centenares de encuestas circulando por todos lados. Tezanos capitanea la estrategia de insistir en la falsedad: le da igual que la credibilidad del CIS esté en estos momentos bajo mínimos. El Gobierno espera que la guerra de sondeos le permita reconstruir un relato de victoria y movilizar a los suyos. Pero con los sondeos no basta.

Por eso, Sánchez ha lanzado la apuesta más difícil de su mandato, la promesa de esas 50.000 viviendas que el Gobierno va a rescatar del ‘banco malo’ para poner en manos de quienes las necesitan. La propuesta está ya definida, consiste en aprobar el próximo Consejo de Ministros –mañana martes- un plan para alquilar a precios bajos los pisos que posee la Sareb.

En realidad, hay un evidente trafullo de cifras: el Gobierno promete impulsar el alquiler social con 14.000 viviendas ya alquiladas de ese parque, y promete la construcción de 15.000 más en suelo propiedad del banco malo. Las 21.000 viviendas que faltan son las que el Gobierno dice que el banco ofrecerá a municipios y regiones, pero no va a ser el Gobierno quien las ponga a disposición de la gente que las necesita. Se trata de un nuevo juego de prestidigitación: al final, los municipios serán los responsables de no cumplir –dentro de tres o cuatro años- la encomienda gubernamental.

Pero si lo que se quiere de verdad es resolver el problema, lo que el Gobierno debería hacer es dejarse de pasar la responsabilidad de un lado a otro y desarrollar políticas para conseguir que la vivienda pública se sitúe en los próximos diez años al menos en la media europea, que está cerca del diez por ciento del total de viviendas. En España necesitaríamos llegar al veinte por ciento, y estamos en el tres. De cada cien casas de este país, 97 son privadas. Por mucho que el PSOE se prepare para explicar que la culpa de lo que ocurre es del PP que vendió las viviendas a fondos buitres, eso sólo es discurso. No arregla nada.  Pero el anuncio acompaña el reciente desbloqueo de la Ley de Vivienda, que ha estado atascada tres años en el Congreso, después de que el ministro Ábalos intentara sacarla sin éxito, porque Calviño y los ministros económicos creían –probablemente con razón- que establecer un tope a los alquileres provocará una mayor retracción de la oferta.

Las elecciones aceleraron un acuerdo interno en el Gobierno de coalición y con los socios independentistas, ERC y Bildu. La Moncloa acelera el proceso para que la ley se apruebe antes del 28-M.  Pero ni eso es suficiente para frenar la desafección y recomponer las encuestas: Sánchez ha tenido que hacerlo que nunca antes hizo: ha pedido públicamente perdón por los efectos de la Ley del ‘Sólo sí es sí’. Creo que es la primera vez que Sánchez reconoce haberse equivocado en algo, si es que esta sorpresiva petición de disculpas a las víctimas (mil agresores sexuales han visto reducidas sus condenas, y cien han sido liberados), incorpora ese reconocimiento implícito de haberse equivocado. Sánchez asegura que  se va a “poner una solución a lo ocurrido”. No es verdad. Quizá una parte de este Gobierno, con el apoyo del PP, pueda poner antes de final de la legislatura una solución para que no siga ocurriendo, porque los socios de Sánchez están por mantener la ley. Y lo que ya ha pasado no puede arreglarse. Prometa lo que prometa Sánchez, ya no puede arreglarse.