Palos al agua

por | 14 abril, 2022 | A babor

“No sirve de nada golpear al agua o al viento, hay que ser como el recio bambú que se mueve en la tormenta”. Eso dice un viejo dicho confuciano. Ángel Víctor Torres debería darse a la filosofía china y renunciar a darle más palos al agua: su exigencia al Gobierno Sánchez de que sea “contundente” en la defensa de la delimitación de las aguas canarias no es algo nuevo, ni tampoco ha servido hasta ahora para nada. Porque esta no es la primera vez que Torres exige contundencia a Sánchez para frenar el expansionismo de Rabat. Lo hizo hace ya casi dos años, cuando Marruecos decidió convertir en oficiales algunas normas internas sobre las aguas que bordean el reino, apropiándose de una parte de las aguas canarias y –ya de paso- de las enormes riquezas que se esconden en el fondo marino.

El Parlamento de Marruecos, una institución en la que los partidos locales se pelean por el Gobierno, pero en el que no existe desintonía alguna con las políticas que emanan de Palacio, aprobó en enero de 2020, la ampliación a 200 millas de la zona económica exclusiva marroquí y extendió la plataforma continental a 350 millas, quedándose con las aguas del Sáhara Occidental, desde Tarfaya a La Güera, todo el frente del banco pesquero canario-sahariano.

Ya entonces, Ángel Víctor Torres pidió contundencia a Madrid. Es cierto que Marruecos no fijó en sus leyes los límites precisos que alcanzaría la reivindicación de ese enorme mar territorial. Su ministro de Exteriores, Nasser Bourita (por cierto, es también el responsable de todos los marroquís que viven fuera del reino, incluyendo, por supuesto, a los emigrantes) declaró la intención de Marruecos de negociar esos límites con España, algo que debía hacerse durante la visita de la ministra González Laya a Rabat, a finales de enero. La visita de la ministra Laya no sirvió para avanzar mucho: escuchó las consabidas buenas palabras de siempre y garantías de que la delimitación se produciría “a través del diálogo con España”. Tras su viaje a Marruecos –duró apenas un día- Laya se reunió con Torres, a quien intentó tranquilizar, asegurando que Marruecos había actuado conforme a Derecho, siguiendo el procedimiento establecido, y pendiente de la negociación final con España. Torres fue más duro: dijo que Marruecos no tenía “ni mapa, ni trazado, ni límite claro” y que la propuesta no tenía “ninguna posibilidad de prosperar”. Explicó que el texto aprobado días atrás tenía que pasar por el Senado para volver al Parlamento, convertirse en ley y ser firmado por el Rey, y sólo entonces “tendría validez”. También dio que si llegara “a publicarse el texto” y se tocara “un solo milímetro de las aguas de Canarias”, tenía el compromiso del Gobierno de España de que “elevará no su queja, su indignación absoluta ante la ONU”.

Dos meses después, a finales de marzo, el Boletín Oficial de Marruecos publicó las leyes sobre ampliación de la zona económica y plataforma continental, sin modificar una coma, coincidiendo con las negociaciones abiertas entonces entre Marruecos y Reino Unido para la explotación de esos recursos submarinos. El presidente canario volvió a pedir contundencia a Madrid. La ministra minimizó el daño, y aseguró que el Gobierno Sánchez estaba avisado: “Sin novedad. Conocíamos el contenido, de carácter general, durante su tramitación parlamentaria”, escribió González Laya en su Twitter, que remató con otro mensaje, insistiendo en que “España y Marruecos están de acuerdo en que la delimitación marítima exigirá resolver el eventual solapamiento de espacios de mutuo acuerdo y conforme a Derecho Internacional”. Su melifluosidad promarroquí no le sirvió de mucho, más tarde se convertiría en la bestia parda de Palacio, tras la penosa aventura del auxilio humanitario a Brahim Gali, y acabaría siendo sacrificada por Sánchez en la remodelación de su Gobierno Tras la publicación en el Boletín Oficial, esa que no se iba a tolerar, Torres volvió a acudir a su palabra fetiche, contundencia, y repitió exactamente lo mismo que dos meses antes: “No se tocará ni un solo milímetro de las aguas que rodean el Archipiélago”. Y eso mismo es lo que ha vuelto a decir ahora (bastante memos airado que hace dos años, por cierto) tras el encuentro de Sánchez con el rey. Parece haberse acostumbrado a dar palos al agua. Con mucha contundencia.