El problema de intentar resolver esto con un nuevo conejo sacado de la manga o del fondillo de los pantalones es que ya hemos visto todos los trucos en acción otras muchas veces. Ya están gastados, no convencen, llevamos seis años de trucos y declaraciones y promesas. Tres años de impostación y amenazas y crear divisiones, y de reclamar unidad mientras se agrede al adversario con la Fiscalía, se le saca a trompicones de la televisión, se trampea con decretos leyes en el Congreso, se desprecia al Senado, se mangonea a diario la verdad y se acusa al segundo partido del país, al más votado en las últimas elecciones, de ser la ultraderecha y a la ultraderecha de haber montado –junto a la Casa real, que organizó la visita- el numerito de Paiporta.
Me gusta eso de acusar a la ultraderecha de los incidentes: ellos pusieron los gritos y los palos, la gente puso el llanto y la indignación, y Sánchez puso pies en polvorosa. ¿Hizo bien en salir corriendo? Sin duda, probablemente evitó que intentaran lincharlo y sus guardaespaldas tuvieran que liarse a tiros y liarla aún mucho más. Pero es curioso que ahora la ultraderecha ya no sea el PP y que ahora al PP se le pida unidad para aprobar los presupuestos, y se haga el mismo día que se anuncia otra tormenta, esta benéfica y oportuna, aunque también masiva de maná que llegara inmediatamente a los damnificados, si el PP quiere aprobar los presupuestos. Como el maná del Covid, que aún no ha terminado de repartir sus fondos, como el maná de la de La Palma… La gente puede creer lo que quiera, pero eso diez mil millones largos que van a caer a raudales gracias a otro decreto ley, no necesitan colaboración presupuestaria. Sánchez recurre a otro truco, otro trampantojo, otra forma de señalar a los que no le siguen. Pero el maná de Valencia se aprobará, muy probablemente con el voto del PP (que quizá pida más –Mazón dice que hace falta el triple-) y Sánchez explicará al país la diferencia entre berrear como un poseso y tirar fango a una comitiva de asustadas autoridades, o gobernar como un gran estadista generoso. Sánchez cree que repartir dinero es la solución a todos los problemas. Pero repartir dinero no resuelve mágicamente todos los problemas. Resuelve unos y crea otros. Aunque de eso mejor no hablar. Mejor no caer en la trampa que Sánchez prepara.
Va a intentar repetir lo de la pandemia, a pequeña escala, con menos muertos y menos dinero que entonces. El desastre del Covid fue utilizado por el Gobierno para levantar un gigantesco tinglado de propaganda, una maquinaria no de fango sino de cuentos: el comité de expertos que nunca existió, la broma del radar Covid, la investigación de una vacuna patria que nadie llegó a ponerse, las mentiras irresponsables sobre Madrid, la lotería tipo CIS de cifras sobre los contagios y las muertes, las ruedas de prensa sin preguntas pero con periodistas elegidos, las heroicas compras de mascarillas y epis allende las fronteras, las cifras de vacunados, la suspensión del Congreso, el estado de sitio y la atribución por la jeta de prerrogativas de Caudillo, que le permitieron encargar a las autonomías hacer frente al papelón, mientras su mando único les levantaba el material, y Koldo –su “ejemplo para la militancia”- hacía su personal agosto de la mano de esos señores con los que ni él ni su ministro Torres se vieron nunca, pero luego salen en las fotos y en las grabaciones.
En fin, demasiados juegos de mano, demasiado palimpsesto en el trámite legal para colar sus intenciones en las leyes, demasiadas mentiras para crédulos, confiados o asustados. Y ahora pretende repetir la faena. Forzando a una derecha que de pronto sin saberse por que ha dejado de ser la ultraderecha que era, a hacer la política que él quiere, preparando el nuevo cuento chino de que sin nuevos presupuestos no podrá responderse al desastre de Valencia. Negándose a asumir la más mínima responsabilidad por nada: su Gobierno estaba preparado desde el minuto uno o antes, el ejército no se movilizó porque tenía que perdérselo el general de Brigada Mazón, Marlaska no mandó a la Guardia Civil porque hay que respetar las autonomías, España es un estado semifederal-polifásico-interactivo que funciona muy bien y que se rige por principios probados de eficaz cogobernanza. Si es que se los pisa, éste lerenda…
La cogobernanza Sánchez la practicará con su señora. En la vida política española, hace años que todas las cuestiones claves se deciden en Moncloa. No por los fontaneros o dirigentes del PSOE, convertido en el club de fans de Pedro el guapo, Pedro el chulo, Pedro el hábil. En Moncloa deciden los expertos en propaganda y creación de relatos: ellos hacen política y Tezanos les pone al día de si cuela o no cuela, con encuestas que sí dicen lo que de verdad pasa y que nosotros no conocemos. Una de esas encuestas está aún por hacer, y es la que pregunta cuantas veces podrá volver a hacerlo.














