Núñez Feijóo en un mitin en Santa Cruz de Tenerife junto al presidente del PP regional, Manuel Domínguez
Lo que Feijóo no respondió a Griso fue inmediatamente convertido por los socialistas en prueba inapelable de su indecencia política: la acusación, reiterada por el propio Sánchez en su segunda epístola del hombre enamorado, es que el jefe del PP está dispuesto a un entendimiento con Puigdemont para tumbar el Gobierno progresista de Sánchez, el mismo Gobierno que puso y sostiene precisamente Puigdemont, a cambio de ser amnistiado. El PSOE usa el rechazo social ante algo que él mismo hizo –ceder ante Puigdemont para poder gobernar-, y lo usa como prueba de que el partido que compite con él en estas elecciones europeas busca hacer lo mismo. Y eso no es verdad.
Poco antes de cerrar el acuerdo de censura contra Rajoy que iniciaría la etapa más intensamente crispada de la política española desde el franquismo, Ábalos, -entonces el hombre fuerte del PSOE- negó cualquier opción de censura a Rajoy, porque eso significaría un Gobierno cautivo del independentismo. Por supuesto, el propio Ábalos justificaría la censura unas semanas después, como si se tratara de un contrato de Koldo. Y ahora, es la ministra candidata, la camarada Rivera, la que se desgañita contra el PP: “les da igual cómo y con quién”, grita la ministra en los medios. Debería decir “les da igual, como a nosotros nos dio igual, y pactarán con los mismos que nosotros pactamos”.
Pero es que todo eso es una solemne falsedad, por cierto, reiterada. Fue ya utilizada en anteriores ocasiones: Feijóo no ha dicho en ningún caso que se apoyaría en Puigdemont, ni mencionó su nombre, ni siquiera dijo estar por la censura. Lo que le contestó a Griso fue, muy en su estilo, tanto como nada. Dijo estar dispuesto a usar “cualquier procedimiento” (se entiende que legal) para sacar a Sánchez del Gobierno. “¿Qué herramientas vamos a utilizar?”, se preguntó Feijóo en voz alta. “Todas las herramientas”, se contestó. Y otra autopregunta: “¿La que usted sugiere es una herramienta?”, con autorespuesta “Si”, y obvia aclaración: “pero para usarla tiene que darse el contexto adecuado y ver si puede ser útil en ese contexto…” Lenguaje polítiqués en estado puro para no decir absolutamente nada, ni comprometerse a nada.
Sólo dos minutos después, los socialistas y su coro feroz largaban por tierra, mar y aire, que Feijóo buscaba el apoyo de Puigdemont para censurar a Sánchez. Pero en las respuestas de Feijóo no hay mención alguna a Junts ni a Puigdemont. Quien metió a Junts y Puigdemont en la pregunta fue la periodista. Y Feijóo hizo lo que suele cuando intentan llevarle en una dirección en la que no quiere ir: no decir nada, no comprometerse, contestar con evasivas. Galleguear.
Su respuesta fue suficiente para que el sanchismo liara inmediatamente la mayor. Sánchez fue más allá incluso que sus ministros y portavoces al decir en su carta bis que Feijó planeaba un pacto contranatura. Fue inmediatamente replicado y clonado hasta la naúsea por los propagandistas del PSOE: “Anatema, anatema, van a hacer lo mismo que hicimos nosotros.”
Fue un intento de dejar claro que un pacto del PP con Puigdemont es un escándalo (totalmente de acuerdo) pero uno igual del PSOE es irreprochable (totalmente en desacuerdo). Pactar con alguien que quiere romper el Estado, y ha creado la mayor crisis política e institucional de la Democracia española desde el 23F de Tejero, es una insensata indecencia, lo haga quien lo haga. Por mucho que la izquierda nos venda que su acuerdo para amnistiar a los cien mil hijos de San Luis que intentaron forzar la creación de la República catalana, se hizo para reducir la tensión de España con Cataluña. Es obvio que es falso: se hizo para mantener a Sánchez en Moncloa, tras haber perdido las últimas elecciones generales. Pero incluso si el objetivo hubiera sido realmente serenar el conflicto en Cataluña, lo que se ha logrado ha sido poner al resto del país en estado de guerra.
La conclusión es que la izquierda cree tener patente de corso para poder hacer lo que quiera. Puede la izquierda gobernar con la ultraizquierda, pero es intolerable que la derecha gobierne con la ultraderecha. Puede el PSOE montar una moción de censura pactando con Bildu, con ERC y con Junts, o sostener su gobierno gracias al apoyo de esos partidos. Pero es inaceptable que el PP haga lo propio.
Lo que es inaceptable es que un partido constitucional someta el interés del Estado al de sus líderes. Eso es también política del fango: introducir una manifiesta improbabilidad en el debate público para señalar la posibilidad de que alguien haga lo que tú ya hiciste, volverás a hacer y te mantiene desde hace seis años en el poder.














