Los sobres de Koldo

por | 26 febrero, 2024 | A babor

Tras meses de excusas y vergüenzas, el muelle de Arguineguín, con capacidad para 400 personas, pero en el que llegaron a ubicarse hasta 2.600, fue definitivamente vaciado la noche del domingo 29 de noviembre de 2020. A los quinientos emigrantes que quedaban los realojaron a lo largo de aquél día en casetas instaladas provisionalmente en el Polvorín de Barranco Seco y en hoteles y apartamentos del Sur de Gran Canaria. Los últimos 27 en salir fueron los infectados de Covid. La administración anunció ese día que Arguineguín –ese muelle con un nombre que el ministro Grande-Marlaska fue incapaz de pronunciar bien-, seguiría siendo un lugar para realizar cribados sanitarios, pero no volvería a ser utilizado como lugar de alojamiento. Después de semanas de tira y afloja, la salida de todos los migrantes se produjo solo 48 horas después de que el Defensor del Pueblo requiera a Interior el cierre inmediato del emplazamiento, por considerar –junto al Diputado del Común de las islas y media docena de organizaciones humanitarias- que la instalación carecía de condiciones para atender a los emigrantes. Pocas horas antes de cerrarse el muelle, el delegado Pestana había vuelto a insistir en la escasez de medios y recursos.

Justo una semana antes, el ministro José Luis Ábalos realizó una visita al muelle de Arguineguín en su calidad de responsable de Salvamento Marítimo, donde se hacinaban aún los emigrantes. Pasó la noche en Gran Canaria, y al día siguiente partió a Tenerife con su séquito oficial, seis personas. Tenía previsto inspeccionar las obras de ampliación del Reina Sofía. Pero luego se hospedó hasta el domingo en el Gran Meliá Palacio de Isora, un hotel de superlujo en Guía, donde él y su tropa pasaron la noche, y –al parecer- fue una noche movida, en la que corrió bastante el champán, según explicaría más tarde el propio Ábalos, porque quería propiciar una reconciliación con su mujer.

La oposición en el Congreso, alertada por el jolgorio, presentó una batería de preguntas parlamentarias, y el Gobierno se vio obligado a contestarlas: el Ministerio gastó un total de 7.150 euros en el viaje, sin incluir lo que costara la estancia de la familia del ministro. El Ministerio sólo abonó transporte, alojamiento y manutención del ministro, su jefe de gabinete, el imprescindible Koldo y otro asesor, y dos escoltas. De acuerdo con los datos facilitados por el Ejecutivo al Congreso, 4.820 euros se destinaron al transporte de Ábalos y sus cinco acompañantes en línea regular, 2.155 euros al alojamiento y 175 euros fueron gastos de manutención. Según eso, las doce estancias en Canarias salieron por 179,5 euros de media. Les debieron hacer una rebaja estupenda en el Meliá, porque las tarifas del hotel oscilaban entonces entre los 300 y los mil euros. En la respuesta al Congreso se dijo que ningún coste no oficial del viaje fue abonado con cargo a los presupuestos, sin aportar información alguna de cómo se abonaron el resto de los gastos –hospedaje y comidas y bebidas- de la mujer y los hijos del ministro, por considerar que eso era de ámbito privado.

Fue el propio Ábalos el que explicó que los gastos de traer a su familia a Canarias y hospedarla en el mejor hotel del Sur de Tenerife, salieron de su bolsillo y aseguró disponer de facturas de todo. Puede que no mintiera: puede que los gastos –pagados en billetes de quinientos euros- salieran realmente de su bolsillo, pero de ahí fueron a parar a un sobre de plástico, idéntico a otros dos, que su asesor Koldo García llevaba siempre encima, como si se tratara de los avales de Pedro Sánchez para la secretaría general. Cada sobre, con su correspondiente etiqueta: ‘Ministerio’, para pagar los gastos oficiales, ‘Ferraz’, para pagar lo que correspondiera atribuir al partido, y ‘Jose’, para pagar lo que fuera de cuenta del ministro, ése bien repleto con billetes de 500 euros. Lo cierto es que el ministro no sacó de su bolsillo ni un euro, ni falta que hizo, porque su asesor gestionó en todo momento todos los pagos –los que fueran por cuenta del Ministerio, los del partido, y los particulares de su jefe-. Un tipo diligente en cuestión de pagos, Koldo García.

Y en materia de cobros también. Un crack: desde julio de 2020, el Gobierno de Canarias se negaba a abonar la factura de más de dos millones de euros por las primeras FFP2 compradas que llegaron mal. Koldo aprovechó el viaje de su jefe para reunirse con el Servicio Canario de Salud. Quince días después de esa reunión, el Gobierno de Canarias aprobó pagar a la empresa de sus colegas lo que estaba bloqueado. Y en los meses siguientes hasta diez millones más. La pregunta que hay que hacerse es en qué sobre de plástico transparente acabó por meter Koldo las mordidas de esas ventas. Seguro que no fue en el del Ministerio.